25 de Noviembre del 2003 • Edición número 1,332
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Luis E. Molina

Incompetencia titánica



La incompetencia titánica que han demostrado tener nuestros políticos llama a la reflexión a todos los dominicanos que no quieren ver que se hunda la isla. Si este fenómeno fuera posible hace tiempo que estuviéramos, que sé yo cuantas leguas bajo el mar, porque la verdad es que la situación de nuestro país está tomando matices dantescos.

Pero lo peor es que aunque la esperanza es lo último que se pierde, llegó el tiempo de perderla pues en medio de una crisis donde algunos de los inmaculados miembros del sector privado bancario han sido desenmascarados en sus verdaderas calidades, no nos queda más que entregarnos al Todopoderoso, pues solo un milagro, y no cualquier milagro, nos salva.

Es así como la politiquería continúa con dos de los tres más grandes partidos divididos en dos facciones donde los viejos eslóganes, que señalaban una inmaculada palabra, quedaron sepultados en una de las peores debacles que el sistema político dominicano haya experimentado.

Jacinto Peynado y sus seguidores luchan contra los herederos de las menudencias de Balaguer –que descanse en paz–, mientras los perredeístas buscan un enfrentamiento entre sí, para tapar el hecho de que las dirigencias de ambos partidos no se corresponden con los lineamientos de las bases. Pues el problema de la clase política dominicana empieza en el mismo momento en que los partidos políticos no tienen democracia interna. Simplemente no pueden entender la democracia al exterior cuando no se tiene en el interior.

Así llegamos al Partido de la Liberación Dominicana –PLD– que desaprovecho todos los conceptos de la democracia interna, que Juan Bosch supuestamente les enseñó, eligiendo el camino del caudillismo en vez del institucional. De golpe y porrazo el presidente del partido es el ex presidente Leonel Fernández y también el candidato presidencial, todos los poderes en uno, al estilo de Joaquín Balaguer. Por eso, no debe extrañarnos que ninguno de los partidos nunca hayan asumido su responsabilidad en esta tremenda crisis y escuchemos a uno de sus principales actuantes, Leonel Fernández, diciendo que todo es culpa del actual presidente y que los factores externos no son ingredientes del sancocho del desastre, olvidándose que el 50% de la población dominicana saca a su partido del poder y que a su paso por este fue muy poco, en términos reales, lo que hizo para solucionar los grandes males de la nación, pues llegaron en chancletas y se fueron en jeepetas.

Lo que Leonel Fernández olvida es que él y sus canchanchanes tiene una gran cuota de responsabilidad con todas las acciones que han hundido nuestro país; incluyendo el triste caso del derroche panamericano uno de los disparates más grandes que sin lugar a duda condenaron a la infamia a por lo menos un médico neurocirujano.

En un país en crisis donde el monstruo de la quiebra de tres bancos y el robo del sector privado continúa azotándonos, podemos llegar a la conclusión de que el problema dominicano es integral en todos los sectores de la sociedad, donde una cosa es la que se dice y otra la que se hace. Nuestras esperanzas son pocas, pues algunos dirán que la única esperanza es la mal llamada sociedad civil, pero para ese lado es mejor no mirar ya que la podredumbre moral es tan grande que solamente es superada por la falta de integridad personal.

Critican la reelección a los políticos y se reeligen ellos mismos en sus cargos; les critican la falta de liderazgos, mientras ellos no son líderes; critican la falta de acción cuando ellos no hacen nada. Nuestro destino es uno solo, una mezcla entre Venezuela y Argentina con peores consecuencias y con una crisis más permanente donde ni siquiera nos quedaran, como a los venezolanos, los recuerdos de una Venezuela saudita.

Dominicanos: debemos cuidarnos de todos los partidos políticos de República Dominicana, su fin llegará tarde o temprano; pero al mismo tiempo debemos tener cuidado con las supuestas fundaciones o grupos de la sociedad civil, pues estos, lejos de ser representantes, son delegados de intereses propios o de centros de poder y son incapaces de fungir como vínculos para la solución de los problemas del pueblo dominicano.



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