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2004
Por un territorio de orden, justicia y abundancia
Por Jacinto Gimbernard Pellerano.
Nada es estático, inmóvil, intrascendente. Todo se expande y genera alteraciones y modificaciones sustanciales en lo que le rodea. El pensamiento y la palabra por increíble que parezca cambian las palpables realidades físicas, lo que es mesurable con instrumentos de laboratorios, hasta niveles insoñados. En 1974, hace apenas treinta años, un descubrimiento realizado en un laboratorio de la Facultad de Medicina y Odontología de la Universidad de Rochester, en los Estados Unidos, descubrió que el cerebro podía modificarse por aprendizaje y cambiar la capacidad del sistema inmunológico. De aquí el psicólogo Robert Ader descubrió que el sistema inmunológico, al igual que el cerebro, podía ser modificado, y una red de investigadores han venido descubriendo que los mensajeros químicos que operan ampliamente en el cerebro, poseen una capacidad extraordinaria para modificar el sistema nervioso autónomo, que lo regula todo, desde cuánta insulina se segrega, hasta la presión sanguínea.
Las pruebas de cambios físicos percibibles, ocurridos por la acción de cambios en el pensamiento, en las emociones, son abrumadoras, pero las intenciones de este artículo no radican en la presentación de un estudio científico que está muy lejos de mis capacidades y creo, que del mayoritario interés de mis lectores. A lo que voy es al señalamiento de las interconexiones, al hecho de las repercusiones de la conducta.
Ciertamente, la mala conducta gubernamental y la erraticidad incomprensible con la cual se maneja la administración del presidente Mejía, han permeado en el país; el desaliño verbal y accionar del primer mandatario de la nación ha entrado a todos los niveles de la sociedad.
También su estilo para manejar las finanzas y establecer prioridades: Lo que yo quiero, lo que yo quiero y después... lo que yo quiero.
Ya había declarado el extraño Consultor Jurídico del Poder Ejecutivo, más o menos: Primero nosotros, después nosotros y lo que queda, para nosotros.
Poco va a quedar, como no sean deudas y problemas.
Pero lo único que podemos hacer es aguantarnos hasta que pase la pesadilla resultante de los problemas y defectos del sistema democrático que, como decía Winston Churchill, es la peor forma de gobierno con la excepción de todas las otras, y el agudo Clemenceau afirmaba que la democracia es, con palabras distintas, siempre el dominio de los más fuertes.
No podemos dudarlo.
¿Qué podemos hacer?
Combatir la obscuridad con la luz, positivarnos contra el negativismo y el decaimiento. Generar, con nuestras mentes, una vibración distinta a la que hoy nos arropa y, así, promover un cambio nacional de actitud que permita ver los engaños donde quiera que estén, asimilar con todo su peso la forma criminal de manejar los dineros populares, sopesar limpiamente las prioridades verdaderas del gobierno, a sabiendas de que no estamos condenados a priori, que podemos transformar, desde los laberintos de nuestro cerebro y las incógnitas de nuestros sentimientos, todo el tinglado nacional.
¡Sea el 2004 un año en el cual nuestras mentes funcionen positivamente para que, transformándose, desde las tinieblas del decaimiento y la impotencia, constituyan un formidable reactor nuclear que acerque el país a lo que debe y puede ser!
Territorio de orden, justicia y abundancia. |
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