11 de Noviembre del 2003 • Edición número 1,331
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Perfil de un Vicepresidente


Con un candidato fuerte a la Presidencia, el vicepresidente no tiene tanta importancia



Por Miguel Febles

El Vicepresidente no tiene ninguna función originada en la Constitución del Estado, como no sea la de sustituir al Presidente por causa de muerte, renuncia o ausencia. Por razones políticas, no obstante, se le atribuye una relevancia que en ocasiones parece exagerada.

Desde la convención del Partido Revolucionario Dominicano de 1977, en la que una dura carrera entre los precandidatos Antonio Guzmán Fernández, SalvadorJorge Blanco y Jacobo Majluta Azar produjo un acuerdo entre dos de los cabeza de tendencia que finalmente encabezaron el primero de los dos gobiernos que siguieron al período de los doce años, el Vicepresidente ha tenido momentos de trascendencia y dos períodos inocuos, uno en el gobierno de Salvador Jorge Blanco, y otro en el gobierno de Leonel Fernández. Majluta Azar fue el segundo Vicepresidente de la época post Trujillo que llegó a la posición con vocación presidencial y como parte de un acuerdo dirigido asumar votos.

Perfiles

El primero había sido Francisco Augusto Lora, el abogado cibaeño que acompañó a Balaguer en la boleta electoral de 1966 y del que se dice que esperaba ser el candidato reformista para 1970 sobre la base de un acuerdo que al parecer fue ignorado por el jefe político en ciernes.

La idea era que Lora operara como un elemento de confianza para atraer el apoyo económico y social del Cibao, y como fenómeno de consecuencia los votos de la zona más poblada del país.

Los protagonistas y el cuadro en el PRD de 1977 eran otros. De lo que se trató fue de la alianza de Guzmán, el provinciano, el vegano, con Majluta, el tiguerón de Villa como diría Juan Bosch, para finalmente derrotar a Jorge Blanco, el abogado de Santiago que contaba con el apoyo del sector teórico, intelectual y de clase media alta del PRD de la época. Fue una convención dolorosa que llevó a Guzmán Fernández a la Presidencia, a Majluta a la Vicepresidencia y a Jorge Blanco a la Senaduría del Distrito Nacional. En aquella elección, que trazó la raya entre la prehistoria y la historia actual de la política dominicana, hubo otros dos candidatos importantes. Uno de ellos, Balaguer, llevó como candidato a la Vicepresidencia a Carlos Rafael Goico Morales, escogido por tercera ocasión consecutiva gracias a la maniobra de último momento que dio al traste con las aspiraciones de Fernando Álvarez Bogaert. El otro fue Juan Bosch, con un partido minúsculo, pero con una prominencia indiscutida como político e intelectual, que llevó como candidato a la Vicepresidencia a Rafael Alburquerque de Castro.

aporte del vice

El único de los tres candidatos a la Vicepresidencia que cumplía con la fórmula de aporte, apoyo y equilibrio era Majluta, que complementaba con su cara fresca, origen y cultura capitaleños; parecía un complemento del provinciano ingenuo e inculto que encabezaba la candidatura. Cuatro años después Salvador Jorge Blanco encabezaba la candidatura del PRD, luego de imponerse a la coalición que lo había derrotado en la convención de 1977. Llevó como candidato a la Vicepresidencia al señor concertación, Manuel Fernández Mármol, que revelaba la fortaleza de una candidatura que se bastaba por sí misma, que no tenía la necesidad de un Vicepresidente para proyectarse por todo el país. Fernández no aportaba nada. Los otros dos candidatos fuertes volvieron a ser Balaguer, que finalmente llevó de candidato a la Vicepresidencia a Álvarez Bogaert, y un Bosch sin posibilidades que se hizo acompañar de Rafael Alburquerque, el abogado con intereses en el ramo laboral que empezaba a proyectarse con algún brillo propio en los planos social e intelectual. Mil novecientos ochenta y seis marca un momento importante en la caracterización del candidato a la Vicepresidencia. Majluta encabezaba la boleta del PRD, a la que llegó con la oposición de una parte importante de su partido liderada por el Presidente de la República (Jorge Blanco). Majluta cometió un error al escoger a Nicolás Vargas, santiaguero (es cierto) que no representaba más que a la licorería Bermúdez, nada más, ni a intelectuales, ni a ganaderos o arroceros. Nada. Nicolás Vargas no aportaba y ese error sería repetido cuatro años después por Bosch cuando era favorito para ganarle a Balaguer.

Los otros dos candidatos fuertes de la justa electoral del 86 eran Balaguer y Bosch. El primero dio un golpe de efecto al escoger a Carlos Morales Troncoso como complemento de la candidatura reformista. Morales Troncoso era uno de los hombres del Central Romana, la empresa dura del negocio agropecuario, cañero y turístico en el Este. A la tradicional eficiencia que se le atribuía al zorro de Navarrete había que agregar la sapiencia y eficiencia presumibles de un hombre ligado a la administración de una de las empresas más sólidas y versátiles del sector tradicional de la producción. Bosch llevó como compañero en la boleta del PLD a José Joaquín Bidó Medina, que solo podía exhibir como mérito político haber sido rector de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

El crecimiento sostenido del Partido de la Liberación Dominicana y la división del PRD luego de la derrota sufrida en las elecciones del año 86 empezó a proyectar a Bosch como la carta de relevo desde que la administración Balaguer empezó a dar muestras de incapacidad para responder a expectativas sociales fundadas en las administraciones de Guzmán y de Jorge Blanco. En 1990 era favorito para ganar la Presidencia. Su decisión al escoger al candidato de su partido a la Vicepresidencia hace recordar la que adoptó en 1962, cuando señaló a González Tamayo, un médico de Hato Mayor que antes durante ni después de aquel gobierno significó nada para el pueblo dominicano, y la que tomó Majluta apenas cuatro años antes. La elección del año 90 y la crisis posterior encontraron a Bosch acompañado de José Francisco Hernández, un santiaguero que en el momento duro se rajó y luego daría algunos pasos políticos desacertados para hundirse finalmente en el anonimato del que lo había sacado el autor de Composición Social Dominicana y La Pequeña Burguesía en la Historia Política Dominicana.
Balaguer repitió con Morales Troncoso y José Francisco Peña Gómez, candidato del PRD, llevó a Hipólito Mejía.

La consulta electoral de 1994 fue aleccionadora como ninguna. José Francisco Peña Gómez era el candidato de un PRD fortalecido por el agotamiento de la administración Balaguer y por el fracaso del intento de Bosch. Su candidato a la Vicepresidencia fue Fernando Álvarez Bogaert, llamado a morigerar los enconos que provocaba su carácter, su origen y su color en una parte importante de la población dominicana y a ganarle votos dentro del sector tradicional reformista. Todo concluyó en un desastre y la historia posterior ha mostrado la incapacidad de los líderes para medir de manera adecuada a los candidatos a la Vicepresidencia. Juan Bosch, que estaba acabado, llevó como vicepresidente a Leonel Fernández y Balaguer a Jacinto Peynado. Dos años depués de aquella justa histórica Leonel Fernández, el pálido compañero de boleta de Bosch, accedía a la Presidencia al imponerse a Peña Gómez, que volvía a presentarse con Álvarez Bogaert. Fernández llevó como candidato vicepresidencial en su relampagueante carrera hacia Palacio a Jaime David Fernández Mirabal. Cuatro años después Hipólito Mejía, que fuera el candidato a la Vicepresidencia de Peña Gómez en 1990, cuando no tenía posibilidades, ganaba la Presidencia de la República en la primera vuelta.

Las candidaturas del año 2000 eran para reflexionar acerca del ser y el no ser. Hipólito Mejía, candidato del PRD, llevaba a Milagros Ortiz Bosch como candidata a la Vicepresidencia, Balaguer, candidato del Partido Reformista Social Cristiano, llevaba a Peynado, y Danilo Medina a Amílcar Romero, un insípido funcionario reformista que había estado en las administraciones de la CDE, del Banco Agrícola, de Agricultura y que estaba ligado al grupo Najri, pero que no aportaba siquiera un nombre. Todavía en el ambiente político nacional se cree que la candidatura del PLD fue escogida para perder. Los candidatos del gobierno, encabezados por Medina, no conectaron con los sectores empobrecidos ni merecieron la confianza de los conservadores o moderados, que tenían a un Balaguer agonizante, pero Balaguer, dispuesto a morir por ellos subiendo las escalinatas del Palacio Nacional. Los pobres no tenían a nadie, pero en las calles ondeaba una bandera blanca y ardía un jacho con los que se encontraban identificados a pesar del salto al vacío que significaba un candidato a la Presidencia que la única habilidad que mostraba era la de darle de lado a los asuntos delicados y encontrar salidas de la comicidad vernácula que hacían el deleite de comentaristas, analistas y programeros y de los que lo toman todo a chiste, así sea un asunto de la mayor seriedad.

Ahora nos encontramos de nuevo ante las boletas electorales de los mismos tres partidos que durante los últimos 25 años han mantenido cautivo el interés de la población. El PRSC lleva a Eduardo Estrella, de Santiago, como candidato a la Presidencia y José Hazim Frappier, petromacorisano, a la Vicepresidencia. El PLD escogió a Leonel Fernández y éste ni su partido han escogido a su acompañante en la boleta morada, mientras el PRD sigue entrampado en una crisis interna que mella de día en día sus posibilidades en las urnas.
El equilibrio

Cuando el candidato a la Presidencia proviene de la Capital se suele escoger al vicepresidente de la zona del Cibao, como hizo Balaguer en 1966 a pesar de su origen santiaguero, que escogió a Lora como compañero en la boleta colorá como una forma de comprometer con su causa a los sectores productivos con los que aquel estaba ligado, o como hizo Bosch en 1990, que buscó en José Francisco Hernández el apoyo de la clase media comercial de Santiago para sus aspiraciones, o José Francisco Peña Gómez, que fue a dos justas electorales con Álvarez Bogaert como candidato a la Vicepresidencia a la busca del voto reformista en el que pensaba que podía incidir el antiguo secretario de Agricultura y compañero de boleta de Balaguer durante la campaña del 82. Pero no siempre este procedimiento resulta en el buen sentido de los líderes al escoger si juzgamos por el pobre desempeño político de los vicepresidentes no sólo en el lapso de la historia dominicana que revisamos, sino desde la fundación misma de la República. Leonel Fernández, primero, e Hipólito Mejía, después, son los únicos que habiendo sido candidatos a la Vicepresidencia han encabezado en una ocasión posterior una candidatura exitosa desde que se inauguró la época democrática que siguió al derrocamiento del Triunvirato en 1965. Los dos fueron parte de candidaturas fracasadas, una del PRD encabezada por Peña Gómez en mayo del 90 y la otra del PLD encabezada por Bosch en mayo del 94. Cuando estos dos grandes líderes se vieron con posibilidades de ganar escogieron a otros compañeros para presentarse a los electores.

De este hecho se pueden extraer algunas inferencias, la más importante, que no siempre la incidencia social implica condiciones de liderazgo político. Cuando Balaguer podía ganar, en el 86, escogió a Morales Troncoso, que no ha podido conectar por cuenta propia; cuando Peña podía ganar escogió a Álvarez Bogaert, que ahora se encuentra retirado y camino del olvido; cuando Bosch podía ganar escogió a Hernández, a quien ya nadie recuerda.

Zig zag

Visto el panorama que trazan las decisiones de los partidos y los candidatos a la Presidencia a la hora de escoger al candidato a la Vicepresidencia, se puede intentar un cuadro general acerca de los caminos del éxito y los caminos del fracaso en este arte difícil. Antes, sin embargo, repitamos aquí un punto de vista expuesto antes acerca de la inutilidad de este funcionario al que se le atribuye una función poco noble, consistente en esperar por si acaso... La muerte del Presidente, como ocurrió en 1982 cuando Guzmán Fernández se disparó a la cabeza en un sillón de barbería en el Palacio Nacional, hecho que permitió la juramentación de Majluta la madrugada del cuatro de julio de 1982, o la ausencia por enfermedad, como cuando Joaquín Balaguer se fue a Houston a operarse aneurismas en una pierna y dejó a Carlos Morales Troncoso encargado del Poder Ejecutivo, o como cuando el Presidente Mejía se fue de viaje por Europa y Medio Oriente y dejó a Milagros Ortiz al frente del Poder Ejecutivo. De lo que se trata es de un funcionario con una misión ingrata, pero que por razones estratégicas suele ser escogido de tal manera que sirva como cebo para sectores que de otra manera no apoyarían la candidatura principal. Nada está escrito, pero se reparten posiciones ejecutivas y en ocasiones se hacen nombramientos en la persona del mismo Vicepresidente, que tiene así la oportunidad de manejar recursos humanos y económicos. Morales Troncoso fue encargado del CEA y Canciller, Jaime David Fernández Mirabal fue encargado de Quisqueya Verde y Ortiz Bosch de la Secretaría de Educación, cartera que dispone de una de las partidas más altas del presupuesto en el gobierno. Las dos cosas (recursos humanos y presupuesto) son importantes, porque con uno se le da curso al clientelismo y con el otro se cultiva el patrimonialismo, las dos principales ideologías de los partidos políticos entre nosotros.

Según la Constitución

Artículo 51.-Habrá un Vicepresidente de la República, que será elegido en la misma forma y por igual período que el Presidente y conjuntamente con éste. Para ser Vicepresidente de la República se requieren las mismas condiciones que para ser Presidente. Las condiciones que se requieren para ser Presidente están contenidas en el artículo 50, que las enumera así:

1.-Ser dominicano de nacimiento u origen.
2.-Haber cumplido 30 años de edad.
3.-Estar en pleno ejercicio de los derechos civiles y políticos.
4.-No estar en servicio militar o policial activo, por lo menos durante el año que preceda a la elección.


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