20 de Octubre de 2003 • Edición número 1,328
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Rafael Peralta Romero

Convención, conveniencia, concierto



El desajuste que sufre en este momento el Partido Revolucionario Dominicano sólo tiene un remedio. Entre los ingredientes del mismo se cuentan: convenio, arreglo, concierto, trato. El patentizado se llama convención, y aplicado con inteligencia trae como resultado el ajuste.
Desde su antigüedad latina convención significa ajuste y concierto entre dos o más personas y entidades, conforme lo consigna el Diccionario de la Real Academia Española. Es una expresión de acuerdo para ejecutar determinada acción o adoptar una decisión en conjunto.

En el derecho común, que norma las relaciones entre particulares, se dan diariamente actos de entendimiento a partir de los cuales los notarios públicos certifican que dos o más personas han “convenido y pactado” un asunto que es de interés para las partes involucradas.

Convenir algo con alguien significa ser de un mismo parecer sobre esa cuestión y entonces resulta fácil darle su consentimiento. Cuando se firma un pacto el nivel de compromiso será mayor, no basta la simpatía. A veces el pacto puede implicar para alguna de las partes el saber perder.

El PRD es en la actualidad una orquesta desafinada, en la que güireros y tamboreros quieren ser directores. Por eso no hay armonía ni concierto y lo que sale de allí es ruido, nunca música. El mundo, las naciones, las sociedades, las familias funcionan bien o mal en proporción a la capacidad de entendimiento de sus integrantes.

La relación entre los estados ha dado lugar a los convenios, pactos, cartas, convenciones, memorándums, tratados, protocolos y otros documentos que tanto rigen para un grupo de naciones, que forman una región del mundo, como para dos o tres países relacionados por cuestión fronteriza o de otra índole.

En el intercambio entre los estados, los compromisos más notables se expresan a través de convenciones y tratados. Pero de mayor o menor solemnidad, todos esos instrumentos viabilizan la comunicación entre los estados como sujetos de derecho internacional y de ellos se derivan la paz, el entendimiento, la cooperación y el comercio.

Ajuste y concierto son elementos indispensables hasta para una comunidad de dos miembros. Cada uno acomodará sus actos a los del otro para el logro de la armonía y ésta pueda considerarse realmente una comunidad. De lo contrario, aparece la separación o divorcio, equivalente a desajuste, a desconcierto.

Los partidos políticos son comunidades formadas por individuos que sin llegar a conocerse en lo personal albergan propósitos e intereses comunes. Los reglamentos escritos y las convenciones regulares son elementos fundamentales para la vida de estas organizaciones.

Podrán llamarle congreso elector, asamblea, elecciones primarias o de cualquier modo, pero en esencia se trata de la convención lo que realiza una organización para escoger sus candidatos. El PRD es responsable de la creación del verbo convencionar, no registrado en el DRAE, pero sí de amplio uso en el partido del jacho prendío.

Convencionar (acordar mediante convención) ha sido la manera de ese partido seleccionar a sus dirigentes y candidatos. Pero la práctica, en cuanto a los dirigentes, ha venido mermando y éstos envejecen en los puestos. La cultura de la convención fue implantada en el país por el PRD.

Lo convencional está asociado a lo normativo. Es un adjetivo y el diccionario lo relaciona con convenio o |pacto, aunque por su estructura morfológica parezca derivado de convención. Sin duda contribuye a observar la relación entre ambos conceptos. Convencional es el hecho de que sea el verde que indique la señal de pase en un semáforo. Y también lo es la observancia de ciertas reglas y costumbres mayoritariamente aceptadas.

Toda situación de conflicto demanda, en primer término, del diálogo para lograr solución. Como nada hay más parecido a una crisis que lo que afecta al partido blanco, fácil es presumir que esa institución anda requerida de plática por parte de sus dirigentes.

Lo básico de la democracia es convivir preservando el respeto. No funciona la democracia en el Estado si no comienza en los partidos, que son canales para satisfacer las necesidades y aspiraciones políticas de los ciudadanos.

Los esfuerzos y energías consumidos por los perredeístas elevando instancias, plebiscitos y marchas de poco sirven para mantener al PRD en el poder. La consulta a las bases de la organización es más importante que todas las reuniones de los “líderes”. Si el PRD no quiere seguir como un barco en el que los grumetes quieren ser capitanes, tiene un camino: convención. Es el remedio contra el desajuste y el desconcierto que padece ese partido.



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