11 de Noviembre del 2003 • Edición número 1,331
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La ‘epidemia’ de los abortos provocados

En República Dominicana se practican más de 200 mil abortos al año, de los cuales unos 80 mil son provocados o inducidos




Por Fausto Araujo

En nuestro país aborto es sinónimo de muerte. En efecto, la interrupción de un embarazo se ha convertido en la principal ruta que lleva al cementerio a las dominicanas que están en edad de procrear.
De acuerdo con expertos y organizaciones de reconocido prestigio nacional e internacional, la mortal peste del aborto juega cada día con la vida de alrededor de 550 mujeres, la mayoría de ellas jóvenes y adolescentes de los diferentes sectores y extractos sociales de República Dominicana.

De conformidad con esos datos, que son avalados por el Banco Mundial y especialistas dominicanos, en el territorio nacional cada año se realizan unos 200 mil abortos, de los cuales más de 80 mil son provocados o inducidos.

La práctica envuelve una respetable cifra de millones en pesos y de dólares. Sin embargo, el reconocido médico Vinicio Calventi ha insistido en asegurar que es muy difícil obtener cifras confiables de la cantidad de abortos debido a que la mayoría de éstos son clandestinos a causa de que esta práctica, contrario a como ocurre en otras naciones, no está legalizada en el país. De esa alarmante cantidad de mujeres jóvenes y adolescentes a las que se les practican abortos en la nación una buena parte pierden la vida, mientras que otras quedan con lesiones severas en sus órganos reproductivos.

Según el doctor Calventi, quien por muchos años se ha desempeñado como director de la Maternidad Nuestra Señora de la Altagracia, el aborto provocado se ha convertido en uno de los males sociales, humanos y de salud más importante de la sociedad dominicana, puesto que da lugar a muchas muertes y a daños irreversibles para la salud general y reproductiva de la mujer.

Las mujeres que recurren a la interrupción de sus embarazos o curetajes corren el riesgo de una infección en la pelvis y en sus órganos o una hemorragia.

Nuestro país ocupa el segundo lugar entre las naciones de América Latina y el Caribe donde más mujeres mueren a causa de complicaciones en el embarazo y el parto.

La situación ha alcanzado un nivel tal que entidades como las organizaciones Mundial de la Salud, Panamericana de la Salud, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia y el Banco Mundial, entre otras, han considerado el problema como “una tragedia nacional”. Y no es para menos.

En la actualidad la mortalidad materna afecta a unas 700 dominicanas en edad reproductiva por cada 100 mil niños nacidos vivos, en tanto que se estima que por cada una de esas muertes entre 10 y 17 mujeres sufren enfermedades o incapacidades que las afectan por el resto de sus vidas.

Las causas de esas muertes o lesiones graves son atribuidas al deterioro de la economía nacional, al bajo nivel de vida de las familias, al abandono de los centros de salud pública, al alto costo de las consultas privadas y los precios de los medicamentos, así como a las complicaciones del aborto espontáneo o inducido.

El doctor Calventi afirma que en la mayoría de los certificados de defunción de las mujeres que pierden la vida como consecuencia de un aborto -como el papel lo aguanta todo- se pone cualquier cosa como causa de la muerte menos la real, porque los médicos temen ser perseguidos por desarrollar una actividad que está prohibida.

UNA PRÁCTICA ANTIGUA

La práctica del aborto data de antes de Cristo. Las investigaciones realizadas indican que un tratado escrito por el emperador chino Shen Chung, en el año 2737 antes de la era cristiana, hace alusión al instrumental y las técnicas utilizadas en el aborto.

De igual manera dan cuenta de que los hindúes crearon por su lado el llamado Código de Menú, el cual planteaba que cuando una mujer casta quedara embarazada de un individuo de casta inferior ella tenía que ser sometida a una maniobra abortiva inmediata o que de lo contrario debería acudir al suicidio.

Sócrates fue simpatizante del aborto en la antigua Grecia, pero lo acondicionaba a que se llevara a cabo cuando la madre así lo quisiera. Aristóteles lo justificaba cuando se trataba de una madre que ya tenia muchos hijos.

En el recién pasado siglo XX la primera nación que permitió la liberalización del aborto fue la antigua Unión Soviética, actitud que fue inmediatamente seguida por Lituania en el 1932. Para la década de 1970 tres de cada cuatro embarazos que se registraban en la antigua Unión Soviética culminaban en abortos espontáneos, inducidos o provocados.

‘EPIDEMIA’ MUNDIAL

De acuerdo con organismos internacionales y especialistas en la materia en los últimos años el aborto inducido se ha convertido en una de las principales ‘epidemias’ mortales que azotan a la humanidad.

En la actualidad en los Estados Unidos se producen 20 ó más abortos cada 15 minutos, los que aproximadamente se elevan a unos 2 mil diarios, 60 mil al mes y 1 millón 200 mil cada año.

En Alemania, Bélgica, Italia y Francia se presume que el número de abortos casi se iguala al de los nacimientos, mientras que en Japón la práctica se expande considerablemente, y en Inglaterra, Suecia, Dinamarca y Noruega se han establecido clínicas legales para el aborto.
Según cifras médicas, en Polonia se practican 300 mil abortos inducidos cada año y en la mayoría de las provincias de esa nación el aborto ilegal cuesta hoy más de 15 millones de zlotys (alrededor de 750 dólares).

En Brasil la ‘epidemia’ del aborto afecta al año más de un millón de mujeres.

En términos generales, datos aportados por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (FNUAP) indican que cerca de 60 millones de embarazos no deseados en el mundo terminan en un aborto inducido. En el caso particular de Latinoamérica, el mismo organismo revela que a principios de los años 80 se estimaba que cada año 3.4 millones de mujeres recurrían al aborto provocado, con una tasa de 45 abortos por cada 1,000 mujeres en edad reproductiva.

ABORTOS CLANDESTINOS

Un estudio hecho por el FNUAP en la región arrojó que las mujeres que recurren a abortos clandestinos, realizados por personas no capacitadas, enfrentan un riesgo de morir entre 100 y 150 veces más que una mujer que tiene acceso a una interrupción de embarazo bajo condiciones higiénicas y llevado a cabo por profesionales.

La investigación da cuenta de que en los actuales momentos existen más de 24 millones de mujeres jóvenes entre 15 y 19 años de edad en la zona que están expuestas a padecer las consecuencias de un embarazo prematuro.

A menos que se apliquen drásticas medidas para prevenir este problema el embarazo en las adolescentes y, en efecto, los abortos continuarán aumentando, advierte el FNUAP.

Como consecuencia de la alta incidencia de la práctica abortiva en la mayoría de las naciones del mundo, en la Conferencia de El Cairo, Egipto, se reveló que a nivel mundial se ha estipulado que alrededor de 500 mil mujeres pierden la vida cada año por causas relacionadas con el aborto.

En República Dominicana -donde ya hemos dicho que se registran unas 200 mil interrupciones de embarazos cada año, de las cuales más de 80 mil son provocadas- proliferan “clínicas clandestinas” donde se practican abortos o curetajes.

En esa práctica no legalizada, que mueve una millonaria suma de dinero, exponen diariamente sus vidas cerca de 550 mujeres dominicanas, la mayoría de ellas jóvenes y adolescentes.

La revista Populations Reports, de los Estados Unidos, en un estudio que hizo en el país determinó que los costos económicos para tratar un aborto complicado vale más del doble de uno incompleto, pero sin otras complicaciones, y que es más de doce veces superior al costo de un parto normal.

Al tratar ese tema, el FNUAP asegura que el 50 por ciento de los presupuestos de los hospitales se gasta en el tratamiento de las complicaciones del aborto, lo que implica un alto costo financiero para las naciones.

Agrega que las admisiones en la maternidad de los hospitales de algunos países latinoamericanos por problemas de interrupciones de embarazos representa el 40 por ciento.

Ante esa realidad, y visto el caso particular de República Dominicana, el doctor Calventi plantea que el aborto provocado crea un problema mayúsculo de salud pública.

Dado el elevado costo que se tiene que pagar para practicarse un aborto y el riesgo que el mismo implica, muchas mujeres recurren a ingerir una serie de remedios caseros y pastillas con el fin de interrumpir un parto.

En ese sentido, la Federación Dominicana de Médicos que Respetan la Vida Humana ha denunciado la venta indiscriminada de la pastilla conocida con el nombre de Citotec, la cual es adquirida en las farmacias por millares de mujeres para provocarse abortos en cualquier etapa del embarazo.

Luego de hacer un sondeo en diversas farmacias de Santo Domingo y de otros puntos del país, la organización ha planteado que el citado medicamento ha alcanzado una demanda extraordinaria en los últimos tiempos.

Con sobrada razón la Conferencia Mundial de la Mujer resolutó que el aborto clandestino ha sido y continúa siendo el principal problema de salud pública que afecta a las mujeres en edades reproductivas en la sociedad dominicana y otros partes del mundo.

Por lo pronto las medidas más atinadas que se pueden tomar para evitar esta mortal epidemia, salvar la vida de miles de jóvenes mujeres y ahorrarles cuantiosos millones de pesos a las familias y al Estado dominicano son la prevención del embarazo mediante el uso de métodos anticonceptivos, la información y los servicios de planificación familiar, así como la educación sexual.


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