del 23 de diciembre al 6 de enero de 2004 • Edición número 1,334
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Acerca del tema racial




Por Jacinto Gimbernard Pellerano.

Poco a poco fue el hombre organizando su vida sobre la tierra. En esta organización contendieron la buena fe y el egoísmo en proporciones cambiantes e irregulares.

Muy temprano se dio el hombre cuenta de la diferencia existente entre uno y otro. Pronto ideó la manera de sacarle provecho al descubrimiento. Probablemente esto tuvo que haber sucedido poco después del nacimiento de quien N.J. Berrill, miembro de la Royal Society de Londres, llama “el hombre moderno”, y cuyo nacimiento él sitúa alrededor del medio millón de años pasados desde la última parte del Plioceno.

El primer instrumento para fabricar una conveniente organización social fue sin duda el llamado “poder y razón del más fuerte”, todavía en plena vigencia y uso.

Entre las herramientas más efectivas , usadas para los propósitos de dominar y comprimir ocupa un lugar preeminente la cuestión racial. Considero que la propaganda sobre la idea de superioridad e inferioridad raciales fue la primera, más antigua, magna, cruel y despiadada victoria de la propaganda. Fue el nacimiento de la propaganda como arma.

En 1915 el Vizconde James Bryce decía en su libro “El Sentimiento Racial como Factor en la Historia”: “Ninguna rama de la investigación histórica ha sufrido más de la especulación fantasiosa que aquellas que se relacionan con el origen y atributos de las razas humanas. La diferenciación de esas razas empieza en la obscuridad prehistórica....”.

La propaganda racial ha sido un arma altamente efectiva y ampliamente usada a través de la historia. Sus orígenes se esfuman entre la densa neblina del nacimiento de la sociedad humana, y entre sus más sobresalientes brotes de época reciente, está la teoría de la raza superior con la cual la Alemania Nazi pudo fortificar el terror y el furor de la Segunda Guerra Mundial.

Mientras el hombre actúe como hasta ahora, más atento a su mitad material que a su mitad espiritual, seguirán siendo posibles todos los crímenes, todas las más denigrantes injusticias y las más monstruosas crueldades.

No hay ninguna base científica que justifique la teoría de las razas superiores y las razas inferiores. La cuestión racial es el magno mito de los tiempos modernos. Usando las palabras del distinguido antropólogo M.F. Ashley Montagu en su libro “El Mito más Peligroso del Hombre. La Falacia Racial” –prologado por Aldous Huxley–: “La idea de raza representa uno de los peligrosos mitos de nuestro tiempo y uno de los más trágicos. Los mitos son más efectivos y dañinos cuando permanecen irreconocidos por lo que son. Muchos de nosotros nos sentimos felices en la complacida creencia de que mito es aquello en que los pueblos primitivos creían, pero que nosotros estamos completamente libres de ellos”.

“Podemos darnos cuenta de que un mito es una errónea explicación conducente al engaño social y al error, pero no nos damos cuenta a menudo de que nosotros mismos compartimos la facultad mito-constructiva con los hombres de todos los tiempos y lugares”.

El mito racial se asienta en el depurado egoísmo de muchos líderes a través de la historia y en la capacidad de rebaño, común en todos los pueblos de toda época.

De por sí, el término “raza”, es ambiguo y extremadamente elástico. Como bien apunta Lancelot Hogben en sus “Principios Genéticos en Medicina y Ciencias Sociales” (El Concepto de la Raza): “Los geneticistas creen que los antropólogos deben determinar lo que es la raza. Los etnólogos asumen que sus clasificaciones formulan principios considerados correctos por la genética. Los políticos creen que sus prejuicios tienen la ratificación de las leyes de la genética y los hallazgos de la antropología física para sustentarlos”. En realidad ninguno de ellos se afirma en otra cosa que prejuicios para el sustento de la teoría de las razas.

Que hay diferencias raciales, es indiscutible. Lo que es una monstruosa falsedad es que biológicamente estas diferencias sean bastante grandes o significativas para justificar ningún tipo de discriminación.

Recientemente Rafael Molina Morillo, informa en su columna Mis buenos días, en el periódico HOY, acerca de un brote racista en nuestro país y dice: “ No es la primera vez que se denuncian casos de discriminación racial en este país mestizo lleno de negros, mulatos y blancos. Casi siempre, desde luego, en perjuicio de los negros y los mulatos. O sea, de la mayoría de la población.

A lo largo de la historia de la humanidad, el racismo ha traído consigo muchos males, trágicos en ocasiones. Pero si hay un lugar donde es inconcebible ese tipo de prejuicios, es en la República Dominicana, crisol de razas y nacionalidades desde el mismo instante del encuentro de las dos culturas o Descubrimiento, como se le quiera llamar. A la mezcla de españoles con taínos le siguió la masiva importación de negros africanos, en su condición de esclavos , y de esa convivencia surgió el mestizaje que todos representamos y del cual debemos sentirnos orgullosos.

Entonces, ¿de dónde les sale a algunos ese afán de pretender pertenecer a una raza supuestamente pura, para despreciar a los que constituyen la mayoría, y prohibir la entrada de negros y mulatos a sitios públicos de diversión, sólo por el color de su piel?

Compartimos plenamente estos conceptos, añadiendo nuestra indignación a las muchas quejas y pesares de los dominicanos sensatos con la avalancha de trágicos errores que está cayendo sobre nuestro país.


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