El perfil del niño de la calle
La odiosa faz
de la urbanización
No hay estadísticas confiables y al día que den una idea de la situación de los niños de la calle en los centros urbanos de la República Dominicana. Carecemos de una imagen afinada del grosero régimen al que están sometidos miles de niños dominicanos.
Por Pedro Canó
Muy a pesar de las comisiones, los encuentros, los cónclaves, los fondos invertidos y la infinidad de organizaciones cuyo objeto consiste en la promoción de estos menores, muy a pesar del Código del Menor y de las garantías constitucionales, los niños de la calle se encuentran hoy tan desvalidos como hace años. Mucho hablar y poco hacer. El fenómeno es casi exclusivamente urbano, con profundas raíces en una sistema de desigualdades presto a brindar la ayuda puntual que engalana las páginas de los periódicos, pero incapaz de asumir la transformación de esa realidad so pena de transformarse a sí mismo de paso, y quién sabe a dónde llegaríamos.
La diferencia entre los niños en la calle, que regresan al hogar al final de la jornada, y los niños de la calle, que la tienen como su casa grande, es precisamente el vínculo familiar, que en los primeros se mantiene, mas ha desaparecido en los segundos. Esto apunta, no es de dudar, a que una estrategia certera podría apuntar al trabajo directo con los hogares deprimidos antes de que se produzca una ruptura que expulse menores a las calles, pero un trabajo realizado desde una perspectiva de intervención estructural, camino que no se desanda con frecuencia en estos pagos, donde se prefieren la intervención coyuntural y la atenuante momentánea a la solución satisfactoria del escándalo social.
LO QUE HAY
En 1988 el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) inició un programa de Niños Abandonados y de la Calle. Entre el 1989 y el 1990 se realizó un estudio de Menores en Circunstancias Especialmente Difíciles en República Dominicana, esfuerzo conjunto del Instituto de Estudios de Población y Desarrollo (IEPD) y el UNICEF.
La investigación partió de una relación entre menores, familia y pobreza pues, en opinión de quienes formularon las hipótesis de trabajo, el principal factor que explica la presencia de menores deambulando en las calles es la situación de pobreza y su efecto sobre la familia. Las actividades realizadas por los menores en circunstancias especialmente difíciles forman parte de acuerdo con la hipótesis- de las estrategias de supervivencia de las familias pobres.
Para el 1990, el total de infantes integrados a la fuerza de trabajo rondaba los 400, 000.
Hay diferencias, no obstante lo dramático de las situaciones particulares, entre las actividades realizadas por los menores en el ámbito rural y en el urbano. En el campo la situación es difícil y, aunque la tasa de actividad de los menores es mayor, en la ciudad los menores se involucran en actividades de mayor riesgo. En las zonas rurales, la separación entre trabajo y familia es menos frecuente, y la proximidad al hogar supone una situación de mayor protección para el menor. Por el contrario, en las zonas urbanas, lo que se le plantea al menor es la competencia en un medio sumamente hostil, con características ciertamente más complejas. No menos de 50 mil menores de diferente edad y sexo viven o trabajan diariamente en las calles dominicanas, y más de la mitad se encuentra en Santo Domingo, donde la mayoría son varones. Los números anteriores son estimaciones, pues no existen cifras acabadas que permitan captar el problema en su conjunto.
LA ODIOSA FAZ
Entre todos los grupos de menores en circunstancias especialmente difíciles, los niños de la calle son los que muestra un mayor nivel de analfabetismo y de inasistencia a la escuela; empero, la mayoría manifiesta interés por asistir a la escuela, porque la ven como un medio de superación personal. Se trata de la terca tendencia de los humanos a mejorar su condición aunque sea en el dominio de la ilusión.
Los niños de la calle suelen provenir de hogares en disolución. Las familias de los menores de la calle suelen acusar un estado de inestabilidad más severo que el de los demás menores en circunstancias difíciles, y en estas aparece con mayor frecuencia la figura del padrastro. La figura del padre suele ser la gran ausente o, cuando está, la más pobre del universo de la vida de los menores. Por lo general, los niños de la calle provienen de hogares donde se presentan situaciones complejas, con marcada falta de afecto y de medios de subsistencia. A diferencia de lo que podría esperarse, las familias de los menores de la calle no son necesariamente las más pobres. Al parecer, en la actitud de éstos hacia el hogar opera sobre todo un debilitamiento de los lazos afectivos intrafamiliares antes que una desesperante situación de carencia material que, de todas maneras, es un factor importante en el entorno doméstico del niño de la calle. Los vínculos afectivos son los hogares de origen son muy frágiles y no existen, aparentemente, estímulos materiales o emocionales que fomenten un fortalecimiento de dichos lazos. Muchos deciden irse, otros son expulsados del hogar.
Precisamente esto explica porqué una gran mayoría de los menores de la calle de Santo Domingo señala a un amigo o un no pariente como su persona más querida. Su familia, una vez en la calle, es su pandilla, menores de la calle que se agrupan para protegerse. Los motivos más frecuentes para tal ruptura con el hogar, según los propios menores de la calle, son el rechazo a la familia propia, en cuyo seno se sienten mal, o el maltrato a que se les somete. Empero, un alto porcentaje de estos niños visita el hogar, aunque irregularmente. Por ejemplo, cuando se desatan persecuciones policiales los menores acuden al hogar como refugio, al igual que en casos de enfermedad.
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