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Las guerras religiosas

Por Jacinto Gimbernard Pellerano.
Como si estuviese al borde de una explosión interna, uno de esos conocidos de mi infancia, de aquellos que vagaban y jugaban por los alrededores de la Iglesia de Regina, se me aproximó, apartándose del hombre con el cual discutía. Tuvo el buen gusto de identificarse, librándome de la tortura de encender la centrífuga de los recuerdos.
Has escrito libros de historia y quiero preguntarte ¿crees en las guerras religiosas?
No repuse sin dilación, porque creo que las guerras están generadas por intereses de dominación, cuando no son guerras de independencia, harto justificadas.
¿Y qué piensas de las oraciones y las supuestas intenciones religiosas del hoy aplastado Saddam Hussein y del tremebundo Presidente Bush, quienes elevan sus oraciones en favor de aquellos que persisten en la guerra, siguiendo los distintos intereses, unos más justificados que otros?
Pues pienso en lo poco que ha cambiado el ser humano, si es que ha cambiado en lo que verdaderamente importa repuse con renuencia porque en el siglo doce, casi al tocar el siglo trece, la primera Cruzada fue consecuencia de la incitación del Papa Urbano Segundo en el Concilio de Clermont, prometiendo que la guerra para recuperar la Tierra Santa, particularmente Jerusalén, constituiría un perdón total de pecados y una protección divina a los familiares que quedaban abandonados de los cabezas de familia. El verdadero móvil estaba en que el Imperio Cristiano del Oriente, amenazado de destrucción por los turcos después de grandes fracasos militares, veía, con razón, un grave peligro en el avance de éstos. Las potencias europeas (especialmente las de Italia) deseaban acabar con la dominación árabe musulmana en el Mediterráneo. Además existía un gran poderío militar sin uso entre los cristianos de Occidente desde la creación del concepto de la caballería como entidad militar cristiana. A los caballeros guerreros siguieron multitudes de campesinos, peregrinos, y hasta se organizó una cruzada de niños. Todos éstos: peregrinos campesinos y niños tuvieron trágicos finales, vendidos como esclavos los más fuertes, asesinados los más débiles. Viajaron hasta el drama, repletos de un conveniente fervor cristiano inflamado por grandes personajes, que a veces se arriesgaban como el caso de rey de Francia, San Luis, quien murió en Túnez víctima de la peste.
Sí, eso es historia me repuso el viejo conocido, tal vez molesto por mi ecuánime visión de los acontecimientos pero, ¿qué piensas de la actitudes de los líderes de hoy, no del rey San Luis?
El uso de la religión en la política no es nuevo, ya ha sido citado el Mahatma Gandhi cuando afirmó que El que crea que la religión está separada de la política es porque no conoce el uso que se le ha dado a la religión (hay diversas traducciones de las palabras del gran líder, pero que no alteran el concepto). ¿Recuerdas tú que la consigna de los alemanes durante la Primera Guerra Mundial fue Gott mit uns, o sea, Dios con nosotros, y el lema de las reales armas británicas, mantenido en francés, es Dieu est mon droit (Dios es mi derecho) Diciendo que llevan la bandera de Dios, las potencias cometen abusos que ya se los espera uno.
¿Entonces crees que la religiosidad siempre se acomoda, de alguna manera, a otros intereses?
Sí. |
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