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De disparates
e indignidades

Por Jacinto Gimbernard Pellerano.
A lo mejor se me ha escapado, pero no tengo noticias de que ni aun Fidel Castro haya calificado al Departamento de Estado norteamericano de disparatoso. Podrán calificarse despectivamente sus líneas políticas como se pueden considerar y adjetivar con indignado rechazo prácticamente todas la líneas de su gran política internacional pero calificar de disparate la declaración de Kelly Shannon, vocera de la Oficina de Asuntos Consulares del potentísimo y eminencial Departamento de Estado norteamericano, en cuanto a que la revocación de la visa del señor Gómez Mazara nada menos que consultor jurídico del Poder Ejecutivo de la República Dominicana estaba amparada en las leyes de inmigración y su vínculo directo o a través de familiares con el narcotráfico y actividades ilícitas, declaración difundida por la agencia internacional de noticias Associated Press. La calificación de disparate repito, expresada el viernes 10 del corriente mes por el sorprendente presidente Mejía, que no nos da tregua, sobrepasa cualquier presunción de límites.
Pero el asombro no se detiene aquí.
El señor Gómez Mazara, que siempre nos ha parecido imprudente por insensatez, una insensatez que los beneficiarios de sus influencias presidenciales llaman dulcemente cosas de juventud, como si los años por él vividos, que son más, en su caso, de los que vivieron en la tierra ilustres y venerados héroes de la política, la guerra y las artes, constituyeran un manto mágico como la Tarnkappa de Sigfrido o la invulnerabilidad de Aquiles, el griego, cuyo único punto vulnerable desde que su madre lo bañó en la laguna Estigia era el talón por donde había sido asido. También Sigfrido, bañado en la sangre de un dragón, tuvo un punto vulnerable al caerle una hoja de tilo sobre la espalda, que le dejó un pequeño espacio sin protección y que permitió que una flecha diestramente disparada alcanzara el punto.
Con esto quiero decir que las inmunidades e impunidades, aun propiciadas por dioses mitológicos, tienen sus puntos vulnerables.
En esto hay una lección.
No creo que el presidente Mejía pueda llevar su protección más allá de lo que era posible a las entidades mitológicas.
Pero lo más sorprendente es que el consultor jurídico de nuestro país esté en condiciones financieras que le permitan contratar abogados norteamericanos, terriblemente costosos, para iniciar demandas judiciales contra ¡el Departamento de Estado norteamericano! con el fin de lograr reparaciones morales.
¿Cuánto gana mensualmente el consultor jurídico y uno de los más influyentes promotores del movimiento reeleccionista PPH? Debe ser mucho, muchísimo, digo yo, porque para que una oficina de abogados de allá se enfrente al Departamento de Estado tiene que existir un alto muro de dólares capaz de obnubilar la razón e invisibilizar las pruebas que tal departamento suele tener cuando actúa al descubierto.
¿Pero cuáles son las posibilidades de éxito?
Lo que no se comprende es a qué se debe que un gobierno nuestro sea dócil hasta el punto de enviar soldados dominicanos a Irak, siguiendo la ominosa actitud servilista e indigna de algunos países latinoamericanos que se incorporaron a la Fuerza Interamericana de Paz (FIP) y que dieron, con unos pocos militares, carácter legal a la intervención norteamericana de 1965, con muchos millares de soldados estadounidenses y unos escasos y esmirriados hondureños, nicaragüenses, paraguayos y costarricenses, que ni se veían o sentían, y la vergüenza de un general brasileño, Panasco Alvim, que no mandaba ni era tenido en cuenta.
Si el presidente Mejía contaba que con tal muestra de sumisión a los intereses norteños iba a recibir abundancia de dólares y ventajas múltiples se equivocó. Una señal de que no existen impunidades para los funcionarios dominicanos acusados de haber cometido delitos externos de diversa índole está a la vista.
Hemos tenido la desvergüenza de mandar tropas dominicanas como comparsa para una intervención militar, una ocupación y pretendido adueñamiento de Irak, olvidando lo que sentimos aquí cuando los miembros de la fuerza aerotransportada Airborne (aún recuerdo la AA, que llevaban aquellos en la mangas de sus camisas) nos humillaban, nos ofendían, nos avergonzaban y deprimían.
Hoy formamos parte de esas comparsas tristes en Irak.
Pero los beneficios supuestos no aparecen, ni van a aparecer. |
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