Chiqui Haddad
Mi éxito radica en que no me cierro a ninguna manifestación de la cultura
Soy de los que dicen que cualquier artista puede ir al Teatro Nacional. Me comprometo a hacerle un buen show a Tulile en esa entidad cultural
Por Cristina Liriano
Sentir el olor al café recién colado, ver el dulce amanecer de un campo tranquilo y recibir un abrazo de los muchachos del barrio, fue el cuadro que formó el crecimiento en la provincia Valverde del hoy productor de espectáculos Chiqui Haddad. Lograr un buen montaje y que la gente lo aplauda son los mejores frutos que puede recibir de su trabajo.
Hoy, cuando siente que le falta hacer el gran montaje de su vida, Haddad habla en exclusiva para la revista Ahora de sus sueños y satisfacciones.
[A]HORA. ¿Quién es Chiqui Haddad?
Chiqui Haddad. Mira yo soy un joven con 49 años que nació en Mao un 22 de abril del 1954. Hijo de unos padres maravillosos. Mi papá muere cuando yo tenía 11 años y esto marca todo lo que es la primera parte de mi juventud, esta muerte me troncha una carrera de músico que a esa edad había empezado.
Luego me mandan a Santiago de los Caballeros y me internan en un colegio, y no pude seguir estudiando. Pero la idea de Chiqui Haddad el artista viene desde muy pequeño.
[A]. ¿Como quién quería ser?
CH. Mis ídolos en esa época eran Josefina Miniño y Johnny Ventura. lo mío era ser bailarín. Mientras todos mis hermanos querían ser camioneros, ingenieros, médicos, yo siempre quise ser bailarín. Pero eso fue duro porque en esa época no se aceptaban mucho a los bailarines.
[A]. ¿Fue difícil para un joven de pueblo decir que lo que le gustaba era bailar?
CH. Eso fue duro para mí. Un punto a mi favor en ese tiempo fue cuando salió la película Saturday night fiver con John Travolta, donde él bailaba mucho. Imagínate en Mao, todavía hoy tenemos muchos tabúes.
[A]. ¿Qué pasó luego?
CH. Estando en Santiago, cuando iba a entrar a la universidad le dije a mi madre que iba a tomar clase de folclor, y se indignó, me dijo que eso no, que no quería que su hijo bailara. Y es cuando entro a estudiar arquitectura.
Logré ocho semestres de esta carrera, hasta que un día audicioné para estar en el Ballet Santo Domingo que era dirigido por mi madre, la que se oponía a que yo bailara. Desde ese momento dejé la universidad y entendí que mi pasión era bailar.
[A]. ¿Qué tan difícil es para un joven estudiar algo que no le gusta?
CH. Muy difícil y frustrante.
[A]. ¿Qué le puede decir a los que están en esa situación?
CH. Definitivamente que busquen lo que les gusta, que no estudien por estudiar. Por la carrera que luché es un trabajo de suerte, a mí me pudo ir mal. Hay que ubicarse, buscar profesionales que te orienten y te digan si está en el camino correcto. Porque resulta bastante frustrante quedarte en un lugar que no te gusta.
[A]. ¿No le gustaría terminar la carrera de arquitectura?
CH. No. De verdad que no, porque yo entendí hace mucho que dejé esta carrera porque realmente no era mi vocación. No me veía en este lado de la vida.
[A]. ¿Cómo inicia su carrera de bailarín?
CH. Después de mi primera prueba empiezo a estudiar y a meterme como bailarín, y es ahí cuando comienzo a enamorarme de esta carrera.
[A]. ¿Cuantas libras tenía al inicio de su carrera?
CH. 145 libras, yo era flaco, es ahora cuando estoy tan gordo, con una dieta que no me deja vivir.
[A]. ¿Cuándo es que se aparta del baile?
CH. Cuando entendí que ya esa era una etapa superada. Cuando me di cuanta que mi verdadera vocación era producir espectáculos y ser coreógrafo..
[A]. ¿Cuándo le llegó la gloria en esta carrera?
CH. Siempre he dicho que fui un agraciado de esta carrera. No duré mucho para empezar a ver los frutos de mi trabajo. En el año 1977 ya estaba en el Teatro Nacional haciendo coreografías, desde ese entonces empecé a ganar dinero.
También digo que estaba en el momento justo, en el lugar indicado y a la hora oportuna.
[A]. ¿Cuál fue su primer gran montaje?
CH. Fue un evento que se celebró en el país en el 1981 en el Teatro Nacional y a mí me tocó hacer la coreografía, y además fue a mí a quien le dieron el cierre de esta actividad que tenía a muchos países invitados. En ese tiempo los nervios estaban a flor de piel, recuerdo que lloré tanto, que al final cuando todos me felicitaban yo lo único que hacía era llorar, pero lo hacía por mi madre, yo me decía lo estoy logrando.
Esto fue mi primera prueba de fuego, desde ahí le demostré a mi familia que yo no estaba equivocado.
[A]. ¿Cómo pasa de coreógrafo a productor tan importante?
CH. Tú sabes que un buen coreógrafo tienes que producir sus coreografías, eso es básico. Producir es crear una historia, y eso era lo que hacía cuando se me buscaba para que le montara la coreografía a algún espectáculos.
Entonces se me despertó el gusanillo y comencé a hacer pequeños montajes.
Una cosa muy importante, a mí me ayudó la época. Cuando yo empiezo a producir, la gente no se fijaba mucho en los montajes. De un espectáculo la gente sólo miraba a los artistas y no criticaba más nada. Hoy es devastador, sobre uno hay un ojo crítico que mata.
También hoy existe más la competencia, hay mucha gente buena que sale al extranjero a prepararse y esto ayuda a que uno trabaje bien.
[A]. ¿Cuál fue el espectáculo que hizo pensando en el ojo crítico?
CH. Creo que fue Para quererte, de Maridalia Hernández.
[A]. ¿Qué tuvo que hacer para que este le quedara bien?
CH. Mi mejor recurso fue que tenía en mis manos a una buena artista, que además acababa de ganar el Festival de Viña del Mar.
Con este espectáculo ganamos todos los premios, y hasta Maridalia ganó en ese año el Soberano que entrega cada año Acroarte.
[A]. ¿Cuáles han sido sus mejores eventos?
CH. Realidad de un sueño, Para quererte, Lo prohibido, Cachita en el país de las maravillas y Papolino dónde está Santa Claus.
De lo que he hecho en estos últimos años puedo decir que fue mi primer Casandra, y por supuesto los Juegos Panamericanos.
[A]. ¿Qué hace para renovarse, para que un espectáculo no se le repita?
CH. Lo primero es que vivo creando hasta cuando hablo con alguien, pero lo básico es que viajo mucho, conozco gente y siempre estoy a la vanguardia de todo.
[A]. ¿Qué le falta por hacer?
CH. Un gran montaje en Broadway.