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Con la música a otra parte
Por Alfonso Quiñones
En el año de la muerte de la más grande, Celia Cruz, del sonerísimo Compay Segundo, del gran músico René Touzet, de los boleristas Fernando Álvarez, Lino Borges y del autor de En el balcón aquel, Néstor Ulloa, entre otros, los músicos cubanos en la isla sufren una de las mayores contracciones laborales de las últimas décadas.
Todo lo que se había adelantado parece retroceder en el ámbito de los espacios ganados para sus presentaciones a nivel nacional, mientras que en el orden internacional la música cubana sigue ganando galardones, como las recientes nominaciones y premios Grammy. A pesar de que seguramente ha habido una disminución de contratos debido a una evidente sobresaturación de agrupaciones cubanas, sobre todo en Europa.
Quien haya visitado en tiempos atrás La Habana Vieja seguramente se pudo llevar la impresión de, al menos, una porción musical de la capital cubana. Quien la visite hoy se podrá sentir en un páramo sonoro, donde casi el único testimonio de uno de los mejores productos de la cubana es un bafle de unos cuantos watts de salida en una tienda de discos e instrumentos musicales de Artex, a mediados de la muy caminada calle Obispo y allí, ante las vitrinas, un viejito casi centenario que intenta bailar al ritmo de la música que escucha en aquella acera donde el sol lo castiga con toda la irreverencia posible.
Vistas así las cosas, el 2003 pareciera ser uno de los peores años para los músicos cubanos. Además de lo contado hasta aquí son recientes las entradas en vigor de nuevas reglamentaciones burocráticas que si en un tiempo pudieron ser muy revolucionarias, con lo que tardaron para ser aceptadas al más alto nivel, se volvieron obsoletas. Y hoy, lejos de ayudar, son un nuevo obstáculo para el desarrollo de la labor de decenas de miles de músicos cubanos. Otras medidas que se toman y que intentan convertirse en paliativos, realmente son boomerangs en la política a la defensiva que han intentado diseñar el Ministerio de Cultura y sus instituciones, quienes evidentemente se encuentran entre dos fuegos cruzados; por un lado la necedad en aceptar medidas a la altura de los acontecimientos por miedo a un supuesto enriquecimiento desmedido, y por otro la necesidad de las varias decenas de miles de músicos a lo largo y ancho del país de poder vivir dignamente de lo que producen.
Los músicos que logran un contrato en un hotel o en alguna otra instalación vinculada a las divisas recibirán apenas una parte del 35% que le deja la agencia o empresa a la que pertenecen, luego de ellos mismos haberse conseguido los contratos. Casos como el de una joven cantante que ya tiene en su haber presentaciones en más de quince países y más de un disco grabado y se encuentra varada en La Habana desde hace un año sin trabajo. Hace poco tiempo se consiguió un contrato en uno de los mejores hoteles cinco estrellas de la capital y al mes tuvo que renunciar al contrato porque el piano que debía tocar tenía siete teclas rotas y cada semana la gerencia del hotel aseguraba que la semana próxima arreglarían las dichosas teclas.
La joven cantante, al final, solamente percibió unos veinte dólares por el total de sus actuaciones en aquel sitio a lo largo de todo un mes. Esto debido a que la empresa a la cual pertenece percibió el resto de lo ganado por ella... sin que ninguno de sus numerosos funcionarios tuviese que mover un dedo. Y después de todo al final de año tendrá, posiblemente, que pagar impuestos por haber ganado aquellos tristes veinte dólares.
Una de las cosas que más atenta contra el buen funcionamiento de algo que hubiese podido convertirse en una industria de primer nivel en el país es el alto grado de corrupción entre algunos de los funcionarios encargados de realizar los contratos con los músicos y los empresarios extranjeros. Esto incide muchas veces en los montos de caché a pagar a las agrupaciones musicales y afecta los por cientos que deberían entrar al erario.
DE BRAZOS CRUZADOS
Un famoso y tradicional grupo de sones, el Quinteto Típico de Sones, con más de cincuenta años de fundado, lleva un año entero sin casi poder ensayar. Dueños de varios discos bastante bien colocados en el mercado europeo y africano, se vieron imposibilitados de realizar sus giras por dificultades de índole burocrático entre la empresa a través de la cual hacen sus gestiones migratorias en Cuba y el empresario que los representa en Europa, como resultado de las cuales se descontinuó un tour establecido y se afectaron económicamente los músicos y el país. Pero sobre todo los músicos, cuyas familias se encuentran en estado de desesperación.
Otro compositor y cantante, Anyelo, dueño de un cuarteto de música tradicional y de numerosas composiciones populares, entre ellas aquella que hicieran famosa en Europa, Compay Segundo y Martirio, Es mejor vivir así, pasa las mañanas ensayando en el parque Aguirre, frente a su casa, entre la desesperanza de sus músicos, el optimismo de él y su esposa y las frutillas que caen de los árboles que les dan sombra, manchándoles la ropa.
Hace poco el más popular de los cantantes cubanos del momento, Carlos Manuel Pruneda, decidió tomar el camino de asilarse en Estados Unidos, durante una gira en México. Carlos Manuel en el pináculo de su fama nacional decidió arriesgarlo todo en busca de nuevos horizontes para su música.
Hay músicos que regresan a vender maní o medicinas de contrabando, en momentos en que fueron cerradas las discotecas de la capital cubana dizque por la proliferación de drogas y prostitución y la timba, un estilo musical con elementos de salsa, el jazz, el rap, el rock y todo lo que fuese valioso, que diera vida a siete orquestas capitales durante la década del noventa, ha pasado a peor vida, o mejor dicho, a dejado de existir. Votaron el sofá por la ventana.
La ausencia de sitios de baile populares, tal y como en Puerto Rico o República Dominicana, sin ir más lejos, tiene su reflejo en los bailadores y a su vez en un ocio cada vez más preocupante en las masas juveniles, que puede ser que busquen los placeres en otras cosas como el alcohol o la droga.
Con ese estado de cosas las autoridades culturales del país ven resquebrajada su credibilidad. Y en ese desgaste no se avizoran mejores tiempos. A no ser que al más alto nivel se logre una visión realista y objetiva de los fenómenos que enfrentan en el ámbito musical y se logre avanzar en fórmulas que beneficien, en primerísimo lugar, a quienes producen, o sea a los músicos, y no a los que viven de ellos. A no ser, repito, que desaparezca el fantasma del miedo al enriquecimiento desmedido, como si fuera éste el culpable de los desafinamientos de la sociedad cubana. Mientras tanto los músicos creen estar oyendo de parte de los funcionarios a los que se acercan en busca de trabajo: Compay, vaya con su música a otra parte. |
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