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Literatur[a]
Los nuevos caníbales de la poesía caribeña
[La recopilación dominicana consiste en propuestas poéticas de autores coetáneos, cercanísimos, que a partir de ópticas distintas cantan a y desde un tiempo común]
Por Néstor E. Rodríguez
El segundo volumen de Los nuevos caníbales: antología de la más reciente poesía del Caribe hispano, continúa la serie inaugurada en el 2001 con una selección de la narrativa de autores de Puerto Rico, República Dominicana y Cuba. Se trata de un esfuerzo conjunto de las editoriales caribeñas Unión, Búho e Isla Negra, y que contará con otras dos entregas en las áreas de ensayo y teatro.
El volumen de poesía tiene como compiladores a Alex Pausides, encargado de la recopilación cubana, y a Pedro Antonio Valdez y Carlos R. Gómez Beras, quienes repiten como antólogos de las muestras dominicana y puertorriqueña, respectivamente.
El volumen, espléndidamente diseñado, cuenta con una atractiva portada de José María Seibó a partir de una obra del dominicano Julio Valdez. En lo que respecta al contenido, es significativo el intento por parte de los antólogos de encapsular las diversas propuestas estéticas de los autores presentados en una lectura unificadora de corte filológico que los textos de esos mismos poetas se encargan de complicar. Me refiero al afán de entender la multiplicidad de proyectos estéticos de los antologados como prueba de una misma indagación en torno al manoseado ¿qué somos? de la identidad nacional.
Pausides, por ejemplo, explica en los siguientes términos la producción de los poetas cubanos: Tensada por particulares circunstancias históricas, la poesía es el alma de la nación. En la escritura que hace de su país cada generación están empeñados los poetas aquí reunidos. Valdez exhibe esa misma visión del lastre inevitable de la Historia ante el decir poético cuando afirma que la recopilación dominicana consiste de propuestas poéticas de autores coetáneos, cercanísimos, que a partir de ópticas distintas cantan a y desde un tiempo común. Por su parte, Ángel Rosa Vélez, en un comentario que acompaña a otro de Gómez Beras previo a la muestra de Puerto Rico, devuelve al poeta sus caracteres clásicos de rapsoda o voz de la tribu cuando apunta: El pueblo busca lo que no puede buscar y alcanza migajas. Se les quiebra la voz y adoloridos hablan a través de sus poetas o mejor de sus poesías. Los antólogos van incluso más allá, y en la contraportada del volumen se vanaglorian de haber aportado al sueño hostosiano de una identidad caribeña.
De acuerdo a Valdez, los criterios editoriales prescribían como punto de partida la inclusión de autores nacidos en la década del cincuenta; sin embargo, esta pauta que se aplica con propiedad en las secciones dedicadas a República Dominicana y Cuba no parece haber sido tomada en cuenta en el repertorio puertorriqueño. En efecto, Gómez Beras privilegia en su selección la poesía de autores nacidos en los años sesenta y setenta, ubicando a Edgardo Nieves Mieles como el solitario y descolorido representante de un grupo que incluye a Lilliana Ramos Collado, Áurea María Sotomayor y Servando Echandía.
La selección de Puerto Rico cobra mayor solidez con la nómina de autores nacidos en la década del sesenta, entre los cuales se destacan muy particularmente Rafael Acevedo, con su pulida ironía, y Mayra Santos-Febres, aunque la selección de esta última no incluye Anamú y manigua, en mi opinión su obra más lograda en poesía. El trabajo de compilación de Gómez Beras se reivindica con el escogido de poetas nacidos en los años setenta, en el cual se atisba una diversidad de registros poéticos que no se refleja en la selección de la década precedente. Dos contundentes voces sobresalen entre los autores más jóvenes de la muestra: Noel Luna, dueño de un dominio del lenguaje que no tiene comparación entre sus coetáneos, y José Raúl González, quien ha sabido destilar de la obra de Clemente Soto Vélez y Joserramón Melendes una poética propia que destaca por su garra e intensidad.
Pedro Antonio Valdez fue más meticuloso al seleccionar lo que él mismo entiende como una propuesta de lectura de la nueva poesía dominicana. Encabezan este apartado de la antología la abigarrada estética de León Félix Batista, a cuya portentosa muestra sólo habría que objetarle la brevedad. José Mármol, Alexis Gómez Rosa, Ángela Hernández y Plinio Chahín son otros de los poetas de gran relieve y proyección que salvan en buena medida la recopilación dominicana. Mención aparte merece el recientemente fenecido Carlos Rodríguez, artífice de una obra singularísima que apenas empieza a valorarse crítica y editorialmente.
La selección hecha por Pausides incluye a la poeta más importante de Cuba en la actualidad. Me refiero a Reina María Rodríguez, quien cuenta con una vasta obra reconocida internacionalmente. Soleida Ríos es otra de las poetas de renombre que integran la muestra cubana y que merece especial atención por la finura y elocuencia de su verso. Sigfredo Ariel, Pedro Marqués de Armas y Antonio José Ponte son otros de los autores que resaltan en una selección caracterizada por la exclusión de los poetas del exilio (Francisco Morán, Félix Lizárraga) y de las promociones más recientes (Norge Espinosa, Javier Marimón). Estas significativas omisiones desmerecen la recopilación más rigurosa de las tres que conforman Los nuevos caníbales. |
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