|
|
SECCIONES
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Señales Deportivas
|
| |

|
|
|
Suscripciones
al teléfono
565-5581, extensiones desde 391 hasta 400 de lunes a viernes de 9:00am a 6:00pm o al correo electrónico
|
|
 |
|
 |
|
|
 |
 |
Cultur[a]
JUEVES, el preámbulo
Por Alfonso Quiñones
Los jueves comienza a declinar la semana. Es una suerte que ya llegará el viernes y con él un anhelado descanso. Los jueves son días de citas de trabajo, reuniones importantes, informes, exámenes, entregas, inspección, en fin, de trabajo a todo tren y con él se sale del centro cansino de la semana.
Los jueves se está entre dos aguas, por una parte el turbión de trabajo y por otra la promesa de un merecido relax. Los campesinos no, los campesinos no tienen casi nunca fines de semana, porque si están cerca del conuco, allá van y le dan unos cuantos golpes de azadón, que hay que limpiar los cultivos de malas hierbas, o hay que regar el agua o recoger la cosecha.
Un jueves vi, por última vez, con vida a mi padre, que cuando niño había hecho todos esos trabajos, y había lustrado zapatos y había vendido billetes de lotería. Aquel jueves de que hablo, era el 25 de septiembre de 1997 y al cabo de unas horas, en la madrugada del viernes, había muerto de un infarto mientras dormía. Trato de recordar minuto a minuto aquel jueves, quisiera poder adueñarme da cada una de sus últimas horas, pero me es imposible, gracias a mi mala memoria. En cambio me queda el recuerdo de toda su vida en la que solamente supo dar amor, sacrificio y buenos ejemplos.
Diez mil vidas se fueron de una vez un jueves terrible, el 19 de septiembre de 1985, con un terremoto que llenó de luto a la nación mexicana. Pero otro jueves, muchos años atrás, exactamente el 30 de abril de 1945, miles de personas dieron gracias a Dios, después que se supo que ese día se había quitado la vida, en Alemania, el más cruel verdugo que ha existido nunca jamás: Adolfo Hitler. El mismo día de la semana, pero del 19 de noviembre de 1942 el mismo Hitler había sufrido en Stalingrado, Unión Soviética, una de las derrotas más sonadas de la Segunda Guerra Mundial.
Los jueves tienen un especial ensañamiento con algunas de las más grandes personalidades de la historia rusa. Pedro I, el Grande, que había nacido el jueves 9 de junio de 1672, falleció el jueves 8 de febrero 53 años después. En tan corta vida fue capaz de ejercer reformas decisivas en la atrasada Rusia, tanto en lo cultural y lo científico, como en lo tecnológico y político. Fue quien fundó a San Petersburgo y la convirtió en capital de toda Rusia en 1715, a la vez que hizo de ella una ventana hacia Europa.
Otro jueves ruso, el 17 de noviembre de 1796, falleció en San Petersburgo, Catalina la Grande, quien había reinado en Rusia durante 34 años después que su esposo el pusilánime y déspota Pedro III fuese derrocado y asesinado. Ella desarrolló un papel importante en el muy dilatado proceso de modernización de Rusia y escandalizó la época con sus numerosos amantes. Al morir planeaba formar parte de una coalición europea contra Francia.
El 5 de marzo de 1953, que también era jueves, falleció Joseph Vizarronovich Stalin, un hombre oscuro y satánico, el que convirtió el socialismo en cualquier cosa menos en socialismo, a cuyo haber debe pasarse la cuenta por todos los avatares que ha sufrido la izquierda en las últimas décadas, incluyendo la desaparición de la Unión Soviética y lo que se llamó el campo socialista.
Leonid Illich Brezhnev, quien fuera durante varias décadas el presidente de la URSS, falleció el jueves 10 de noviembre de 1983. Yo me encontraba en Moscú, a punto de regresar a Cuba y por primera vez experimenté el grado de inseguridad en que se sume un pueblo cuando fallece el máximo mandatario. A él se deben los más lerdos años del inmovilismo soviético. Recuerdo haberlo visto saludar las masas que pasaban en desfile ante él, como un muñecón encaramado allá arriba, en el Mausoleo de Lenin, y entonces se hablaba que le ponían no sé qué inyecciones para que al menos pudiese levantar el brazo como un autómata y con la mirada perdida sabe Dios en qué horizontes, decir un adiós a aquella masa amorfa, colorida e infinita de personas que a su vez decían adiós a un líder que ya no era líder, cuando la mayoría de ellos deseaban que dejara de existir.
Los jueves son impredecibles e inacabables. La madrugada del jueves 1 de enero de 1959, minutos después de haber brindado por el año nuevo, huyó de Cuba el dictador cubano Fulgencio Batista, acompañado de muchos de sus más cercanos colaboradores. Volaron directamente a República Dominicana, dejándole el poder a los revolucionarios encabezados por Fidel Castro. Siete días más tarde, el jueves 8 de enero de 1959 entraba Fidel Castro a La Habana encabezando una kilométrica caravana a través de toda la isla, para asumir los destinos del país.
Otro jueves negro, 30 años más tarde, el 13 de julio de 1989, eran fusilados en la capital cubana, entre otros, el general Arnaldo Ochoa y el coronel Tony La Guardia, acusados de narcotráfico.
A Júpiter, soberano de todos los dioses y del cielo para los romanos, debe su nombre este día. En latín dies Jovis por Jove o Júpiter. Esa misma raíz le sirve al castellano y otras lenguas romances: jeudi en francés, giovedi en italiano. En ruso se le denomina chitvierg, o cuarto día. En inglés thursday, del nórdico Thor, dios del trueno y los rayos. En sueco y danés se le llama torsdag. En alemán, donnesrstag, o día del trueno.
Los jueves previos a los domingos de Pascua, los cristianos conmemoramos la Última Cena de Jesucristo con los doce Apóstoles. Día en que Jesús lavó los pies de sus doce discípulos o pedilavium.
En Alemania el Jueves Santo se conoce como Jueves Verde, por la tradición de dar una rama verde a los penitentes tras terminar su penitencia. Entre las fiestas de los polacos, un pueblo tan eminentemente católico, se encuentra el Corpus Christi, en honor de la Eucaristía, que se celebra el jueves posterior al Domingo de la Santísima Trinidad, que sigue a Pentecostés, 50 días después de la Pascua. Esta fiesta también es celebrada en otros países como Brasil y Austria. En México y otros países el Jueves Santo, los fieles debían visitar siete iglesias.
Cuarenta días después del Domingo de Resurrección, un jueves, se celebra una de las más antiguas fiestas de la tradición cristiana, El Día de la Ascensión, la cual recuerda el día que Cristo condujo a sus discípulos a una montaña, cuarenta días después de haber resucitado y ascendió a los cielos. Durante los festejos se quema la efigie del diablo o se le ahoga, lo que representa el triunfo de Cristo sobre este, cuando abrió el cielo a todos los creyentes.
Los americanos celebran el cuarto jueves de noviembre una fiesta tan importante como el Día de Acción de Gracias. Esa fiesta tiene su origen en que a comienzos del siglo XVII los peregrinos o Pilgrim Fathers se instalaron en Nueva Inglaterra y compartieron una cena con los indígenas de la tribu wampanoag. Este día, pues, las familias y los amigos más cercanos celebran este día compartiendo una cena especial que incluye pavos, entre otros platos.
En mi familia, un jueves radiante nació David, mi hijo mayor. Fue el 14 de noviembre de 1991. Y otro jueves, el 6 de marzo de 1969, había nacido Marlene, mi esposa.
Hay jueves oscuros y tristes y trágicos, como los hay transparentes y dorados y aún melancólicos y grises o taciturnos o esperanzadores y misteriosos. La combada techumbre del día jueves... habló de ellos el poeta Eliseo Diego, uno de los hombres que mejor ha sabido saborear la esencia poética de los días de la semana en toda la literatura. Los jueves son días venerables, sabios, maduros.
No importa cómo, siempre hemos de adorar el mágico fulgor de un jueves. |
 |
Otros
artículos
2004
Por un territorio de orden, justicia y abundancia
Libros
JUEVES, el preámbulo
No olvidar a los poetas
Manuel Valerio: una visión del instante
Fin de la temporada 2003 de música de cámara
|
|
|
|
|
VISITE LA WEB DE LOS PERIÓDICOS
|
Hoy | El Nacional
|
Revistas Nacionales, S. A. | Santo Domingo, República Dominicana | Todos los Derechos Reservados
|
|