Rel[a]ciones
Haití y RD
Un camino pedregoso y eterno
Por Ángel Lockward
El bicentenario de la independencia de Haití encuentra a esa nación sumergida en una profunda crisis política y social que evidencia, de nuevo, su ingobernabilidad secular y la falta de un proyecto de nación, que algunos empiezan a considerar inviable, pero por el que los dominicanos debemos apostar, no obstante el hecho, de que nosotros también nos encontramos ante una crisis económica que amenaza, al convertirse en sistémica, con destruir todo lo que hemos logrado en los últimos 37 años. También padecemos una crisis en el sistema de partidos, de no menor riesgo; Haití puede servirnos de espejo para evitar confrontaciones suicidas e inútiles.
Pasemos una breve ojeada a su historia: Cuando las ideas liberales sobre gobierno representativo apenas empezaban a prender en América Latina, animadas por el triunfo de las revoluciones francesa y norteamericana y los futuros héroes continentales como Simón Bolívar eran derrotados en un punto diminuto del mapa hemisférico, con apenas 27 mil kilómetros cuadrados, se produjo una revuelta de esclavos que culminó con el nacimiento de la primera nación latinoamericana: Haití, hace 200 años. Entonces Francia, con Napoleón Bonaparte, era la potencia dominante en Europa, faltaba tiempo para el apogeo del imperio inglés que dominaría el siglo XIX y desde luego, más aún, para que llegara el norteamericano, que culminó con una hegemonía militar absoluta en el siglo XX.
Francia llegó tarde al reparto del continente, España y Portugal lograron mejores favores de Alejandro VI; la primera controló desde California, Texas y Florida, casi todo el sur, excepto Brasil, que correspondió a la segunda. Inglaterra, con sus colonias del norte, tomó su tajada y Francia que logró porciones en el norte, en parte de lo que hoy es Canadá y Estados Unidos, las fue perdiendo, le quedaba Haití y una futura aventura en México.
LA noche de los cuchillos
La pequeña colonia formada a partir de 1605 por filibusteros y bucaneros tenía dos valores esenciales: estar en la ruta económica y militar y haber conseguido el milagro de producir las 2/3 partes del azúcar que se consumía en el mundo, producto que estaba cambiando la dieta del planeta; desde luego, a través de un sistema de explotación industrial, tan inhumano, que reducía la vida de los esclavos a 8 años después de su captura en el continente africano. La noche de los cuchillos puso fin a todo, los blancos fueron masacrados, los ingenios destruidos y en donde sobrevivieron, fueron incendiados los campos de caña. La ruina fue total e irreparable.
¿Qué se destruyó? En 1789, con una población de 40 a 50 mil blancos, de 500 mil esclavos negros y de un número casi igual de mulatos y negros libres
se contaba con 813 ingenios azucareros, 3,117 plantaciones de café, 3,150 de añil, 54 de cacao; 182 fábricas de ron, 6 tonelerías, 370 hornos de cal, 29 alfarerías y 37 tejares. Las exportaciones alcanzaron 135,620.00 millones de francos y las importaciones 65,578.000 con muy poco comercio con otras naciones, ocupándose de ello, 700 buques y 18 mil marineros. Once años después, el comercio había aumentado considerablemente y para sólo citar algunos productos, las exportaciones de azúcar llegaron a 6,416.209 arrobas 410,013 cajas, el café llegó a 76,837.217 libras, el algodón a 7,400.724 libras y el añil a 758,628 libras (2). A la revuelta que culminó con el establecimiento de la república, sólo sobrevivió el café y un breve intento de continuar produciendo algodón.
La misión encabezada por el general Leclerc no pudo controlar la revuelta: el territorio era en extremo escabroso, las enfermedades endémicas diezmaban las tropas, la destrucción era total y desde luego, no se trataba de controlar a una población urbana con medidas militares, sino al espacio físico rural más densamente poblado del continente, pues este minúsculo país tenía entonces casi la misma cantidad de personas que toda Venezuela. Aún en 1850, era el décimo país más poblado a pesar de ser uno de los más pequeños y tras la derrota francesa, quedó como el mejor armado.
El nacimiento de una nación
El nuevo Estado nació aislado en todos los sentidos. Rodeado de imperios esclavistas, como España, obligado a pagar en dinero, que no tenía, el costo de su independencia a Francia, sin vínculos lingüísticos o históricos con las demás naciones que en 1810 comenzaron a nacer, lleno de odios entre la elite mulata y la mayoría negra, dividido e incomunicado, el pequeño territorio, entre el norte y el sur y carente en absoluto de elementos de unidad religiosa, cultural o lingüística.
Los nuevos ciudadanos casi todos provenían de África, pero de regiones distintas, con lenguas diferentes y creencias distintas. El camino de las siguientes 20 décadas empezó sobre la base de esa terrible realidad y desde el principio, parte del costo, fue pagado por la parte Este, la hoy República Dominicana, que entonces tenía menos de 70 mil habitantes, conforme al texto de la Constitución de Cádiz (3) y cuyo territorio fue ocupado desde 1822 al 1844, con lo que hasta su liberación, contribuyó al pago de la emancipación del Oeste.
La Perla de las Antillas, no sólo fue la colonia más poblada del continente, sino además la única cuya riqueza no dependía de la explotación minera, sino de la agrícola e industrial. Sin embargo, su población, tan poco homogénea, excepto por el color, era la que tenía menos vínculos entre sí, la más primitiva, la que por la explotación padecida acumuló más odio y estuvo sometida a mayores temores del entorno americano esclavista, siendo la única completamente negra con un idioma que no era el inglés del norte o de las antillas, ni el español del sur o de las demás antillas. Su capital social, como diría Robert Putnan, debió ser negativo.
Toda norma de ingeniería jurídica para contener acuerdos políticos, se basa en realidades sociopolíticas, Haití no fue una excepción, mientras todos los territorios del continente establecieron pautas favorables a la inmigración e inversión extranjera y a la concesión de la nacionalidad, Haití hizo lo contrario porque su realidad era otra. Era muy poblada para su escaso territorio, no requería inmigrantes, la tierra fue el objeto de su explotación, por eso establecieron que los extranjeros no podrían tener tierras y más aún, para ser haitiano, era necesario ser negro (4), disposiciones que estuvieron vigentes hasta la ocupación norteamericana de 1915 y que limitaron grandemente la inversión, incluso, en ocasión de la dominación del Este, dificultaron la asimilación, basta para ello leer el discurso del diputado Buenaventura Báez en el Congreso en Puerto Príncipe, previo a la independencia dominicana.
Seis años después de la separación de la parte Oeste, en la parte Este vivía apenas el 15.5% de los habitantes de Haití, pobres y dispersos, en hatos y en unos pocos pueblos. Aunque perdida su grandeza financiera, Haití aún era una potencia militar y económica frente a la naciente República Dominicana, que pocos años más tarde se vio enfrentada a otra guerra, la de la Restauración, como se puede ver en la tabla Exportaciones de América Latina:
Como se puede observar es a principios del siglo XX cuando la capacidad exportadora de ambas naciones se equilibra. En el caso dominicano, con la incorporación creciente de ventas de azúcar, café, cacao y madera; en el de Haití, café, producto que representaba el 88% de sus exportaciones. El azúcar, tras la independencia haitiana, se trasladó a Cuba y luego, a partir de la década del 70, se empezaron a construir ingenios en Santo Domingo, en donde a principios del siglo XX ya había dos empresas de ferrocarril con 644 kilómetros de trayecto.
Los desórdenes financieros en los dos países sirvieron de pretexto para una intervención casi simultánea. Haití adeudaba, en 1914, US$1.0 millón a Estados Unidos y había capitales invertidos por la cantidad de otros US$10.0. Dominicana, por su parte, adeudaba US$5.0 millones y había recibido inversiones por US$11.0, eran quizá las dos únicas naciones cuya totalidad de sus acreencias estaba en manos de Estados Unidos, pues Inglaterra, la gran prestamista del siglo XIX poseía el 67% de la deuda de América Latina y el 47.4% de las inversiones extranjeras de la región. Puerto Príncipe, además desde hacia décadas, era asiento de un notable comercio con Alemania, por lo que con sus 100 mil habitantes, resultaba entonces un enclave importante, previo al ingreso de los Estados Unidos a la Primera Guerra Mundial en 1917, tras el anuncio de dar inicio a la guerra submarina.
No existían diferencias muy pronunciadas cuando se produjo la salida de los norteamericanos, excepto porque en República Dominicana se logró cierto nivel de institucionalización: mejor control en la administración pública que ya presentaba ingresos públicos, en 1929, por el orden de los 15.4 millones, en la instrucción, en el ejército, en las obras públicas y en la salud, que empezaron a marcar cierta diferencia. El primer hecho que la evidencia, es una acción criminal, pero la misma no hubiera sido intentada si su autor no hubiese estado persuadido de que ya en ciertos planos, se encontraba mejor situado: fue el Corte, la matanza ordenada por Trujillo en 1937, que eliminó entre 3 y 5 mil ciudadanos haitianos en territorio dominicano. Haití, para la misma fecha, tenía ingresos públicos por 8.5 millones de dólares, cantidad superior a la que recibían Panamá, Paraguay, Nicaragua y Honduras y casi igual a la que percibía Costa Rica.
Posteriormente, Trujillo intervino, contrario a como ocurría en el siglo anterior, en la política haitiana apoyando a los candidatos con los que a su parecer, podía mantener mejores relaciones, sobre todo, que le garantizaran control fronterizo en contra de su creciente número de enemigos. Es entonces cuando el país empieza a evidenciar niveles de crecimiento, de industrialización y urbanización, superiores a los de Haití, así, el 30 de mayo de 1961 nos encuentra con mejor infraestructura pública, una mayor esperanza de vida al nacer, mayor índice de alfabetos, un índice de desarrollo humano superior y ya, con una población casi igual. En 1920, cuando se realiza el primer censo, los dominicanos aún somos menos del millón, los haitianos en 1930, eran 2.3 millones.
Lenta Apertura al mercado
Durante los últimos años del siglo XIX Haití mantuvo la mayor parte de sus relaciones comerciales con Europa, particularmente con Alemania. Los escasos negocios de la RD que empezaron con Europa, a través del Empréstito Harmont, pasaron sucesivamente a la Santo Domingo Improvement y a la Westendorf, primero para refinanciar la deuda externa, pagar parte de la interna y finalmente para construir el ferrocarril, eso llevó al país a una relación especial con los Estados Unidos, nación que, habiendo concluido su etapa de consolidación territorial, empezaba a tomar control de los mercados hemisféricos. A su salida deja consolidados en el país sus lazos comerciales y el control de las aduanas para asegurar el pago de la deuda, que en nuestro caso, al igual que en el de Haití, era toda con los Estados Unidos.
Las dos naciones ingresan tarde a todo, particularmente a los modelos de sustitución de importaciones (agrícolas o industriales) pues cuando ello empieza a acontecer en el resto del continente, Haití todavía está ocupado y en Dominicana, Trujillo, aún no recupera la independencia financiera, la que obtiene cuando en 1944, paga la deuda a los Estados Unidos e inicia un programa de nacionalización, por la vía de la compra (personal) de las empresas extranjeras, en este caso norteamericanas, que cubrían: el azúcar, la energía, la banca y otras explotaciones agrícolas. Este programa de adquisición, también lo dejó solo, sin aliados, cuando años más tarde se produjo el embargo de la OEA.
RD ingresa tarde, en la década del 70, a la sustitución de importaciones, si exceptuamos la que pudieron realizar las empresas monopólicas de Trujillo; Haití, nunca ingresó a pesar de que empezó primero que la RD con las maquilas y el turismo, como sectores generadores de divisas y de plazas para su mano de obra. Previamente, durante el periodo 1950/70 mientras República Dominicana logró tasas de crecimiento del PIB del 5.45, Haití continúo su rezago con promedio de 1.4 manteniendo a la agricultura con un 34.7% del PIB en una nación desforestada y carente de aguas, mientras que en Dominicana la agricultura se reduce a un 17.6% para 1990 y llega a menos de un 13% en la actualidad.
Cubierto el periodo de inestabilidad política que va desde la caída de Trujillo hasta el fin de la Guerra de Abril de 1965, cuando la RD ve caer por dicho hecho, todos sus indicadores, empieza por primera vez en más de cien años a cambiar la comparación favorablemente para RD. En medio de la Guerra Fría se inicia el actual proceso democrático, que aún habiendo estado lleno de errores, violaciones y abusos, logró dar a la nación sus primeros 37 años de estabilidad política y de crecimiento económico.
Haití desde 1957 disfrutó de estabilidad con Francois Duvalier hasta 1971, cuando fue sucedido por su hijo hasta 1986, la misma que impusiera Trujillo, pero sin iguales resultados; al término de dichos periodos, 31 años para nosotros y 29 para Haití, gobiernos breves e inestables, sin apoyo local o externo se sucedieron hasta 1991 cuando resultó electo Jean Bertrand Aristide, etapa seudo democrática que lleva 12 años con resultados frustratorios, pues dicho país se encuentra en niveles económicos y de seguridad inferiores a los que tenía hace 20 años y, tras tres periodos constitucionales no ha podido ser gobernado, en medio de la anarquía de la clase política que no logra forjar acuerdos viables.
En Conclusión
Haití partió en su creación de una base de riqueza mayor que República Dominicana, con una población seis veces superior, no obstante la destrucción ocasionada por la revuelta y continuada durante 200 años, presentó mejor desempeño en el siglo XIX cuando en ambas naciones, se sucedían gobiernos inestables o dictatoriales. La desgracia de la ocupación sufrida en ambos lados de la frontera, por cuestiones de deuda y desórdenes públicos, dejó resultados distintos, por otro lado, la estabilidad de la dictadura de Trujillo (quien no pudo ser relevado por su hijo, a pesar de su legado de horror) dejó al país en mejores condiciones que su homólogo Duvalier quien sí fue sucedido por su hijo, pero la diferencia que distancia a ambos países, se produce por el desempeño de la democracia, la cual, aunque imperfecta en República Dominicana, ha permitido levantar una amplia infraestructura y urbanizar al país, hacer su economía menos dependiente de la agricultura y más del comercio, la industria y los servicios, integrando a mayores segmentos de la población, para lograr una tasa de crecimiento 1961/02 superior a la media de América Latina, mientras Haití sigue siendo 72% rural con una agricultura de subsistencia en un suelo infértil y un decrecimiento continuo en los últimos 20 años.
Población de República Dominicana y Haití desde 1850 Fuente: Historia Económica de América Latina. Censo Nacional de 1920. Historia de América Latina. Informe del PNUD, 1992, 2002. El dato que aparece en 1930 para República Dominicana, corresponde al Censo de 1920.
Se observa que es a partir de 1930 cuando la curva poblacional de RD modifica su tendencia acercándose a la línea de Haití, la que alcanza en el año de 1975.
La migración, fruto del desarrollo del comercio y la industria, ha supuesto para los dominicanos, mejores niveles de vida, a pesar de los cordones de miseria por la falta de planificación urbana. La población está más informada, lo que la hace ser más participativa, menos analfabeta, aunque muchos continúen siéndolo funcionalmente, con mayor cantidad de médicos y más accesibles, lo que mejora su esperanza de vida al nacer, en porcentaje de nacimiento y en años de vida.
El hecho de que en Haití la mayoría de la población continúe en la zona rural no es indicativo de que no haya sufrido una gran emigración, pues al igual que la RD mantiene a un porcentaje importante de su población fuera del país un millón entre Estados Unidos, Canadá y Francia y otro, en República Dominicana, que enviaron en el año 2002 US$931, de la misma forma que nosotros recibimos US$2,111 millones. Las enfermedades, que ponen fin a la vida y la baja calidad de ésta, que la acortan unida a la migración, explican porqué partiendo de una población mayor y teniendo una de las tasas de natalidad más altas, Haití tiene una tendencia poblacional más baja que la RD y el resto de América Latina por la mortalidad, baja esperanza de vida y la emigración.
En resumen, en 1844 obtuvimos la independencia de Haití, en 1912 le alcanzamos comercialmente, en 1937 en el plano militar y en 1975 en lo poblacional. Mientras los niveles de vida mejoran en el Este, empeoran en el Oeste. Eso, además de injusto, es torpe de nuestra parte. En lo adelante, debemos contribuir a crear las condiciones para que mejoren su tejido social, creando un capital social que permita la gobernabilidad y el desarrollo, pues en caso contrario, la única perdedora será República Dominicana. Pero por primera vez en muchos años, según la CEPAL, en el 2003, el PIB de Haití crecerá y el nuestro decrecerá.
|
 |
Más articulos
Haití y RD
Un camino pedregoso y eterno
El TLC con EU no es la panacea que muchos pintan
La utopía de Duarte
|