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Wilfredo Mora
La muerte de la violencia
El concepto de cultura de la violencia apareció con posterioridad, al menos en América Latina, ello fue posible gracias a los informes de comisiones encargadas de estudiar la violencia social entronada en el entorno urbano, cuyas consecuencias más directas eran la alteración del equilibrio económico, pero sobre todo político, lo cual generó comentarios entre la gente que supuso la existencia de una posible cultura de la violencia.
En algunos países la comisión se ocupó del fenómeno de la violencia relacionada a problemas actuales y específicos, de problemas culturales y sociales propios del momento. Así tenemos el caso de Argentina, que creó una comisión para explicar la violencia alrededor de los desaparecidos de la dictadura militar lo sé porque dicha comisión fue presidida por Ernesto Sábato y porque uno de sus aportes consistió en la exploración del proceso de la violencia, de las representaciones de los demás en cuanto a lo existencial, generacional y simbólico del fenómeno. En Colombia o en el Perú, esta comisión se ocupó de la violencia que derivó de la guerrilla, los escuadrones paramilitares y de los secuestros.
Fenómeno masivo, sin duda, su atención está vinculada a los grandes medios de comunicación que han tratado de revelarnos sus cualidades más íntimas. La contextualización del mismo alerta sobre la muerte de la violencia, o lo que es lo mismo, la violencia de la muerte. Porque en el anverso y el reverso ambas significan lo mismo: una cultura de muerte.
Surgen entonces las razones de las causas de la violencia, entre las que sin duda se destacan: apología del machismo, la ideología del éxito, las dotes de la competitividad, el afán de lucro, el sentimiento de ser, sobre todo de tener, como uno de los rasgos más frontales de la cultura actual. Pero es a los adultos jóvenes a quienes más alcanza, por los antivalores y los antihéroes en los que creen y a quienes obedecen todo el tiempo.
La muerte de la violencia es inseparable de la muerte del sicario, del secuestrador o del delincuente político; la complejidad de la violencia es cada vez más una industria, una organización mortal, que prospera cada vez más rauda, como otrora era notorio el progreso de las drogas en las ciudades, o como los socios eficientes de la cocaína que se define por su espíritu de organización y que trabajan con entusiasmo a favor de grandes masas de consumidores adiestrados por la sociedad del gadget, de la opulencia y de las contradicciones.
La muerte de la violencia tiene otras cosas en común y es la de alimentarse de estas contradicciones y así crear espacios de terror, que de manera furtivas se van engendrando en la población; la muerte es un drama con efectos de demostración, entre la cercanía y la lejanía del juego del azar, entre la vida y la muerte, entre el sentimiento de lo inesperado y el miedo de ser alcanzado por lo desconocido.
La muerte de la violencia tiene un vector, es el de las variantes de las muertes que produce, el de los métodos que difieren según el objetivo y el de las causas a los cuales sirven.
La violencia sicaria que ha sido objeto de estudio representa una modalidad de violencia ya identificada a la violencia privada o el ajuste de cuentas. Tal como ha ocurrido en otros países, escuadrones de la muerte contra ciudadanos marcados o como medio de escarmiento.
Muchas son las características psicológicas del sicario, muchos aspectos particulares definen la comunicación entre los sicarios, así como las etapas de las operaciones. Su presencia está asociada, en todo caso, al recurso de la muerte como forma de hacer justicia por medios propios, o de arreglar a los faltones, a los delatores, y a los testigos de actos delictivos.
Desconozco los orígenes del sicariaje; si éste tiene su origen en la dictadura de Trujillo o en los remanentes de sus continuadores, o si es anterior a ambos. Me gustaría poder estudiarlos algún día.
El término sicario viene del latín sicarius, que significa matón a sueldo, y sica era un puñal corto y afilado que se utilizaba para tales propósitos. Para entender cómo funciona el sicario es menester reconocer que él representa al actor material del acto criminal, que sus actos se sostienen en la existencia de un contratante (autor intelectual), unos facilitadores, que junto con el sicario son los que llevan a buen término las operaciones. Es todo.
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