25 de Noviembre del 2003 • Edición número 1,332
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Santiago Estrella Veloz

Empresarios con iniciativas



Siempre he admirado a la gente con iniciativas, especialmente cuando tratan de poner en marcha ideas novedosas, que no solamente le reportan beneficios legítimos sino que además favorecen a sectores de la población tradicionalmente abandonados a su suerte.

Como es natural, cuando se trata de pequeños empresarios son muchos los frentes que se abren contra sus ideas y prácticas comerciales, pues generalmente quienes resultan afectados por ellas suelen ser intolerantes, errada actitud que asumen al no habérseles ocurrido hacer lo mismo, es decir, ganar dinero en base al ejercicio de la creatividad.

Este comentario es a propósito de lo que ha hecho un empresario llamado Ramón Pérez Ferreras, un técnico que ha instalado más de cien de las casi doscientas plantas purificadoras de agua existentes en la República Dominicana y que luego se convirtió en propietario de varias de ellas, fruto de un trabajo duro y paciente, y de su sentido del ahorro y la inversión.

Conozco a Pérez Ferreras desde hace muchos años y he dado seguimiento a su trabajo, aunque a veces transcurren largos períodos durante los cuales ni siquiera nos llamamos por teléfono. Pérez Ferreras, un humilde dominicano nativo de una comunidad llamada Villa Jaragua, en el sur profundo, fue uno de los pioneros en envasar “agua en funditas”, novedad que también dio paso al surgimiento de los llamados “esquimalitos”, ambos de gran consumo popular, a pesar de los muchos problemas de contaminación por deficiencias empresariales derivadas de la despreocupación. Una vez convertido en propietario de plantas procesadoras de agua, Pérez Ferreras se dio cuenta de las actividades de unos “camioncitos” que venden agua a granel a diez pesos y que le hacían fuerte competencia, al propio tiempo que sus actividades eran duramente combatidas por las grandes empresas que venden los galones del producto a 25 pesos. La critica se fundamenta en que supuestamente todos los ¨camioncitos¨ venden agua contaminada.

Pérez Ferreras, en lugar de sumarse al coro, lo que hizo fue invertir mas de seis millones de pesos en varios “camioncitos”, adaptándoles al tanque inoxidable un sistema automático para el lavado de los envases usados por los compradores, con lo que se garantiza todavía más la calidad del agua servida.

Ese fue su gran pecado: servir un producto sano, al alcance popular. Los mismos empresarios del agua, en lugar de copiar el ejemplo y sumarse a un negocio sumamente atractivo, se dedicaron a criticar a colegas suyos de su propio sector, lo que es propio de una mentalidad atrasada. En la actualidad existen unos 200 camioncitos que en dos viajes venden diariamente, cada uno, 300 botellones de agua a diez pesos, es decir, que distribuyen 60 mil botellones destinados a 60 mil familias. Pero, además de los camioncitos viven el chofer y su ayudante (400 personas), que con una dependencia promedio de cinco personas, sumarían 2.000 personas las que dependen de ese negocio. La critica general de quienes se oponen a los “camioncitos” es que el agua que venden supuestamente está contaminada. Si fuera así, ni Salud Pública ni la Dirección General de Normas y Sistemas de Calidad les habrían dado la autorización oficial para que operen, para lo cual tienen que cumplir determinados requisitos. Esto no quiere decir que no haya uno que otro que pueda tener algún problema de calidad, pero sería una excepción, igual que ocurre con el agua sellada que se vende en los supermercados.

Si hay algo que puede afirmarse con precisión y sin temor a faltar a la verdad es que los “camioncitos” de Pérez Ferreras constituyen una novedad, por el lavado de los botellones a presión al momento que el cliente compra el agua, que dicho sea de paso es analizada diariamente en unos excelentes laboratorios con modernos equipos y personal altamente calificado. Pérez Ferreras, orgulloso de sus triunfos, nunca se arriesgaría a que su capacidad de especialista en materia de agua sea cuestionada, mucho menos que se demuestre que el producto que vende está contaminado.

Ojalá haya muchos “camioncitos” como los suyos en todos los barrios donde la carencia de agua de calidad es una rutina, no por culpa del acueducto, que la sirve buena, sino porque en muchos casos la misma se contamina por deterioros interiores de las tuberías o por las conexiones clandestinas que hacen algunos que no quieren pagarla.

En vista de que se avecina el periodo electoral, los aspirantes a la Presidencia de la República deberían aprovechar esa coyuntura y utilizar parte del dinero destinado a su campaña para llevar agua a los barrios que tanto la necesitan, donde miles de votantes deciden a favor de quienes realmente les ayudan.



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