Educ[a]ción
Sin aspirar a mayores logros
La Secretaría de Educación habló de desarrollar un nuevo plan decenal de educación bautizado con el pomposo título de Plan Estratégico de la Educación Dominicana 2003-2012. Pero, lamenta-blemente, el despegue del mismo tuvo que posponerse por falta de recursos, debido a que parte del presupuesto de la cartera fueron a dar a las secretarías de Obras Públicas, Deportes y Fuerzas Armadas. Todo se gastó en el montaje de los Juegos Panamericanos más costosos y maravillosos de la historia.

Por Jesús de la Rosa
A finales de los años 80 y principios de los 90, la educación pública estuvo al borde del colapso. Al igual que como sucede hoy día, era notorio el déficit en aulas, mobiliarios, equipos y en materiales didácticos. Indicadores como tasas de escolarización, de promoción, de deserción y de repitencia alcanzaron niveles alarmantes. Cientos de maestros abandonaron el oficio para dedicarse a otros menesteres. La carrera de pedagogía estuvo a punto de desaparecer. Sólo la escuela de formación docente de la Universidad Autónoma de Santo Domingo se mantuvo abierta. Las demás, incluyendo las escuelas Normales, cerraron sus puertas por falta de alumnos.
Esos años fueron de continuos enfrentamientos entre la Asociación Dominicana de Profesores (ADP) y las autoridades del gobierno de turno por las demandas del gremio de aumentos de salarios y de mejorías en las condiciones de trabajo.
Todos pensábamos que la instrucción pública iba a tomar muchos años en recuperarse.
Por fortuna, lo que comenzó siendo un espacio de reflexión en el que participábamos los contados maestros que aún abrigábamos alguna esperanza de que la escuela dominicana se habría de encauzar por nuevos senderos, terminó siendo el Plan Decenal de Educación.
El ya concluido Plan Decenal exhibe, entre otros, el logro indiscutible de haber rescatado la instrucción pública del estancamiento en que se encontraba.
El Plan Decenal de Educación fue, en su momento, la culminación de una gran consulta.
Frente a la crisis que afectaba la instrucción pública dominicana faltando menos de una década para terminar el siglo XX, instituciones tan dispares y de intereses tan contrapuestos, como la propia Secretaría de Educación, la Asociación Dominicana de Profesores, Acción para la Educación Básica, Plan Educativo y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo tomaron la decisión de unir esfuerzos y recursos con miras a encontrarle una salida a la desastrosa situación en la que se encontraba la escuela dominicana a través de la elaboración y posterior ejecución de un plan decenal de educación.
Nos propusimos ampliar la cobertura de la educación básica y reforzar las acciones de la educación de adultos; introducir profundas modificaciones en el currículum; mejorar las condiciones de vida del maestro y elevar su capacidad profesional; mejorar los niveles de competencias de los estamentos administrativos de la Secretaría de Educación y los de sus organismos descentralizados; propiciar la participación de las comunidades organizadas en la solución de los problemas que afectaban los centros docentes; hacer que los gobiernos dedicaran más recursos a la educación; y colocar la educación en el primer punto de la agenda del quehacer público.
Para el logro de esas metas se requirió de una acción coordinada y de una unidad de propósitos no tan fácil de lograr en un país como el nuestro en que las divisiones y las querellas a lo interno de grupos es el pan de cada día.
La ley de educación vigente en esos tiempos, concebida por el Gobierno Militar de la Intervención, no se avenía a nuestros propósitos por lo que fue necesario elaborar un anteproyecto de nueva ley de educación que contemplara normas jurídicas que regularan el funcionamiento de un sistema de instrucción pública acorde con los nuevos tiempos.
Las propuestas del Plan Decenal fueron aprobadas en aquel memorable Congreso Nacional de Educación realizado durante los días transcurridos del 2 al 4 de diciembre de 1992.
Días antes de celebrarse el Congreso, auspiciamos las celebraciones en todo el país de desfiles, marchas y otros tipos de manifestaciones con miras a mantener a la opinión pública centrada en el desarrollo de nuestras actividades. Pero, después de la celebración del Congreso, en donde se aprobaron las propuestas del Plan Decenal de Educación, ¿qué se tenía?, ¿qué se había logrado?
De tener, no teníamos nada; sólo un montón de documentos contentivos de proclamas, planes y proyectos cuya ejecución costaba cientos de millones de pesos que el gobierno de entonces no daba señales de querer aportarlos.
Logramos interesar a los organismos internacionales de cooperación y de financiamiento en nuestro proyecto de introducir reformas en el sistema de instrucción pública y de hacer de la educación una herramienta de promoción personal de cada ciudadano y un medio de construir una sociedad más justa, más solidaria y más humana.
El interés público que despertó nuestros planteamientos de reforma junto a la ayuda técnica y financiera de los organismos internacionales posibilitó el despegue del Plan Decenal de Educación, al despecho de la aptitud de un gobernante que no veía con buenos ojos nuestras iniciativas.
Hoy resulta mucho más difícil que hace unos años poner en marcha un plan de reforma de la educación.
La escuela universal, las de las grandes verdades, la que aupó la revolución industrial hoy está inmersa en una crisis de legitimidad.
Los colectivos más influyentes de la sociedad dominicana de hoy sólo se muestran interesados por la educación selectiva y de alta calidad, por la que ofrece reales oportunidades de progreso, por la que se desarrolla al margen del sistema de instrucción pública.
Elaborado en forma participativa, el Plan Decenal de Educación pasó a ser ejecutado por el órgano del Estado dominicano a cargo de esa responsabilidad: La Secretaría de Estado de Educación.
No obstante el Plan Decenal haber sido diseñado de manera que en su ejecución se mantuviera cierto tipo de participación de grupos ajenos al organismo oficial encargado de su realización, en la práctica no resultó así.
Resultó que muchos de los profesionales que participamos en la formulación del Plan Decenal de Educación terminamos como técnicos al servicio de la Secretaría de Educación ora como empleados de la misma ora como contraparte nativa de uno de los organismos de cooperación internacional. Y, las personas llamadas a desempeñar funciones críticas desde el exterior a la Secretaría de Educación hubieron de enfrentarse a problemas cotidianos relacionados con las formas y maneras de ganarse su sustento. Así las cosas, antes de que el Plan Decenal arribara a sus 5 años, los mecanismos de participación habían desaparecido. Recuerdo que llegamos a concertar compromisos entre los líderes de los partidos políticos con posibilidades de llegar al poder en las elecciones de 1996 y entre las personas militantes de esas agrupaciones con posibilidades de ser nombradas titular de educación.
Así fue como el Plan Decenal de Educación adquirió cierto estatus de continuidad. Y la Secretaría de Educación pudo contar con calificados técnicos como ejecutantes del referido proyecto de reforma de la educación.
¿Fuimos cooptados?
Con el paso de los años se sabrá. Lo cierto es que nuestra participación, tanto en las labores de formulación como en las de ejecución del Plan Decenal de Educación, dificultó la reflexión crítica y contribuyó a anular los mecanismos de controles externos.
El hecho de que no quedaran personas críticas en reserva, imposibilitó la reorientación del Plan Decenal en los momentos difíciles de su ejecución.
Arribamos al final del Plan Decenal de Educación con logros que estuvieron a la vista de todos; también, con fallas y frustraciones.
En la actualidad, los logros del Plan Decenal de Educación han desaparecido y las fallas se han profundizado. El sistema de instrucción pública de la República Dominicana vuelve a ser afectado por una crisis, tan profunda o más que la que lo afectó a finales de los años 80 y a principios de los 90.
Hoy, una buena parte de los más de 57 mil maestros en servicios no poseen las capacidades requeridas para involucrarse en un proceso de reforma de la educación con miras a enfrentar los retos del futuro inmediato. Peor, sus condiciones de vida no les permiten asimilar conocimientos actualizados ni mucho menos estar al día con los últimos adelantos técnicos.
Es que el maestro común de este país no dispone de dinero para comprar libros ni siquiera para suscribirse a un periódico o a una revista especializada.
El sistema de instrucción pública de la República Dominicana es el peor financiado de la América española.
Pensamos que con la llegada al poder del Partido Revolucionario Dominicano había de invertirse más recursos para educación. Pero, lamentablemente no ha sido así.
La problemática financiera de nuestro sistema ha empeorado en vez de mejorar.
En un discurso pronunciado por el presidente Hipólito Mejía por radio y televisión, la noche del 7 de noviembre del año 2000, refiriéndose al financiamiento de la educación, dijo: Parecerá increíble, pero es cierto. Los gobiernos de los países africanos, en promedio, invierten en educación actualmente más del 6 por ciento de su producto bruto Interno. ¿Saben ustedes cuánto está invirtiendo el Gobierno dominicano? Apenas un 2.5 por ciento, es decir, menos de la mitad de lo que se invierte en África. Les prometo que eso cambiará. Yo les digo que eso cambiará. El Presidente les asegura que eso cambiará.
Han transcurrido más de tres años desde que el presidente Mejía expresara esas palabras. En ese lapso de tiempo, la situación del financiamiento a la educación pública ha empeorado en vez de mejorar.
El presupuesto de Educación de este año es de sólo 11 mil 29 millones de pesos, equivalente al 13.28% del gasto público y al 2.1 % del producto bruto interno. Se trata uno de los presupuestos de educación más bajos de los últimos años. La Secretaría de Educación dispuso este año de un presupuesto equivalente a menos de la mitad del consagrado en la Ley General de Educación 66-97.
Las autoridades de la Secretaría de Educación anunciaron para este año el inicio de la implementación de un nuevo plan decenal de educación bautizado con el pomposo título de Plan Estratégico de la Educación Dominicana 2003-2012.
Pero, lamentablemente, el despegue del nuevo plan decenal de educación tuvo que posponerse por falta de recursos ya que varios miles de millones de pesos del presupuesto de Educación fueron a dar a las secretarias de Obras Públicas, Deportes y Fuerzas Armadas. Todo se gastó celebrando en la ciudad de Santo Domingo los Juegos Panamericanos más costosos y maravillosos de la historia.
Ahora, estamos a la espera de la aprobación de una serie de empréstitos para materializar unos que otros proyectos contemplados en el llamado Plan Estratégico del Desarrollo de la Educación Dominicana 2003-2012.
Mientras tanto, debemos contentarnos con administrar bien los contados recursos de que disponemos sin aspirar a mayores logros.
Jesús de la Rosa
Fue vicerrector académico de la UASD y catedrático
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