13 de Octubre de 2003 • Edición número 1,327
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Wilfredo Mora

Biografía de la educación infantil



“La educación de un niño debe fundamentarse en los principios y valores morales, el amor familiar, que son las bases de una sociedad, y por ende de una nación sólida. Un niño educado sobre esos pilares, camina seguro hacia un futuro lleno de fortaleza y confianza, en una época donde todo es inconstante y existen muchos factores negativos en nuestro medio que afectan una buena formación educacional”.

Recogí esta y otras notas de Juana Escorbort, en su maravillo libro “Vivencias Infantiles”, que se ha ocupado magistralmente en los jardines de infantes de Lawrence, Massachusetts (USA), creando entre su autora y las encantadoras puntualizaciones de sus ideas un mundo mágico en el que se prohíjan el amor hacia los niños y hacia las parejas. Ella se encuentra ahora entre nosotros y la impresión que tuve de unos tantos encuentros con ella y a lo que se ha dedicado, me ha movido contar esta experiencia, bien para que conozcan de su trabajo, bien para hacer la apología de una nueva autora que reside entre nosotros.

La educación infantil implica factores distintos a otras formas de la educación formal, pues el niño no es una realidad distinta de sus padres o de sus tutores.

Por ello, son la falta de comunicación, de amor, la intolerancia, y muchas veces la forma en que disciplinamos a nuestros hijos, los elementos más relevantes en el cuido de los infantes.

Los hogares no pueden carecer de armonía, de paz, de respeto, tolerancia, pero sobre todo, de amor. Ella nos dice: “Muchos niños de hoy pasan los días en compañía de personas que muchas veces son de bajo nivel de educación y de principios diferentes al de los padres, teniendo la responsabilidad de educar a nuestros hijos a su manera”.

La violencia infantil es mucha veces la forma de resolver los problemas que se suscitan entre las parejas o entre los mismos educadores, alcanzando a los niños. A los hijos hay que disfrutarlos mediante el proceso de educación; ello nos permite verlos crecer, verlos graduar, verlos casar, verlos triunfar, pero vivimos tan deprisa (estamos enfermos de la prisa) que no tenemos tiempo para detenernos a pensar cuantas cosas importantes se han perdido en ese proceso de educar a los hijos o de complementar el trabajo de los maestros escolares.

La literatura infantil es una de las alternativas para ayudar a fortalecer esta formación de los infantes; sabemos que puede prevenir la violencia infantil, ya que a través de ella podemos hacer llegar el mensaje que queremos dejar en la mente de cada niño, pero esencialmente ella sirve para que los niños aprendan la misión de la enseñanza, quedando siempre en el subconsciente de su mente, y tarde o temprano ponen en práctica lo que han aprendido, de ahí la importancia de lo que deben leer....

Debemos de evitar la propagación de materiales que insinúen a la violencia, tanto didáctico como televisivo, ya que los mensajes que provienen de esos medios captan la atención y son inspiradores a la violencia, ellos son fieles adeptos de aquellos que consideran sus héroes.

Hay que tratar por todos los medios de no responder de forma violenta a nuestros hijos, ni en presencia de ellos. Al corregir cualquier error o falta, nunca debemos agredirles física ni emocionalmente, gritarles o presionarlos psicológicamente por cualquier motivo o circunstancia, decirle que ellos son malos y que no les queremos. Hay que hacerles entender que han cometido un error y que nos disgustamos por su falta, la que pueden tratar de corregir o enmendar con privaciones de algunas de sus preferencias. De la misma manera en que losreprendemos por sus malas actuaciones, congratular y premiar las buenas.

“Vivencias Infantiles” cuenta con 22 temas, entre fábulas y relatos de algunos hechos basados en historias reales. Fue escrito con el interés de hacer llegar a los niños un mensaje de ternura, de valor, y del esfuerzo que debemos hacer para alcanzar las cosas que queremos lograr. “Día a día pude compartir el amor y hasta los sueños de cientos de niños, que muchas veces deseaban un poco de cariño, un poco de amor; ese amor que es de una sola vez (nuestra infancia) sentimiento que con el pasar del tiempo se convierte en desamor por la falta de afecto y quizás, la ausencia de los padres”.

Juana Escorbort es de una belleza inusual, ojos café y el pelo de un negro que resalta en ella una aura de gran valor personal; es alta y de tez muy blanca; hay una gran bondad en cara, su presencia está llena de paciencia por la vida, su actitud por el tema da qué pensar.



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