25 de Noviembre del 2003 • Edición número 1,332
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Felipe Romero

Neoliberalismo y populismo contra la democracia


La aplicación de políticas económicas neoliberales y el populismo de los partidos se han convertido para América Latina en el principal foco de conspiración de los regímenes democráticos de la región, lo que obliga a los partidos políticos a reorientar dichas recetas, las cuales sólo buscan la acumulación de capitales de las grandes corporaciones multinacionales, mientras que reduce la posibilidad de bienestar y progreso de los sectores medios y bajos de la población.

La crisis política que vive Bolivia y varios países latinoamericanos debería poner a reflexionar a los gobernantes latinoamericanos y explorar la posibilidad de poner en marcha un nuevo modelo económico que garantice una mayor y mejor distribución de la riqueza entre los sectores más vulnerables de la población.

Bolivia, Ecuador, Perú, Argentina, Chile y República Dominicana representan el mejor ejemplo del fracaso de las políticas neoliberales. Y es que las estructuras económicas de los países en vías de desarrollo son totalmente diferentes a las de los países desarrollados.

Mientras los países desarrollados basan su economía en los mercados de capitales, la mayoría de los países en vías de desarrollo tienen una fuerte economía informal y el neoliberalismo nunca ha tomado en cuenta las diferentes estructuras que se han desarrollado alrededor del sistema informal, cuyo componente está representado en más del 80 por ciento por los sectores bajos y medios de la población.

El neoliberalismo es la antítesis del populismo. Pero resulta que la mayoría de los gobiernos latinoamericanos llegan la poder amparados en falsas promesas populistas, y cuando asumen la conducción del Estado aplican políticas económicas que afectan sensiblemente el nivel de vida de las grandes mayorías.

Otro elemento que amenaza con hacer sucumbir el sistema de partidos en América Latina es la falta de credibilidad de sus gobernantes, los cuales en la mayoría de los casos gobiernan para un grupo que se beneficia de negocios ilícitos, corrupción, prevaricación y tráfico de influencia. En algunos casos esos grupos que medran bajo la sombra del poder utilizan su influencia al servicio de los narcotraficantes.

Aunque las protestas en Bolivia tienen diferentes componentes, como lo es la construcción del gaseoducto y los problemas con los productores de coca, existe el detonante de la crisis social derivada de la aplicación de ajustes económicos que drenan la deteriorada economía popular.

Ya su Santidad Juan Pablo II calificó al neoliberalismo como el capitalismo salvaje, pero la advertencia del Santo Padre aún no ha encontrado eco entre los gobernantes y líderes de las diferentes corrientes del pensamiento ideológico que han asumido como receta médica la aplicación de este tipo de política.

Los gobernantes se hacen los sordos y mudos y continúan campantes como Juancito el Caminador, ofreciendo todo tipo de garantías al libre mercado mientras colocan trabas al desarrollo de la industria nacional.

Por un lado los productos de exportación no son competitivos en los mercados regionales debido a los altos costos de producción y la falta de incentivos, mientras que por otro el mercado local está abarrotado de mercancías y productos en la mayoría de los casos subsidiados por los países poderosos.

La República Dominicana y la mayoría de los países en vías de desarrollo no tienen capacidad competitiva frente a las grandes naciones desarrolladas, por tanto ameritan un cambio de rumbo en la aplicación de políticas económicas que tomen en cuenta el factor social.

La puesta en marcha de estrategias de desarrollo en las naciones de América Latina es una necesidad, si tomamos en cuenta que la producción a gran escala se encuentra en estos momentos en manos de las naciones desarrolladas.

Ante esta nefasta mezcla de políticas neoliberales, populismo, demagogia, falta de credibilidad, corrupción, falsas promesas, engaño, frustración, narcoestados, pobreza, indigencia, hambre, miserias, desesperanza, desorden, falta de institucionalidad, exclusión social y desintegración de nuestras sociedades surgen opciones como las de los coroneles Hugo Chávez en Venezuela y Lucio Gutiérrez en Ecuador.

Estos gobiernos constituyen una respuesta social de esos pueblos al sistema de partidos y a la deteriorada democracia de América Latina, y representan en estos momentos una ruptura del sistema que ha imperado en la región en los últimos 50 años.



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