Del 23 de Diciembre al 6 de Enero del 2004 • Edición número 1,334
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Las crisis del PRD
reciclan en el poder




Por Franklin Puello

La historia registra la maquinaria electoral que constituye ser el Partido Revolucionario Dominicano desde la oposición, mostrando destrezas en las tácticas y las estrategias para destruir al adversario. Pero de esa misma manera sus garras son mortales cuando, ya estando en el poder, surgen las contradicciones internas y sus crisis se reciclan fruto de las tendencias grupales que amenazan, no sólo su unidad partidaria, sino su permanencia en el poder.

La división en tres pedazos que hoy se observa en el PRD era previsible por la falta de liderazgo que adolece esa organización, que carece también de un ente moderador que pueda mediar en las disputas que se han suscitado y ponen en peligro su institucionalidad y, asimismo, otro período en la administración del Estado.

El fantasma de la reelección se esgrime como un pretexto ajustado a los principios para esconder las confrontaciones mantenidas por los grupos que se disputan el control del PRD y la capitalización de un liderazgo que pueda suplantar el vacío dejado por el fenecido líder José Francisco Peña Gómez.

La crisis del PRD se agudiza el pasado 15 de noviembre con la convocatoria de dos comités ejecutivos para integrar las comisiones organizadoras de la convención de cada bando.

Se recuerda que durante el gobierno del presidente Antonio Guzmán Fernández, surgió una crisis en el PRD, entre los grupos del mandatario y los seguidores de Salvador Jorge Blanco, que puso en peligro a esa organización. Lo mismo sucedió para las elecciones de 1986, que se alega fueron ganadas por el ex presidente Jacobo Majluta, pero negadas por la administración de Jorge Blanco, que prefirió entregar el poder al fenecido Joaquín Balaguer.

Los acontecimientos

La crisis del PRD sale a flote y se agudiza cuando en abril pasado el presidente Hipólito Mejía, tras sospechas de sus adversarios internos, hizo pública sus pretensiones de buscar otro período, para lo cual no tiene impedimiento luego de que seguidores suyos lograron que el Congreso Nacional eliminara la prohibición legal; pero esta maniobra tropezó con la tradición histórica del PRD de ser un partido antirreeleccionista, generando un distanciamiento total de Hatuey De Camps y su grupo con el litoral oficialista y el PPH.

Este afán continuista, impulsado por el Proyecto Presidencial Hipólito, produjo un reagrupamiento táctico de los enemigos de la reelección, entiéndase De Camps, Rafael Suberví Bonilla, Milagros Ortiz Bosch, Rafael Flores Estrella, Ramón Alburquerque, Esquea Guerrero y José Rafael Abinader dejando al margen sus intereses y sus propias contradicciones.

Este maridaje estratégico busca –y aún busca en escenarios diferentes- que Mejía desista a sus nuevas aspiraciones, bajo la argumentación de que un proyecto reeleccionista no tendría éxito, por el agravamiento de la crisis económica y social que sacude al país. Sin embargo, las presiones de los que adversan a Mejía han sido infructuosas, incluido el plebiscito celebrado para que la militancia ratificara o no los principios antirreeleccionistas, careciendo este mecanismo de un soporte legal que obligara a Mejía a retirar su repostulación, abriendo la brecha para que Ortiz Bosch, Suberví Bonilla y Esquea Guerrero optaran por enfrentar al mandatario en una convención “transparente y democrática”.

Hatuey, tienda aparte

La división perredeísta se sella oficialmente cuando el presidente del PRD organiza su propia convención que lo elige como candidato el pasado 7 de diciembre y proclamado una semana después, arreciendo su discurso virulento contra Mejía y el Gobierno, abriendo también una herida incurable entre el partido y la esfera gubernamental que motoriza el continuismo.

Sin embargo, no todo fue color de rosa en ese proceso. Se arguyeron irregularidades fraudulentas que perjudicaron las aspiraciones de Abinader y el senador Alburquerque. Pero todo está en veremos, en espera de un veredicto de la Junta Central Electoral.

Lo que puede ocurrir

La posposición de la convención de la facción de Mejía y los tres aspirantes abre un compás de espera para posibles negociaciones que garanticen subsanar las diferencias que provocaron la suspensión de la convención ya acordada, pero también abriría la oportunidad a acuerdos que eviten que el PRD siga trillando el camino de la división, con la amenaza de abandonar el poder.

Irremediablemente los perredeístas están compelidos a desprenderse de las actitudes de enemistad que exhiben los grupos adversarios, dejando que la militancia decida libremente sobre quién puede ostentar la nominación presidencial mediante un proceso transparente, que pudiera ser monitoreado por la Junta Central Electoral, la sociedad civil y organismos extranjeros.

Los últimos acontecimientos evidencian claramente que Mejía y el PPH no retirarán su proyecto reeleccionista, debido a que se interpreta que hay una acción “venenosa” para cercenar el derecho constitucional que tiene el jefe de Estado para optar por otro período, gestada por el grupo de los antirreeleccionistas, pero se advierte que detrás de esa maniobra existe el temor a competir en ese proceso con el mandatario, quien argumenta poseer el liderazgo en el PRD con más del 70 por ciento del apoyo perredeísta.

Todo esto nos indica claramente, que un PRD fraccionado, como se encuentra actualmente, reduce sus posibilidades de triunfo en las venideras elecciones y deja la puerta abierta para que el PLD, con un candidato consolidado y probado como el ex presidente Leonel Fernández, ascienda al poder sin el mayor esfuerzo electoral ni de compromisos.

El panorama se pintaría sombrío, a la luz de la crisis planteada a lo interno del PRD, si no hay las acostumbradas “negociaciones” que han permitido la repartición de ciertas cuotas de poder para los grupos que hoy dominan ese gran pastel que constituye el partido blanco.

Mejía y los tres

El pasado 7 de diciembre hubo un acuerdo entre Mejía, Ortiz Bosch y Esquea Guerrero que procuraba convocar la convención para el 14 de diciembre, con el compromiso de establecer la mayoría absoluta (50% más uno), fijar la sumatoria de los votos entre los adversarios de la reelección y promover la inscripción de nuevos votantes. Cuando todo estaba listo para su montaje, un día antes de celebrarse ese proceso vinieron las denuncias de fraude o irregularidades, creando un clima de tensión y preocupaciones en el PRD, alegando, los contrarios a Mejía, que hubo la exclusión de 479 mil militantes, el uso de los fondos públicos, la inclusión de 20 mil policías y militares, así como la inscripción de dirigentes del PRSC y del PLD en el padrón. Estas denuncias abortaron la convención del 14 de diciembre, cuya posposición fue aceptada por el PPH para ser convocada para una semana después, pero su celebración fue aplazada oficialmente por la comisión organizadora para el día 18 de enero. La crisis se ha profundizado por la negativa de Mejía a retirarse, ante un pedimento hecho por los otros tres precandidatos.

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