Labor[a]l
Juventud y empleo
Una luz de esperanza para los jóvenes dominicanos

Por Lauterio Vargas
Cuando se está en adolescencia, la mayoría de los dominicanos, hembras y varones, piensa seriamente en la necesidad de conseguir un empleo para ganar dinero y así poder enfrentar los retos de la vida, pues ante la ausencia de apoyo económico de parte de los padres, un gran porcentaje se ve obligado a dejar los estudios para lanzarse al mercado laboral.
Esa decisión se constituye en el principal dolor de cabeza, ya que ante la falta de formación académica y sin conocer ningún oficio, es como si cayeran en un gran remolino que los arrastra sin remedio al mundo de los chiriperos o trabajadores informarles.
Como forma de tender la mano a esos jóvenes, desde la pasada gestión gubernamental, la Secretaría de Estado de Trabajo (SET), con el respaldo financiero del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), ejecuta el denominado programa Juventud y Empleo, mediante el cual tiene proyectado capacitar en cinco años a 37,000 jóvenes de todo el país en diferentes áreas técnico-laboral, que van desde masajista, electricista residencial, auxiliar de contabilidad, auxiliar de almacén, cajera comercial y operador de plantas generadoras de electricidad.
El programa Juventud y Empleos fue creado en 1998 como un medio de modernización y capacitación laboral, pero su ejecución primaria inició en el año 2001 con la creación de la Unidad Técnica de Ejecución (UTE), la cual coordina los trabajos para hacer posible el proyecto.
Cuando los interesados acuden a la SET en busca de información sobre los cursos son registrados y enviados hacia los centros de capacitación, que también trabajan en la captación de los jóvenes.
Otros medios para captar participantes es mediante convenios interinstitucionales firmados con la oficina de la Primera Dama, la Secretaría de la Mujer, la Secretaría de la Juventud, la Secretaría de Turismo, y la Comisión de Desarrollo Barrial, que contactan a los jóvenes y los envían para que se inscriban en los cursos.
Los aspirantes deben tener la particularidad de ser jóvenes que no hayan terminado el bachillerato, que hayan abandonado los estudios o que no estén estudiando en horario diurno; que sean pobres y con edades entre 16 y 29 años. Aunque el término joven se aplica desde los 16 años hasta los 25, se extendió a 29 años para dar oportunidad a muchos que pasan de los 25 y no se han formado laboralmente. Aún así, el promedio de la edad de los participantes es de 22 años.
La meta es entrenar a 37 mil jóvenes e impartir unos 1500 cursos de capacitación, de los cuales ya han contratado 300, para el próximo año contratarán 350 cursos más y esperan tener una matrícula de 15 mil jóvenes.
Los cursos promedio son de 5 meses, de los cuales 3 meses y medio son de teoría y 45 días para las prácticas laborales
Además de la admisión, los participantes en los cursos reciben un incentivo diario de 40 pesos para el pago de pasaje o la compra de merienda. Un punto importante es que aunque algunos asimilan los entrenamientos mejor que otros, nadie reprueba los cursos, porque el objetivo no es frustrar a los participantes, sino ayudarlos a superarse.
Las autoridades de la SET y la UTE decidieron costear el pasaje y material de apoyo de los participantes, ya que mediante investigación se determinó que uno de los problemas mayores para que los jóvenes se capaciten era el transporte, porque muchos ni siquiera conseguían para el pasaje y eso los obligaba a desertar.
En la actualidad hay 50 centros o institutos donde se imparten los cursos y han solicitado el registro de más de 100 y esperan que para 2004 haya al menos 120 centros participantes a nivel nacional. En el proceso piloto todos los cursos fueron impartidos en Santo domingo, pero en la segunda etapa o licitación se incluirá a Puerto Plata, Sosúa, San Pedro de Macorís, San Francisco, Hato Mayor, la provincia Santo Domingo, Azua, La Romana, Baní, Salcedo, Villa Tapia, Villa Altagracia y San Cristóbal.
Espera que le llamen
Rosa Manzueta es una mujer de 27 años, casada y con dos hijos, que no encontraba forma de insertarse en el mundo laboral. Ante la necesidad de aprender un oficio y conseguir un empleo realizó uno de los cursos que ofrece el programa Juventud y Empleo, y aunque no ha conseguido trabajo, tiene la esperanza de que la llamarán en cualquier momento para darle la buena noticia.
Se enteró del programa Juventud y Empleo por una tía que es amiga de una de las psicólogas que orienta a los jóvenes y se inscribió en un curso de Camarera de Piso o Mucama.
Mi tía me dijo que entrara al programa, porque puede ser que tenga buenos resultados y como yo no estaba haciendo nada aquí, ni siquiera estaba estudiando, me decidí a inscribirme.
Para ser admitida se dirigió a la Universidad de Psicología Industrial, uno de los centros contratados por la SET para impartir los cursos, donde fue entrevistada, llenó una solicitud de admisión y al cabo de unos días la llamaron y le informaron que había sido favorecida con la beca.
Dentro de los requisitos para ingresar al curso le exigieron sólo una copia de la cédula y otros datos personales y una cosa que sorprendió a Rosa es que en vez de pagar, a ella le daban 30 pesos por día para el pago de transporte.
Como parte del curso, Rosa realizó pasantía en un hotel de la Capital, donde aunque no le han dado trabajo la han utilizado como temporera en los días de mucha demanda, como fue durante la celebración de los XIV Juegos Panamericanos.
He trabajo provisionalmente, ellos me llaman y trabajo unos días, pero no estoy fija en el trabajo.
Aunque ella no ha tenido suerte, asegura que algunos de los jóvenes que participaron en los cursos ya tienen un empleo, incluso una de sus amigas se fue para España con un contrato de trabajo como mucama.
Rosa manifiesta que sus proyecciones futuras están centradas en el curso que realizó.
Bueno, esa es la esperanza mía, conseguir trabajo. Pero Rosa no se quedará esperando a que la llamen a la casa y preparará su currículum para llevarlo a algunos hoteles y otros lugares para esperar y ver si me dan trabajo.
Una de las cosas positivas que destaca Rosa es que, aunque no consiga trabajo, el curso le sirvió para salirse del estanque en que estaba metida y motivarse para reanudar los estudios. En la actualidad cursa el octavo grado de la educación básica y aspira terminar el bachillerato e ingresar a la universidad.
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