22 de Septiembre de 2003 • Edición número 1,324
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Luis Martín Gómez

Fanáticos de la rayita roja



En Seinfeld, la serie de humor que René Rodríguez y yo nunca nos perdemos a las once por Sony, el estrafalario Kramer pone a prueba sus nervios y los del vendedor de autos que lo acompaña dando vueltas por todo Manhattan con la aguja del marcador de gasolina sobre la rayita roja. No bien llegan a una avenida, deciden continuar hasta otra más lejana, celebrando el logro de cada nueva meta con una explosiva descarga de adrenalina.

La crisis que nos arrolla nos está convirtiendo en los Kramer de Santo Domingo. Somos muchísimos y creciendo los que, por el increíble aumento del precio de los combustibles, conducimos al trabajo o a la universidad con la agujita por debajo de empty, lo que nos provoca una extraña mezcla de júbilo y ansiedad que nos hace candidatos al infarto.

En mi caso, no era así hace unos años. Cuando compré mi Chevrolet Cavalier dos punto dos con inyectores, gracias a un préstamo al que se le han inflado los intereses, no permitía que la aguja del marcador bajara de un cuarto. Como estaba mono por la nueva adquisión y porque acepté los consejos de los mecánicos de la Santo Domingo Motors, entraba a la gasolinera más cercana desde que la agujita perdía su virilidad y se inclinaba peligrosamente hacia la izquierda. Pero después que Industria y Comercio empezó a aplicar la fórmula ‘sisubensubensibajanbajanloaplicamosinosdalagana’, he descubierto con sorpresa que la bombilla del indicador de reserva sí funciona y que parece disfrutar mortificándome con sus intermitentes guiños rojos.

Ahora bien, ¿hasta dónde se puede llegar en reserva? Como René y yo nos hemos hecho expertos en la materia, compartimos algunas de nuestras experiencias con los que recién ingresan al club de fanáticos de la rayita roja (consejos válidos sólo en Santo Domingo y sus municipios).

1-No se asuste cuando se encienda la bombilla de ‘Echeme’. La reserva tiene unos dos galones que le alcanzan perfectamente para llegar a su destino, volver a su casa e ir a la gasolinera al día siguiente en la mañana.

2-En caso de que la bombilla de reserva se haya quemado por exceso de uso, tendrá que conducir por instrumentos, es decir, guiándose por la rayita roja. Si la aguja está ligeramente encima de la rayita, puede despreocuparse y poner un merengue en su radio. En cambio, si la aguja ya ha bajado la rayita roja, deberá apagar el aire acondicionado (si tiene), evitar calles con tapones y bajar la música para que pueda escuchar si el motor tose por falta de combustible. Pero si la aguja está rozando el cerito vacío al lado de la E, entonces no deberá encaramarse al elevado ni cruzar el puente; si ya lo ha hecho, le recomendamos apretar los dientes y rezar mientras inventa una excusa creíble para el agente de AMET que le reclamará quitar del medio ‘ese tiesto de carro’.

3-Es bueno anotar que no todos los autos tienen igual ‘performance’ de la rayita roja. Por ejemplo, el Chevy mío rueda un poco más que el Mitsubishi de René después que la agujita ha doblado ‘la rayita de la Paraguay’. De manera que es recomendable que haga ejercicios preliminares con su marcador, sobre todo en días soleados o por calles bien iluminadas si elige la noche para ocultar su vergüenza.

4-Resista la tentación de meter un pote con gasolina en el baúl del auto, pues ese material inflamable más el neumático de repuesto que seguro estará en malas condiciones lo harán sospechoso de terrorismo en la próxima redada.

Pese al estrés que produce en los primeros días, estamos seguros de que cuando compruebe su utilidad, o cuando no tenga otra alternativa, se sumará a la enorme legión de fanáticos de la rayita roja, y se sentirá igual que Kramer en Seinfeld. A propósito, lo invitamos a disfrutar esa hilarante serie de humor repleta de chistes inteligentes, tan diferentes de los chistes crueles que cada viernes en la noche nos hacen los mediocres cómicos de Control de Precios.



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