13 de Octubre de 2003 • Edición número 1,327
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Somos 4
Teatro de subjetividad y confluencias




Por Rafael García Romero

El arte nunca ha dejado de ser un espacio y un tiempo de fusión, que contiene y expresa un momento inabarcable de la naturaleza humana y subjetiva del hombre. Arte y hombre, subjetividad de por medio, nacen, se expresan y mueren.

La exposición “Somos 4” es uno de los tantos vínculos comunes que hay entre cuatro artistas dominicanos: Leonardo Durán, Gabino Rosario, Julián Amado y Dionisio de la Paz, ya que todos pertenecen a un arco generacional que constituye, al mismo tiempo, una convergencia plástica con propósitos y temas de amarre que de manera particular abordan a través de metáforas y códigos visuales articulados en cada propuesta, en la unidad, en la diversidad totalizadora, ya sea el medio dibujo, pintura, grabado, instalaciones o fotografía.

El interés de la subjetividad despierta el interés múltiple de la objetividad creativa, hurga en el clima de los cuadros de Rosario, Durán, Amado y Dionisio de la Paz, y vela porque en cada uno de los artistas haya una constitución específica y particular del espacio, una vez delimitado el tema, su entramado físico y el fondo, o con ayuda del fondo de la tela para darle cuerpo y sentido al teatro de sus enigmas.

Julio Cortázar trajo a la literatura una factura verdaderamente plástica, sorprendente. “Era como levantar despacio un papel carbónico y ver debajo una copia exacta del día siguiente”, escribe él en su cuento “Usted se tendió a tu lado”, y qué curioso, en las artes plásticas la subjetividad toma el lugar de ese papel carbónico y cuando vemos en la tela hallamos mundos que nunca serán una copia exacta de nada. En el arte no hay día siguiente, parece que el tiempo se esfuma, se detiene cuando miramos absortos y con azoro un cuadro.

La explicación está en que los artistas plásticos, más que el escritor, son proveedores de sorpresas. En ellos el talento magnifica recursos; conjugan y fusionan ideas, potencian las notas de los colores, crean mundos sobre la tela. De ahí que trabajen una condición de la subjetividad compleja y al mismo tiempo esencial. No hay un cuadro, un trazo de un artista, desde la caverna hasta hoy, que no comience así. Los dibujos de Durán, Gabino Rosario, Julián Amado y Dionisio de la Paz son la subjetividad pintada, bañada de colores y dimensiones visuales e imprecisas.

Eso es la subjetividad para crear. Ya que la subjetividad tiene otro valor a la hora ver. En ese sentido, ver a Gabino Rosario detenerse ante su obra resulta una experiencia muy diferente cuando volcamos la vista a los cuadros de Dionisio de la Paz, Durán, Julián Amado; uno y otros tienen su esencia, comunican, articulan y llevan a la vista su singularidad, el mundo de cada artista, y también sus urticantes tópicos.

La naturaleza es enteramente subjetiva, pero el destino de los temas son distintos. Sí, porque como cada cual tiene sus tópicos, trabajan y exponen de manera clara y –paradójicamente– subjetiva sus zonas de magia.Y, en defensa de su singularidad, cada uno está obligado a ser selectivo, aporta en la tela lo que necesita para el impacto y la eficacia de ese mundo que proponen. En Leonardo Durán, qué sorpresa, hay trazos que viajan del vacío a la existencia, que intentan conquistar la forma, la profundidad, la dimensión. Son trazos que juegan al intento creador, con la dureza de los colores consigue atrapar el espíritu de la esencia. Durán impone imágenes que a la vez son gritos estremecedores, de alto impacto visual, que avanzan hacia la construcción del ser. Durán es un artista plástico de lauros y reconocimientos. En 1978 ganó el Primer Premio de Bodegón, en la Escuela Nacional de Bellas Artes; en 1976 recibió el Primer Premio en Dibujo de Bellas Artes; en 1994 ganó el Premio del Público en la XIX Bienal Nacional de Artes Visuales, con cinco exposiciones individuales desde 1988 a 1996, cuando hizo una muestra en el Centro de Arte Nouveau con el título “Obras rechazadas, obras censuradas”.

En Gabino Rosario vemos ese artista que vuelca el tema de un mundo que busca un orden en el caos, figuras que se sobreponen, rostros que miran de manera esperanzadora, gente que resuma derrota. Tropas de enfrentamiento, agitados, grupos sacudidos por la frustración; y echada, a un lado y reducida, la paloma de la paz: arrinconada, rota. Gabino Rosario lleva a la tela esa destreza adquirida y depurada durante su especialización en dibujo, pintura y grabado en la Escuela de Arte y Diseño de Southern Illinois University, de Carbondale, USA, con exposiciones individuales desde 1986 hasta finales del pasado siglo. Dos lauros: el Primer Premio de Dibujo en el XI Concurso de Arte E. León Jimenes, de 1985; y la mención Especial en el Concurso de Miniaturas Intimates Places, Personal Spaces, Museo de Southern Illinois University.

Julián Amado trabaja la existencia, le da sentido humano a la levedad de la vida, provoca haciendo del hombre una partícula ingrávida, inconexa, que vaga sin rumbo; o que trata de hallarlo. El trazo es correcto, igual que la historia: precisa, limpia como una obsesión. No es afecto de las exposiciones individuales. Participó en una exposición generacional de 1999 en homenaje al poeta Pedro Mir, en los salones del Museo de Arte Moderno. En el 2003 ganó el Primer Premio en la categoría de dibujo de la XXII Bienal Nacional de Artes Visuales.

Dionisio de la Paz tiene la habilidad de evocar detalles, algo que pone de relieve cuando trabaja ese bestiario que invalida los códigos y la propia naturaleza de una fauna habitual. En ese bestiario no hay adorno, fantasía o exageración: en cada imagen hay un gran ejercicio emocional y estético. El artista tiene un reto y cumple a cabalidad con los rigores plásticos cuando da forma a una criatura inventada, aun resulte compleja, está en esa criatura todo lo que su existencia necesita.
En las artes plásticas está ese tiempo visual, de las emociones, que no transcurre, que siempre es presente y futuro: un espacio y un tiempo de fusión, que contiene y expresa un momento inabarcable, que se ha convenido en llamar contemporaneidad.


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