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Rafael Peralta Romero
Eso sí tiene ciencia
Cuando la jovencita Amelia Vega visitó el país después de ganar la corona de Miss Universo nos enloqueció tanto que algunas presentadoras la llamaron exponente de la belleza y la inteligencia de la mujer dominicana. En medio de la emoción que nos reportara su triunfo, me pareció muy injusto y exagerado atribuirle a esta tierna adolescente representación alguna en lo que al talento del sector femenino dominicano se refiere.
La otra injusticia en este mismo sentido la cometemos cuando sólo señalamos a damas de una determinada rama del saber para señalar a las que consideramos más desarrolladas en el cultivo de la inteligencia. Zoraida Heredia viuda Suncar, Ivelisse Prats Ramírez, Carmen Imbert, Ramonina Brea, Magaly Caram, Marianne de Tolentino o Aída Bonnelly de Díaz son nombres que podrían aflorar fácilmente.
Cuatro mujeres, a quienes las gloriosas y combativas dirigentes feministas no conocen, hacen posible el milagro de dominar la naturaleza para reproducir en un modesto laboratorio especies vegetales superiores a las que germinan en el ambiente natural. La preeminencia radica en la resistencia de la planta a elementos nocivos y en la calidad del producto obtenido.
Se trata de una obra científica hecha con amor y precariedades, a partir de la cual se puede mejorar considerablemente la producción agrícola en nuestro país. Me refiero al INIA (Instituto de Investigaciones Agropecuarias), que funciona en la estación de la Universidad Autónoma de Santo Domingo en Engombe.
Bernarda Castillo estudió agronomía en la UASD y cursó una maestría en los Estados Unidos. Con ella trabajan Carmen Herrera, Antonia Tapia y María Antonia Reynoso. Las vimos trabajar en una cabina que cuidan como se atiende en los hospitales la sala de recién nacidos: se entra descalzo y con bata. Allí vimos cómo una porción minúscula de tejido se multiplica y se obtienen de ella, por ejemplo, diez plantitas, cada una de las cuales en tres semanas tendrá un promedio de cinco brotes o yemas.
Cientos de potecitos de compota se conservan allí con maticas de diferentes edades que esperan su turno para ser cambiadas de hábitat. De los cuidados especiales pasan a un vivero al aire libre para que aprendan a convivir con la lluvia, el sol y las caricias de lagartos.
Ese centro ha trabajado suficientemente, con resultados conocidos, en la diseminación de una especie de plátanos capaz de vencer a la temible sigatoka negra, una plaga fatal para las plantaciones bananeras. La variedad obtenida ofrece, además, mayor cantidad por mata.
El INIA lleva a cabo también un programa de creación in vitro de una yerba forrajera cuya reproducción en medio natural permite suministrar a caprinos y ovinos un alimento rico en proteína que permite la sustitución del sustento importado, con el consiguiente ahorro de divisas.
Lechosas inmunizadas de nacimiento a los virus que suelen atacar este cultivo resultan también del trabajo de estas mujeres, que han escogido la perfección de la naturaleza como forma de aplicar su inteligencia.
Se maquillan, se peinan y llevan accesorios netamente femeninos, al tiempo que trabajan para realizar el prodigio de sembrar y multiplicar en clima caliente unas fresas que paren cual si fuesen levantadas en Constanza o en Los Andes. Pero no sólo fresas, también piña pan de azúcar sale de las investigaciones del INIA.
Quizás las impulse la femineidad, pero la ingeniera Bernarda Castillo insistió en hablar de su proyecto de multiplicación de orquídeas. Mucha gente intenta obtener este arbusto ornamental por semilla, pero ese es camino equivocado. Muestra un frasquito con decenas de plantitas y luego nos conduce al vivero donde crecen airosas, algunas florecidas, vivos pregones del éxito.
Algunos viveros comerciales se surten allí de esta especie, tan apreciada por la gente de buen gusto. Con la venta de orquídeas y las demás especies se mantiene este laboratorio, digno de más apoyo. Es una entidad científica que parte de tres objetivos: docencia, investigación y producción. Pero eso no tiene que impedirle desarrollarse como entidad productiva.
Hablando de ciencia, con frecuencia la profesora Castillo hace referencia a Dios. Piensa que El apoya mucho el laboratorio porque operando en un edificio penetrado de filtraciones, sin un generador eléctrico que garantice el aire acondicionado requerido por los bebés vegetales y con limitaciones de otro tipo, aun trabaja con eficiencia. Dios ronda en ese lugar, cree Bernarda Castillo.
Ese templo de la ciencia merece mayor atención, porque haciendo lo que allí se hace es como se mide el grado de desarrollo de una nación. Y no se olviden, estas mujeres, militantes de la ciencia como decía Darío Solano, hacen honor a la inteligencia femenina. Y más allá.
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