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Músic[a]
Tite Curet Alonso
no aparece en la Enciclopedia Encarta
Por Alfonso Quiñones
La Enciclopedia Encarta del 2002 no tiene entre sus entradas datos acerca de Catalino (Tite) Curet Alonso, el famoso compositor puertorriqueño que acaba de morir a los 77 años de edad, en un hospital de Baltimore, en Maryland, Estados Unidos.
Tite Curet, quizás el más importante compositor de música popular de la Isla del Encanto, llegó un día de febrero del 2000, a bordo de una lujosa limusina, a la sede de Radio Universidad, en el recinto estudiantil de Río Piedras (Puerto Rico). Allí lo esperábamos admiradores y amigos para festejar sus 75 años. Lo conocí brevemente, le fotografié junto a Andy Montañez, también junto a Cheo Feliciano y a Choco Orta, apenas tres de los tantos que en esta vida fueron intérpretes de sus canciones que son conocidas en todo el ámbito de la cultura hispánica.
La Lupe, aquella cubana hecha de puros nervios, quien tampoco aparece en esa edición de la enciclopedia digital, fue una de sus más renombradas intérpretes e hizo todo un hit de Puro teatro. Tito Rodríguez, el más admirado de Gilberto Santa Rosa, fue otro de los cantantes que elevó las creaciones de Tite a planos casi celestiales. Elena Bourke, Willie Colón, Ismael Rivera, José Antonio Méndez y Rubén Blades han tenido en sus repertorios algunas de las obras más relevantes de Tite Curet.
Blanca Rosa Gil precisamente, quien por los días que conocí a Tite Curet regresaba al escenario tras dieciocho años de retiro espiritual, llevó a su voz muchas de las creaciones del boricua que supo adentrarse tanto por los vericuetos de la psiquis femenina. El gran tirano conocido popularmente como La Tirana fue otro de sus bolerazos vibrantes de dramas en los que siempre ocurrían sucesos más allá de la pura letra de sus textos.
Conocí a Tite brevemente, hace apenas dos años, y en alguna ocasión hablamos por teléfono prometiéndonos otro encuentro, ya que el maestro iba a ser operado de la vista. Por aquellos días escribía yo el libro acerca de Andy Montañez. Quiso que en el libro apareciera su opinión acerca de El Niño de Trastalleres, y como fue imposible por lo antes explicado le hice una dedicatoria al final del libro a modo de agradecimiento. Ahora me sorprende su defunción estando yo en La Habana, ciudad que prometió visitar desde que el Festival Boleros de Oro fuese dedicado a su persona y obra hace algunos años.
UN MULATO SENCILLO
Curet era un mulato tradicional, sencillo y apegado a sus raíces ancestrales, cuya imagen para nada tenía que ver con aquella limusina que le trajo a la Universidad de Río Piedra a recibir el merecido homenaje. Fiel a sus anchas y coloridas camisas africanas, parecía siempre un folclorista de aquellas latitudes visitando las islas caribeñas a la cual habían traído costumbres y tradiciones sus antepasados de Togo o Costa de Marfil. O un rey Ifá llegado de aquella ciudad nigeriana.
Dicen que en las mañanas usualmente caminaba por las calles viejas de San Juan y la gente lo saludaba como parte del paisaje. Dicen que la ciudad lo sentía como parte suya. Aunque había llegado del sur de la isla, hacía muchos años que se había adueñado de la respiración de San Juan, de sus palomas y los aleros y balcones antiguos, del aire y del pulso.
Tite Curet Alonso supo llevar al pentagrama las asociaciones anímicas de los amores borinqueños, que son exactamente iguales que los dominicanos, los argentinos o los neoyorkinos. La perla, Carcajada final y Periódico de ayer son apenas algunas de las obras que se escuchan en las voces de sus intérpretes preferidos. Y lo mejor: se continuarán escuchando muchos años, cuando ya casi no queden personas que hayan conocido a aquel hombre de mirada noble, de cálida palabra, sonrisa sencilla y verbo transparentes. Un hombre que escribió con la luz de la bondad en su sección del periódico puertorriqueño Primera Hora. Un hombre que quiso devolverle a la vida en canciones cada uno de los momentos que fue visitado por la Gracia.
La salsa no aparece en las enciclopedias, como tampoco Tito Rodríguez, La Lupe o el mismísimo Tite Curet Alonso, que acaba de decirnos adiós tan sencillamente como vivió. Compay Segundo y Celia Cruz, que se le adelantaron en el adiós definitivo con sólo pocos días, sí están recogidos por la importante publicación digital. Ojalá que en la edición del 2004 estén su foto y sus datos, porque hizo mucho por la cultura de su pueblo. La Encarta se lo debe. |
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