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Nueva York
La alcancía de los políticos dominicanos en campaña
La comunidad dominicana residente en esa urbe se considera utilizada por los candidatos a puestos públicos en la isla que acuden allí sólo a recaudar dólares cuando están en campaña.
Por Franklin Gutiérrez
Hace un par de meses el PLD y el PRSC eligieron a Leonel Fernández y a Eduardo Estrella, respectivamente, como los candidatos que representarán a dichas organizaciones políticas en la contienda electoral del 16 de mayo de 2004. Incluso ambos partidos ya iniciaron sus campañas políticas.
Mientras tanto, los siete aspirantes a la nominación presidencial por el Partido Revolucionario Dominicano continúan apuntando a la solución de un serio problema interno que ha generado disgustos y malestar en el perredeísmo: los deseos reeleccionistas del presidente Hipólito Mejía.
Aunque la campaña electoral está apenas iniciándose, lo que en el argot político se llama etapa de calentamiento, los candidatos que aspiran a puestos públicos para el periodo 2004-2008 desde hace meses están viajando a New York en busca de recursos económicos para subvencionar sus campañas. En noviembre del 2002 ([A]HORA 1279), Carlos O. Pérez observó: Los dominicanos residentes en New York, Boston, New Jersey y Miami han despertado el interés de los aspirantes a la nominación presidencial por los diferentes partidos políticos, quienes se han empeñado por establecer sus equipos de campaña en esas ciudades norteamericanas. Entre dichos candidatos figuran: Hatuey De Camps, Enmanuel Esquea Guerrero, Jacinto Peynado y el propio Hipólito Mejía, quienes han tomado como punto de partida para impulsar sus aspiraciones presidenciales a la ciudad de New York.
Los políticos del patio saben que gran parte el pueblo dominicano ha hecho de la política una pasión y, muchas veces, un estilo de vida que arrastramos a dondequiera que vamos. Por eso no es extraño encontrar en las esquinas formadas por las calles Saint Nicholas (un buen tramo de esta avenida se llama Juan Pablo Duarte) y la 181, o en la Avenida Nagle y la calle Dickman del alto Manhattan a grupos de dominicanos defendiendo acaloradamente a los partidos de su preferencia y a sus respectivos líderes.
Existe, de hecho, un denominado Comité de Dominicanos en el Exterior, presidido por Máximo Padilla, al que se han sumado numerosos dirigentes y otras agrupaciones comunitarias para reclamarle al Gobierno dominicano y a los partidos mayoritarios la agilización de los preparativos para que los criollos residentes en New York puedan votar en las elecciones del 2004.
Empero, ni al Estado dominicano ni a los tres partidos tradicionales parece interesarles mucho el tema del voto en el exterior. Al primero por lo costoso que resulta el montaje de unas elecciones fuera del territorio nacional. Y a los segundos porque han descubierto que, aunque los dominicanos residentes en el extranjero no puedan ejercer el derecho al voto, hay muchos de ellos dispuestos a donar dinero y a organizar actividades captadoras de dólares.
DECEPCIONADOS
Sin embargo, no son pocos los nacionales residentes en New York que rechazan y catalogan de oportunistas las visitas de los políticos a la urbe neoyorquina en época de campaña. La razón de dicho rechazo es obvia: los candidatos saturan a gran parte de la población dominicana neoyorquina con cenas, encuentros amistosos, reuniones con comerciantes y profesionales, conferencias, etc., cuyos precios oscilan entre 150 y 300 dólares. Se supone que los ingresos generados en esos eventos proselitistas son sustanciosos, pero la cantidad recolectada es un secreto que solamente conocen los organizadores de dichas actividades y los candidatos beneficiados.
La queja generalizada de quienes han contribuido económicamente con muchos aspirantes a la presidencia de la República es que cuando éstos llegan al poder se olvidan de ellos. Los políticos nacionales han hecho de la recolección de dinero en la comunidad dominicana residente en New York un lugar común, una alcancía que destapan cada cuatro años.
Muchos paisanos recuerdan todavía las palabras desalentadoras pronunciadas por Hipólito Mejía en la escuela Salomé Ureña del alto Manhattan pocos meses después de llegar al poder en el 2000: El país no tiene mucho que ofrecerle, háganse ciudadanos norteamericanos, quédense aquí y no descuiden el envío de dólares a sus familias allá.
En esa ocasión al presidente Mejía poco le importó que quienes fueron a escucharlo esperaban un discurso más alentador y, por qué no, algún tipo de compensación que retribuyera el esfuerzo de su audiencia para ayudarlo a escalar hasta la primera magistratura de la nación.
El propio Hipólito Mejía declaró el 25 de agosto del 2003 en Miami que los dominicanos residentes en los Estados Unidos aportan al país unos 3,000 millones de dólares anualmente, cantidad que supera el presupuesto nacional. ¿Y qué reciben los dominicanos establecidos en New York a cambio? Apenas una Casa de la Cultura, infuncional y empobrecida, servicios consulares a precios exorbitantes, una promesa de voto en el exterior que no parece concretizarse nunca, una doble nacionalidad de aceptación cuestionable, numerosos proyectos habitaciones jamás edificados, pero sí parcialmente cobrados, y unas facilidades navideñas cuyo valor en mercancías exoneradas de impuestos no debe superar los mil dólares. Esto sin mencionar los obstáculos aduanales para retirar sus pertenencias a aquellos que deciden retornar al país.
HÉROES ANÓNIMOS
El 12 de julio del 2002 Jacinto Peynado, al referirse a los dominicanos residentes en New York, escribió en el periódico Listín Diario: son héroes anónimos que merecen que todos los que vivimos en la isla sepamos lo que hacen, cómo viven, cómo piensan y sobre todo cómo mantienen el cariño por la patria y no abandonan sus costumbres.
Lo interesante sería saber si esos héroes elogiados por Peynado dejarían de ser anónimos en caso de que él llegara a convertirse en presidente de la República.
Para Ernesto Calderón, un pequeño comerciante de frutas de Washington Heights que se declara víctima de los políticos criollos recaudadores de dinero en New York, el voto en el exterior es un mito, una promesa que a los políticos no les importa cumplir dado que sólo les interesa exprimir económicamente a la comunidad.
No se justifica dice Calderón que la Junta Central Electoral, cuyo presidente ha asegurado en reiteradas ocasiones que el voto en el exterior será una realidad para el 2004, no haya empadronado ni siquiera diez mil personas todavía. Así mismo, es bochornoso que los tres partidos mayoritarios hayan tomado con tanta frialdad la lentitud con que la Junta Central Electoral está expidiendo las cédulas electorales que permitirán a los dominicanos residentes en New York, Miami y Boston concurrir a las urnas el 16 de mayo del 2004.
Luego de haber militado en dos agrupaciones políticas dominicanas y una norteamericana que han gobernado sendos países, Florentina Candelario, una espigada mocana propietaria de un salón de belleza en Washington Heights, dice con cierta picardía y decepción: Los políticos son como los hombres pobres enamorados, ofrecen mucho y no dan nada. Sostuvo que el único interés de los políticos dominicanos que vienen a New York es el dinero.
PROVINCIA ELECTORAL
Contrario a la idea promovida por varios líderes y dirigentes políticos criollos, el porcentaje de dominicanos residentes en New York interesados en votar por los candidatos que ofertan los partidos tradicionales no es muy elevado. Unos porque se han afiliado a la política norteamericana, sea al Partido Demócrata o al Republicano, y otros porque entienden que si el Gobierno dominicano es incapaz de resolver los problemas de los que viven en la isla menos podrá ayudar a los que han emigrado por la crisis económica.
La propuesta que parece interesarle más a la diáspora neoyorquina dominicana es que las autoridades electorales nacionales le otorguen a la comunidad dominicana de New York la categoría de provincia electoral. De ese modo, los erróneamente llamados dominicanos ausentes podrían elegir, por lo menos, un representante ante el Congreso Nacional que vele por sus intereses. Eso posiblemente los motivaría a apoyar económicamente a sus candidatos cuando éstos se desplacen a New York a buscar los codiciados dólares. |
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