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Liter[a]tura
Un dominicano en
Diablo guardian
Los personajes figurantes. Tienen derecho a nombre y diálogo de manera muy excepcional. Son los llamados personajes de la sombra. En el cine son los extras, que están ahí como parte del paisaje humano, que nadie toma en cuenta.
Por Rafael García Romero
Una novela es una historia que no sólo se lee. Hay que verla. Es una forma de película que está aconteciendo a través de la palabra. Ahora, cuántos tenemos la virtud de ver dentro de ella, de atrapar detalles en ese singular mundo que hay que ver con detenimiento, con ingenio. Normalmente pasa que apenas leemos la historia.
Hay recursos, como la entrada de un personaje, el trabajo de la doble conciencia, la descripción, la fuerza y dirección de los diálogos y una multitud de recursos menores que utiliza el escritor para enfatizar giros narrativos, encauzar hábitos; pero que a la vez son decisivos en la historia, juegan un papel de primer orden y ayudan a darle profundidad.
Un personaje se pone en pie y se le da vida a base de diferentes recursos.
A través de una mirada (del narrador, del escritor, de los personajes envueltos).
El más común: nombrándolo.
Mediante el uso de los recuerdos. El recurso de hacer que otro personaje, el narrador, una fotografía, una carta, lo invoque o lo convoque y haga ipso facto, espacio en la historia.
Ayuda el apoyo enlínea familiar, oportuna y necesaria en el hilo de la historia.
Una característica muchas veces le da vida imperecedera. Si ha de ser malo, que sea malo sin límites, sin ninguna consideración o reserva del escritor.
El énfasis un estado de ánimo. Depresivo, feliz, impasible. Autista.
Un estado excepcional define y marca un personaje.
Mediante la ropa que usa (ropa normal o uniforme, vehículo, la casa, las joyas, si no tiene nada, anda a pie o en bus)
La ropa normal tiene su tópico, igual que el uniforme. En cuanto al uniforme (ejército, policía, bombero, enfermera, criada, gerente, político, etc.)
A través del diálogo. Hay personajes que si no hablan en la historia o cuento, sencillamente, no existen, contrario a otros que aunque no abran la boca, están ahí.
Los figurantes
Entran y se mencionan de manera esporádica o circunstancial en la historia. Normalmente entran y dan un apoyo momentáneo en el relato.
Los personajes figurantes. Tienen derecho a nombre y diálogo de manera muy excepcional. Son los llamados personajes de la sombra. En el cine son los extras, que están ahí como parte del paisaje humano, que nadie toma en cuenta. En la historia entran o salen de manera imperceptible. Ahora, muchas veces, un personaje figurante, en los cuentos policiales, pasa a secundario, si la historia lo reclama. En la vida real, cuando eso sucede, la persona ignorada todo el tiempo, y que vive con esa espinita de ser ignorada constantemente, tan pronto la llaman a entrar a escena dice: Sí, ahora me llaman porque me necesitan. Eso sucede con el camarero en un restorán, que es un personaje figurante. En ese caso, el camarero entra cuatro veces. Primero, saluda y lleva el menú. Espera la orden. Segundo, trae la orden y se retira. Tercero: trae la cuenta; y cuarto: vuelve con el cambio y se despide.
En caso de que el protagonista sea habitual en el restorán, entonces tendrá un camarero de confianza, que lo recibe por su nombre y hasta conoce sus gustos y preferencias. Ahí se trata de un personaje figurante-secundario. En la novela Diablo Guardián (Alfaguara, 2003) hay un personaje secundario, y que de manera técnica hay que situarlo en una condición de figurante. Aparece en cinco actos. Es dominicano, un taxista en Nueva York, solidario, que le da la mano a la protagonista Violetta.
El taxista dominicano, en su condición de personaje secundario tiene una presencia de interrelación, complementa y hace de contraparte en la historia, está limitado estrictamente a su papel. En su condición de secundario no implica que no tenga ningún valor. Todo lo contrario, es un personaje importante, muchas veces tiene un nombre en la historia, derecho a diálogo; o sea, participa de manera decisiva en la historia. Está ahí para darle textura, profundidad y movimiento, recibe el nombre de opositor o antagonista y en cierta forma funciona como el motor de la historia y hace que avance.
He aquí algunos momentos narrativos donde aparece el personaje dominicano. Ese singular taxista de Nueva York: Me salí del motel a media tarde, con mis cosas, en una camioneta que conseguí por ciento y tantos bucks, con todo y un chofer dominicano (323).
Le pregunté al dominicano cuanto me cobraría por pasearme en su camioneta hasta que amaneciera: quedamos en trescientos. Se los di, más por quemármelos que porque me quisiera pasear por New York. Con lo que me quedaba compré dos botellas de Cordon Rouge y decidí empinármela con él. Ya había decidido largarme y había que celebrarlo (324).
El dominicano se había bajado un par de veces a vomitar y yo empezaba como a sentir sueño (
) Cuando Henry empezó a ponerse cariñoso, o sea, inmediatamente que me le abracé, me di cuenta que iba a tener que subir, y no estaba segura de que el dominicanucho aquel no fuera a irse con todo mi rascuache patrimonio (325).
¿Me imaginas manejando una camioneta vieja por la Quinta? Y qué querías que hiciera, si me encontré al dominicano bien dormido en el volante. (329). Y suficiente. Con estos cuadros vemos a un dominicano que trabaja en NY en un oficio de inmigrante, que le gusta la bebida y la chercha, que se duerme en medio del trabajo; y que hace amistad fácil, buena liga con una mexicana: Violetta, otra inmigrante; y protagonista de la novela. Sí, se trata de un dominicano que triunfa y consigue un espacio en la novela Diablo Guardián.
Xavier Velasco es nativo de San Ángel, al sur de Ciudad México. Tiene una considerable obra editada, entre ellas, Una banda nombrada Caifanes, Cecilia, Luna llena en las rocas; y Crónicas de astronautas y licántropos. Sus narraciones y crónicas aparecen en diversos periódicos, revistas y suplementos culturales. Diablo guardián, es la obra con la que ganó el Premio Alfaguara. |
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