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Luis Martín Gómez
Desarrollo institucional de las universidades
El desarrollo institucional de nuestras universidades garantiza mayor competitividad a la sociedad económicamente activa de la República; es que la educación superior es una herramienta para el pleno desarrollo social, y desde nuestra óptica muy particular, trabaja no solo lo técnico-científico, sino que aborda dentro del perfil de egresados, en cada una de las áreas del saber, la perspectiva humanista. Esto por aquello de que, primero se es persona y luego profesional.
En este tiempo de crisis, en donde existen tantas variables sociales perturbadoras del sosiego, provocadoras de incertidumbres y ansiedades, las universidades deben reafirmarse en convicciones básicas para poder hacer frente a los grandes retos de hoy, en ese sentido entendemos, en primer lugar, la necesidad de la investigación como base fundamental para un desarrollo sostenible y para una formación intelectual auténtica de nuestros estudiantes. Esto debe ser fundamental, para estar en capacidad de trabajar las bases de una plataforma de desarrollo cualitativo del trabajo y la producción. Segundo, la necesidad de recrear constantemente la universidad para responder a los retos del siglo XXI. Los centros educativos no deben aletargarse en el tiempo, deben trabajar constantemente sus facultades y escuelas. No pueden quedar rezagados en conocimiento, técnica y ciencia. En tercer lugar, debemos destacar la importancia de la formación ininterrumpida del cuerpo docente, como condición indispensable para un auténtico desarrollo institucional. Cuarto, la urgencia de una revisión constante de los planes de estudios, para que respondan al perfil de los profesionales que necesita la sociedad para hoy y para mañana. En este orden, las universidades tienen la necesidad de crear nexos con el mundo empleador nacional e internacional. Quinto, la necesidad de un desarrollo de la planta física que responda a las crecientes exigencias de una institución que interactúa de forma creciente con el ambiente social. Un centro de educación debe contar con una adecuada planta física y con crecimiento lógico y armónico de la misma, porque las universidades deben ser paradigmas de orden y armonía, cultivadoras de la estética. Sexto, la importancia de una reflexión cíclica, en la que se descubran las necesidades y las urgencias del país y del mundo. Séptimo, la necesidad de mantener la identidad de una institución de estudios en lo superior y para lo superior. Muchos centros educativos parecen más negocios, que academias. Octavo y último, una convicción básica: la que, la excelencia necesariamente reclama exigencia.
Si no existe rigor, no habrá excelencia, por ello, exigir al personal una actitud positiva e invertir recursos en pos de la excelencia que necesitamos para entrar en la competitividad, es garantía de seguro éxito.
Las universidades deben tener un compromiso social, que es global y debe abarcar como eje transversal, todas sus acciones; se trata de que deben pretender provocar saltos cualitativos institucionales, tanto internos como externos. Convertirse en modelos sociales de orden institucional y provocar ese orden en los estamentos de la sociedad, esto sería muy beneficioso para el todo social. Hace falta mucha institucionalidad, las casas superiores de estudios deben trabajar en ese doble sentido interno y externo- para ayudar a la nación en la creación de una sociedad más justa, competitiva, comprometida, y solidaria.
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