6 de Octubre de 2003 • Edición número 1,326
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Histori[a]
A 40 años del derrocamiento del gobierno de Juan Bosch

Historiadores, políticos y economistas coinciden en que el fatídico golpe de Estado del 25 de septiembre de 1963 retrasó el desarrollo económico y social del país por no menos de medio siglo de nuestra historia.




Por Fausto Araujo


Luis Medrano
La pasada semana se cumplió el 40 aniversario del fatídico golpe de Estado perpetrado la madrugada del 25 de septiembre de 1963 contra el gobierno del profesor Juan Bosch, el presidente constitucional que se hizo cargo de los destinos del pueblo dominicano el 27 de febrero de ese año, enarbolando un ambicioso programa de reformas económicas, sociales y políticas.

A Bosch –considerado por muchos como uno de los pensadores dominicanos más grandes de todos los tiempos– le correspondió asumir el poder tras ganar con un 62 por ciento de los votos las elecciones del 20 de diciembre de 1962, rodeado de un entorno político nacional e internacional bastante difícil y trastornado.

El reputado intelectual y político dominicano ganó los comicios a los sectores más conservadores de la sociedad, los cuales estaban representados por la Unión Cívica Nacional, luego de retornar a la República Dominicana tras 23 años de exilio.

La presencia en el país del maestro de la política y padre de la democracia dominicana “revolucionó y modificó sustancialmente el estilo de hacer política en la nación. Su forma directa y sencilla de dirigirse a las capas más bajas de la población le permitió desarrollar una profunda influencia y simpatías”, dice el historiador Euclides Gutiérrez Félix.

La gestión gubernamental del laureado escritor y político, cuyos libros han sido traducidos a más de 15 idiomas, estuvo adornada de patriotismo, de grandes reformas, de honestidad administrativa, de un convincente proceso de reordenamiento económico y social, y de la Constitución más progresista y liberal que ha conocido la República.

Sin embargo, el ensayo democrático presidido por Bosch, siete meses mas tarde, fue derrocado por un golpe militar apoyado por las fuerzas más conservadoras de la nación estimuladas desde el exterior.

En ese período, aparte del derrocamiento del gobierno ampliamente democrático de Bosch, también fueron depuestos alrededor de 16 otros jefes de Estado en el mundo. Raúl Haya de la Torre, quien ganó las elecciones en Perú, no pudo asumir el cargo, y el presidente de la nación más poderosa del mundo, John F. Kennedy, no fue tumbado pero sí brutalmente asesinado en Dallas.

Precisamente fue entre mediados de la década de los años 60 y principios de la de los años 70 cuando tuvo lugar en América Latina un brote de regímenes de fuerza y varias dictaduras que dieron mucho de que hablar.

Con el derrocamiento del gobierno constitucional de 1963 la democracia dominicana sufrió uno de sus peores abortos del siglo XX.

El gobierno encabezado por uno de los dominicanos más sobresalientes e ilustres se caracterizó por respetar estrictamente los derechos humanos y las libertades públicas y, sobre todo, por haber impulsado una serie de proyectos en el aspecto económico y social de extraordinaria trascendencia y beneficios para la amplia mayoría de la nación.

Los aspectos que más se resaltan de ese interesante ensayo democrático son el respeto que primó de los derechos de los ciudadanos y de las libertades públicas.

Sin embargo, cuando se pasa un balance minucioso a la obra de gobierno y a los proyectos concretos emprendidos por Bosch hay que coincidir con los historiadores, políticos y economistas que señalan que el fatídico derrocamiento perpetrado el 25 de septiembre de 1963 retrasó el desarrollo económico y social del país por no menos de medio siglo de nuestra historia.

Según se desprende de publicaciones en los periódicos Listín Diario y El Caribe de la época, y de la Constitución de 1963, el gobierno de Juan Bosch echó las bases del desarrollo económico y social de la República Dominicana, encaminó acciones concretas para sembrar el país de fábricas, industrias y acueductos, incentivar la agricultura y la pecuaria, recatar la escuela dominicana, eficientizar el sistema sanitario nacional y proteger el medio ambiente.

En virtud de las obras contratadas por el Presidente Bosch, si su gobierno no hubiese sido derrocado la sociedad dominicana no estaría hoy sufriendo de tantas carencias fundamentales y quizás tuviera el mismo grado de desarrollo económico y social que hoy exhibe con orgullo la República China de Taiwán.

El gobierno de Bosch –dentro del elevado grado de apertura y participación que exhibió– abrió las puertas del Palacio Nacional al pueblo y, en ese sentido, todos los miércoles el Presidente de la República desayunaba con representantes de los diversos sectores del país a fin de escuchar sus planteamientos y procurar soluciones en conjunto.

UN GOBIERNO PROGRESISTA

Bosch promulgó una Constitución que puede encasillarse entre las más modernas y avanzadas de la época. Esa Constitución sancionaba drásticamente la corrupción administrativa, obligaba la restitución de lo robado al Estado y prohibía tajantemente la reelección presidencial.

El Consejo de Estado, que había dirigido los destinos de la nación antes del ascenso de Bosch al poder, dejó al Estado en una situación de bancarrota tal que el nuevo gobierno tuvo que hacer malabares para poder pagar los sueldos de los empleados públicos correspondientes al mes de marzo y para eliminar un déficit de 53 millones 500 mil pesos en el presupuesto de la nación, el cual era apenas de 176 millones de pesos.

A pesar de ese y otros obstáculos, el Presidente organizó la economía del país, reorganizó los distintos departamento de la administración pública, pagó la deuda externa, consolidó la moneda nacional y el crédito interno y externo del Estado, aumentó los salarios en los sectores público y privado y congeló los precios de los productos de primera necesidad.

Se recuerda que fue Bosch quien creó y promulgó, el 27 de abril de 1963, la Ley 13 de protección a la economía popular, mediante la cual se consideraban productos básicos todos aquellos cuyo uso y consumo se consideren razonablemente imprescindibles para el sostenimiento de la vida humana.

Así mismo, el gobierno dispuso el levantamiento de unas 200 tiendas del pueblo, como se les llamaba en la época, para ofertar productos a la población a precios accesibles.

En el aspecto económico las autoridades también dispusieron, a través de la Corporación de Fomento Industrial (CFI), de un plan de ayuda a la pequeña y mediana industria y artesanía; la construcción de un hotel turístico en Samaná, una fábrica de ropa en Barahona, una de cemento en Montecristi, y otra de acero que se llamaría Metaldom, en Santo Domingo.

De igual manera, el Presidente impartió instrucciones para la organización de una “pesca familiar”, con miras a dotar de conocimientos pesqueros a familias pobres para que se dedicaran a esa actividad con una inversión mínima de fondos.

También ordenó que se hiciera un plano regulador de Haina para que esa localidad se desarrollara como una ciudad que dentro de 20 años se convertiría en un centro económico importante; y negoció con la europea Overseas Industrial Construction LTD, representante de la General Electric de Inglaterra, la construcción de una planta eléctrica, un nuevo muelle y el dragado del puerto de Puerto Plata, con miras a incentivar el turismo y el desarrollo industrial de la zona.

Cuando esas corporaciones apenas eran conocidas en el mundo, el gobierno de Juan Bosch promulgó la Ley número 38, disponiendo la construcción de la Zona Franca de Puerto Plata y posteriormente la de Samaná. El Poder Ejecutivo, además, había contratado en Europa el levantamiento de una gran planta petroquímica y una refinería de petróleo en Salinas, de Barahona.

OBRAS EMPRENDIDAS

La administración gubernamental de 1963 tenía bien claro lo que se tenía que hacer para encarrilar a la nación por los caminos del progreso y el desarrollo. Convencido de eso, el jefe del Estado quería contar con los auspicios de la firma Káiser Corporation para impulsar un plan encaminado a electrificar totalmente al país.

Esa meta del gobierno, fundamentada en la visión del Presidente de que el país iba a necesitar mucha energía para poner en práctica su sopesado programa de desarrollo industrial, sirvió para que se dispusiera la multiplicación de la producción de energía eléctrica por 5 ó 6, así como encaminar la construcción de las presas e hidroeléctricas de Taveras y Valdesia.

Esas obras y el acueducto Valdesia-Santo Domingo, para cuya ejecución –conjuntamente con otras obras– el gobierno había obtenido un préstamo de 150 millones de dólares, procuraban resolver el problema de agua de la Capital, irrigar un millón 380 mil tareas productivas, las cuales tendrían una producción mínima asegurada de 32 millones de pesos al año.

Así mismo, según se desprende de los diarios de la época y del libro: “¿Cómo fue el gobierno de Juan Bosch?”, de Félix Jiménez, las dos presas en conjunto producirían un total de 257 millones de kilovatios-hora al año de energía eléctrica, lo que generaría a su vez un ingreso de 9 millones de pesos al año al Estado dominicano.

En el aspecto energético el gobierno de Bosch dio inicio a principios de junio de 1963 a los trabajos para llevar el fluido eléctrico a Montecristi. Con mucha anterioridad habían arrancado los de la provincia María Trinidad Sánchez y otras localidades.

Empeñado en garantizarle agua de buena calidad a la población, aparte del acueducto Valdesia-Santo Domingo (que debido al golpe no se concluyó bajo el mandato de Bosch, sino que 30 años después fue que vino a construirse), el Presidente constitucional dispuso a principios de su gestión el levantamiento de varios acueductos urbanos y 300 rurales.
El 24 de junio anunció estudios tendientes a aprovechar las aguas del río San Juan y otras fuentes de la zona sureña; en julio instaló las bombas necesarias para abastecer de agua potable a Santiago y Moca; y en agosto de 1963 ordenó la construcción del acueducto de La Romana, así como un alcantarillado en los sectores Ozama y María Auxiliadora, de Santo Domingo.

En la agropecuaria, en tan sólo seis meses el gobierno de Bosch recuperó más de 500 mil tareas que habían pertenecido al dictador Rafael Leonidas Trujillo y a sus allegados, mientras que un promedio de mil 513 familias campesinas fueron beneficiadas con 95 mil 950 tareas productivas, según publicaron los periódicos Listín Diario y El Caribe de ese tiempo.

[Aportes a la educación]

En el campo de la educación los aportes hechos por Bosch no pudieron ser mejores. Se preocupó sobremanera por organizar la escuela dominicana y convertirla en una empresa formadora de hombres y mujeres nuevos para una patria nueva, de restaurar los valores culturales perdidos y de acabar con el analfabetismo.

Bosch fue el ideólogo de la instauración en la República Dominicana de las llamadas escuelas vocacionales, para las cuales procuró que arribaran al país unos 100 técnicos o artesanos mexicanos que les enseñaran a la juventud dominicana lo que ellos sabían.

En esa dirección, el entonces jefe de Estado dominicano contempló instalar aulas-talleres de artes industriales y de economía doméstica en la región oriental del país. El 14 de julio, el Presidente dejó inaugurada en la Feria Ganadera la Escuela Vocacional para la capacitación de mecánicos diesel y electricistas; el 20 de agosto dispuso el inicio de un plan para adiestrar a 25 mil obreros; la instalación de seis escuelas de formación laboral y el despegue de un programa de educación y becas encaminado a formar bachilleres y profesionales en el campo de la ingeniería mecánica, industrial, eléctrica y de minas, así como en administración de empresas, contabilidad, geología y química.

Gracias a ese plan de becas, hoy en día tenemos en el país probados y reconocidos profesionales y empresarios que se formaron en el extranjero.

También en el área educativa el gobierno de Bosch acogió oficialmente publicar las obras literarias de los escritores nacionales; aumentó el sueldo de los maestros rurales de 90 a 100 pesos mensuales; dispuso, el 18 de mayo, la construcción de un nuevo local que alojara la Escuela Presbítero Carlos Nouel, de Sabana Grande de Boyá; anunció, el 23 de agosto, el desembolso de 240 mil pesos para el levantamiento de un nuevo plantel escolar de la Escuela República de Paraguay; y a principios de septiembre inauguró cuatro nuevos centros escolares en San Francisco de Macorís y Cabrera.

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