27 de Octubre de 2003 • Edición número 1,329
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Francisco Cruz Pascual

Trabajar la identidad



En este tiempo de avances vertiginosos el mundo educativo debe analizar los cambios producidos por el mundo social, económico y político, y las consecuencias que tienen éstos en la enseñanza y el trabajo de los docentes. El mundo en el que vivimos está en crisis como consecuencia del surgimiento de nuevas condiciones sociales, por lo que debemos reconceptualizar todo el andamiaje de valores que servían de base a la modernidad. La identidad social de hoy, es decir, el mundo postmoderno, es flexible.

Porque en la esfera de lo personal la postmodernidad recupera el valor de las emociones, vuelve a la identidad individual sobre la colectiva, revalorando las diferencias y rescatando la autonomía. Es que la escuela debe convertirse en combatiente para lidiar con el cambio, para torear los excesos y aminorar los abusos.

Debemos fortalecer el trabajo hacia la identidad de nuestro capital humano presente y futuro. Debemos estudiar de nuevo la sociología para eslabonar su estudio con la identidad individual y social. La sociología es la ciencia que se dedica en forma sistemática a estudiar las estructuras y relaciones sociales. Tenemos necesidad de volver a los análisis sociológicos porque la sociología es tan extensa como la realidad humana. Necesitamos volver a tener en prioridad el estudio de las características muy concretas que configuran el contenido de la sociedad humana para de ese modo entender con profundidad lo que acontece en nuestra “aldea global”. Debemos –como educadores– volver al estudio de los componentes de nuestra sociedad, discutir los que deben ser escenarios futuros deseados y no deseados, cómo serán los grupos o instituciones futuras, cómo se dará su continuidad, cómo se realizarán, sus relaciones, cuáles serán sus roles, si existirá o no una conciencia colectiva. En otras palabras, debemos ser actores activos en la reingeniería de la sociedad en la que viviremos nuestros últimos años y vivirán su vida las futuras generaciones.

Hoy, más o menos, nuestra escuela trabaja la identidad individual de la persona a través del currículo. Va moldeando la personalidad de cada uno y lo hace -cada vez más- desde menor edad.

La personalidad –sociológicamente hablando- es organización dinámica de ideas, actitudes y hábitos que se encuentra montada sobre el cimiento de los mecanismos psicofísicos biológicamente heredados de un organismo y sobre las pautas culturales, que comprende todas las adaptaciones de los motivos, deseos y propósitos del individuo a las exigencias y potencialidades de su medio social y subsocial.

La personalidad comprende –siempre desde el punto de vista sociológico: a) El foco de conciencia; b) El área preconsciente de la experiencia sensorio-motora y de los recuerdos, ideas, deseos, actitudes y propósitos no reprimidos y c) Las formas de conductas susceptibles tanto de observación como de influjo por parte de otros.

Por ello, debemos insistir en el combate permanente de la escuela frente al desbordamiento irreflexivo y ante los excesos indicados por una sociedad de “comida rápida”, que todo lo que necesita lo quiere para “ayer”. La escuela debe volver al estudio de las características propias de la sociedad que tenemos hoy para poder acompañar los cambios, haciéndolos ecuánimes. ¿Qué haremos con el espíritu de solidaridad de nuestra sociedad moderna? Esa solidaridad engrandecida por un sentimiento de pertenencia que cohesionaba a sus miembros y les daba solidez y sustancia. ¿Qué hacemos con la orientación totalizadora, que todavía hoy –más o menos- da unicidad social a través del monopolio de la violencia legitima? ¿Cómo será la socialización llevada a cabo por la escuela? ¿Cómo socializarán las normas jurídicas? ¿Cómo hacemos el dinamismo social algo ético, humano y equitativo? ¿Cómo funcionará el freno cuestionador?

Y la familia, esa célula básica, más fácil de identificar que de definir, porque su existencia descansa sobre vínculos de parentesco y éstos varían de cultura en cultura; ¿Cómo será el desarrollo pleno de la postmodernidad y el matrimonio, la unidad que creará la familia, que en la modernidad posee contenidos jurídico, social, cultural y espiritual? ¿Cómo evolucionará en el mundo postmoderno?

El futuro es construido por el hombre y la mujer en el día a día. La escuela puede ayudar a construir –y de hecho lo hará– un futuro menos deshumanizado, se logrará este mundo con más o menos nivel de humanidad dependiendo de la calidad y cantidad de esfuerzos de la escuela. El futuro depende de los educadores y de la educación.



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