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Pl[á]stica
No olvidar a los poetas
Manuel Valerio: una visión del instante

Por Mateo Morrison
Cuando un grupo de nosotros fundó el Grupo Literario La Antorcha, Alexis Gómez, con el entusiasmo que ha arrastrado durante toda la vida y que lo hace actuar como el mismo joven poeta que desde los 18 años navega por el barco ebrio que Rimbaud creó para buenos poetas, como él, tomó la decisión de visitar en su casa a todos los poetas vivos del país; nos arrastró a una aventura de extraordinaria riqueza para nuestro crecimiento, pero ni siquiera Enrique Eusebio, el que lo siguió más de cerca en esta aventura, pudo visitarlos a todos.
Alexis era incansable, no sólo en conocer a los poetas, sino en leer sus poesías, como debe ser. En realidad, sólo estuve en algunas de esas visitas entre las que no se cuenta la de Manuel Valerio.
Valerio murió en 1979 y nunca estuve con él ni siquiera unos minutos. Mi única visión es la del instante. Fue en la calle El Conde casi llegando al Altar de la Patria cuando Enrique Eusebio, quien siempre comentaba de sus libros Sitio para el Amor y Cantos a Sara como dos textos memorables de nuestra literatura, muy pocos conocidos si tomamos en cuenta sus valores estéticos, me dijo: Ahí va Manuel Valerio ; volví el rostro y vi de espaldas a un hombre delgadísimo y vestido con camisa y pantalón blanco y con alguna barba.
Es mi imagen de Valerio, a quien vi en un instante. Lo que no asegura que fuera exactamente él, ni se descarta la posibilidad de que lo confundiéramos en la multitud que transitaba por la calle El Conde; pero, ¿es necesario conocer físicamente a un poeta para valorarlo?
Todos sabemos, que conocer a un poeta es conocer su poesía, que vivirá en el tiempo por encima de las anécdotas muchas veces producidas por nuestra subjetividad. Octavio Paz, en su libro Árbol Adentro, pone notas sobre algunos autores relacionados con la poesía que escribe, diciendo que esos textos son prescindibles; aunque él sabe, que sus lectores le darán tanta importancia a su poesía como a las notas que podían orientarse sobre aspectos extra literarios.
Conocer a Valerio, produjo en mí un entusiasmo por su poesía, merecedora de una edición que debe conocerse tanto en el país como en el exterior, con un estudio que sitúe su obra no sólo dentro de la Poesía Sorprendida, sino que se refiera al Grupo Literario Los Juglares, que encabezó y donde se formaron poetas como Ramón Francisco, Rafael Astacio, Rafael Lora Cintrón y Juan Sánchez Lamouth y que, al decir de Manuel Rueda: Este grupo llevó la cultura a los barrios altos de la ciudad, teniendo en la casa del poeta su centro de operaciones.
Leamos Momento de la Muerte, para que reviva ante todos su poesía:
MOMENTO DE LA MUERTE
Babel se desploma y los hombres hablan
Con la muerte en los labios,
El insecto mata y la tierra mata y el sueño mata,
Porque la muerte es lenguaje que
se aprende matando.
Ya no podemos enterrarnos por falta de un sitio,
No podemos morirnos por falta de un sitio;
Porque el mundo se llena de cadáveres
Y la tierra se llena y los hombres se llenan,
Y los tenemos en las manos y en los ojos;
Lo que mis otras manos hicieron y los otros ojos vieron,
Y no hay una puerta de escape;
Porque la tierra protesta y la vida protesta,
Y se llena de arrugas y cadáveres la frente de los vivos.
Yo contemplo la muerte de los pescados,
Muertos porque tuvieron hambre,
Y las aves se mueren y todo se muere,
Y los árboles se mueren y las piedras se mueren,
Y las hojas se mueren y las palabras se mueren,
La tierra se llena de muertos y los hombres se llenan,
Y caen los hombres como frutos verdes;
porque la tierra es roja y rojas las manos
y los sueños rojos,
y los mares protestan y los muertos protestan
y la vida protesta.
Hay cadáveres blancos, hay cadáveres vivos,
Hay cadáveres...
Salen voces de la tierra y manos húmedas,
Salen campanas y salen dedos.
Una guitarra se ahoga en la garganta y se
Ahogan los hombres,
Y se ahoga la vida con los ojos tendidos,
Y se ahoga la abeja buscando una rosa,
La noche se ahoga entre astros que cambian de colores y de esqueletos.
Allá entre relojes hundidos y despiertas mareas
Salen ríos de hombres y niños como río de humo,
Y la muerte persigue con aullido de polvo
Y la tierra protesta. |
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