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La vicepresidencia, el peor camino para alcanzar el poder
El vicepresidente no llega a la presidencia en República Dominicana a menos que tumbe al Presidente, que éste se muera o que renuncie. En los cien años del siglo XX sólo hubo dos excepciones a esta regla: Mon Cáceres y Horacio Vásquez
Por Miguel Febles
Desde 1966 hasta el 16 de agosto del 2000 hemos tenido siete vicepresidentes y ninguno de ellos alcanzó la Presidencia. Jacobo Majluta la ocupó durante 43 días debido a la muerte por suicidio de Antonio Guzmán Fernández y luego falló en tres oportunidades como candidato, una de ellas nada menos que por el Partido Revolucionario Dominicano.
Francisco Augusto Lora, que acompañó a Joaquín Balaguer en el período de gobierno que se inició en 1966, se postuló en el 1970 por un partido fundado para esos fines debido al empeño de Balaguer en repostularse contra todo aparente acuerdo entre ambos. Carlos Rafael Goico Morales fue vicepresidente durante ocho años, pero nunca manifestó en público sus aspiraciones, si es que las tuvo. Manuel Fernández Mármol fue elegido vicepresidente en la boleta que encabezó Salvador Jorge Blanco en el 1982, pero murió antes que terminara su período de gobierno, así que nunca su supo si hubiera presentado su candidatura a Presidente. Carlos Morales Troncoso fue el vicepresidente con Balaguer en los períodos de gobierno 86-90 y 90-94, pero no ha conseguido una postulación por su partido, y Jacinto Peynado, que la ocupó en el período 94-96 fue postulado, pero se quedó en el intento y ahora acaba de perder una convención en el Partido Reformista Social Cristiano.
Ahora tenemos el caso novedoso de un Presidente y su vicepresidente disputándose la nominación por su partido, algo difícil de entender, a menos que hubieran llegado al gobierno en coalición de partidos diferentes con intereses opuestos. Los que ven al Partido Revolucionario Dominicano como una federación de sectores tal vez puedan entender este enfrentamiento insólito.
La historia dominicana, en los cien años precedentes, nos dice que los vicepresidentes han sido no sólo un incordio para los presidentes, sino también, en algunos casos, una fuente de sedición.
A tal punto lo han sido que ningún Presidente debe haber dejado de tener un mal sueño con el suyo a lo largo de su período de gobierno. En rasgos amplios, se puede resumir diciendo que en cien años un Presidente fue derrocado por su vicepresidente; un vicepresidente fue forzado a salir del país y a quedarse en el exilio antes que cumpliera seis meses el período de gobierno para el que fue elegido; durante su período de 31 años en el poder Trujillo eliminó el cargo durante diez años; en 1962 Juan Bosch no aceptó al vicepresidente que le escogió su partido (el PRD); en 1970 se produjo un rompimiento entre Balaguer y Lora, y en 1978 Fernando Álvarez Bogaert fue obligado a renunciar a la postulación para los comicios de mayo de ese año como compañero de boleta de Balaguer, en los que finalmente el caudillo reformista salió derrotado.
UNA FIGURA DECORATIVA
El vicepresidente no tiene ninguna función en la administración pública dominicana, como no sea la de esperar la muerte del titular para completar el período de gobierno. Las otras funciones que le atribuye la Constitución son decorativas, porque en ausencia del Presidente la burocracia estatal sigue respondiendo a los mismos secretarios de Estado y a los mismos directores generales a los que responde en su presencia. Y si no fuera por su peso político, que lleva a los primeros mandatarios a encargarlos de algunas áreas del gobierno, no serían más que unos tipos peligrosos sin nada que hacer, parasitarios de la administración pública.
En algunos casos los vicepresidentes han sido escogidos por la conveniencia del candidato a Presidente. En otros casos la elección se ha producido sobre la base de un acuerdo político. En los cien años del siglo XX los partidos y hombres públicos no han dado muestras de sentido común en la elección de este funcionario, y le atribuyen a la población el mismo grado de estupidez cuando presentan, por ejemplo, a un nombre de la región del Cibao sobre la base de su prestancia, fama o fortuna como garantía de ganancia del voto de esa zona de alta densidad demográfica.
En estos momentos el Presidente Mejía aspira a repetir en el puesto y la vicepresidenta Ortiz Bosch aspira a ser postulada por el Partido Revolucionario Dominicano como candidata presidencial. No se trata sólo del conflicto de una administración y de un partido, es un conflicto político que toca la estabilidad y el deseado equilibrio en la administración pública. Si al final Mejía se impone en la lucha por la candidatura, como dice la lógica de nuestra cultura política que debe ser, buscará dentro o fuera del PRD al compañero de boleta, pero imposible que repita el binomio Mejía-Ortiz Bosch, dinámico, complementario y novedoso en su momento.
EL FUCÚ DEL CARGO
Está visto, por demás, que el vicepresidente no llega a la Presidencia en República Dominicana a menos que tumbe al Presidente, que éste se muera o que renuncie. En los cien años del siglo XX sólo hubo dos excepciones a esta regla: Mon Cáceres y Horacio Vásquez, coprotagonistas del magnicidio de Moca en julio de 1899.
Vásquez y Cáceres fueron también, cada uno en su período, protagonistas de la confrontación entre el Presidente y el vicepresidente y en los dos casos salieron airosos, pero luego tuvieron un final triste.
Cuando empezaba el siglo XX, Vásquez se reveló contra el presidente Juan Isidro Jimenes y lo tumbó. Esto sucedió el 2 de mayo de 1902; el 23 de marzo de 1903 era a su vez derrocado ¡por los presos de la fortaleza Ozama con el general Alejandro Woss y Gil a la cabeza! Jimenes volvería a ser Presidente en 1914 para ser derrocado en 1916 y Vásquez Lajara lo sería por el voto popular en 1924 para ser derrocado en febrero de 1930.
El segundo vicepresidente que llegó a ser Presidente fue Cáceres, que en los últimos días de 1905 se ceñía la banda tras el fallido autogolpe de Carlos Morales Languasco, un cura horacista que se volvió contra su propio gobierno.
Concluido el abortado período de Morales, Cáceres se presentó solo a unas elecciones en mayo de 1908 y tres años y seis meses después caía asesinado en Güibia por otra facción del horacismo, del que también era un cuadro importante.
Vásquez volvió al gobierno en 1924 y sobrevivió, pero lo tumbó en el 30 un movimiento cívico y militar. Rafael Leonidas Trujillo Molina se estableció en el gobierno en febrero del 30 y en mayo se imponía en unas elecciones a su medida y estilo. Llevó como vicepresidente a Rafael Estrella Ureña. Al final de su administración estaba en el Palacio Nacional un Presidente de papel, el general Héctor Bienvenido Trujillo Molina, que tenía como vicepresidente a Joaquín Balaguer. Desde el cuatro de agosto de 1960, debido a la renuncia de Héctor Trujillo, Balaguer pasó a ocupar la Presidencia hasta el 16 de enero de 1962, cuando maniobras y contramaniobras militares, populares y políticas lo obligaron a exiliarse. Volvió a la Presidencia, esta vez por elecciones, en el 66.
El círculo del final del siglo se cerró y el único que ocupó la portrona fue Majluta, y lo hizo por 43 días para completar el período de Antonio Guzmán desde la madrugada del 5 de julio al 16 de agosto de 1982.
Balaguer fue el único que tuvo la habilidad de salir por la puerta grande al llegar a la Presidencia después de haber sido vicepresidente. Lo fue de papel al final de la Era Trujillo y murió a los 94 años de edad adorado por nuestra clase política moderna. |
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