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Los trastornos mentales impactan a la sociedad dominicana
El cardenal López Rodríguez afirma que en la República Dominicana no hay establecimientos penitenciarios, sino calabozos no aptos para la vida humana, antros de perversión que corrompen en lugar de regenerar

Por Fausto Araujo
No existe una calle o avenida importante del Distrito Nacional, de la provincia de Santo Domingo y de otras grandes localidades de la sociedad dominicana en la que usted no se encuentre con un desquiciado mental abandonado, sucio y con olor repugnante.
Ese crecimiento desproporcionado de dominicanos y dominicanas una buena parte de ellos jóvenes con signos de locura que circulan por las calles de Santo Domingo y de otras ciudades del país da a entender que aquí muchos ciudadanos de poeta, músico y loco tenemos un poco.
De hecho, no son dos ni tres, sino bastantes los merengueros y bachateros nativos que se han ganado un buen dinerito interpretando canciones que hacen alusiones a la loquera: Dímelo, mi loco! ...hay va la loca, hay va la loca, hay miren qué loca, hay miren qué loca. ...Juana la loca, María la loca, Luisa la loca... ...yo no estoy loca, estuve loca ayer y fue por amor...
Lo mismo han hecho productores internacionales y nacionales de programas de televisión, los cuales han identificado el nombre de algunos de los mismos haciendo alarde a la loquera, como ¡Qué Locura!, El Show del Loco Valdez, Rica Loquera y Locos y Sueltos, entre otros.
El incremento del número de personas con enfermedades mentales que deambulan por las calles, con trastornos depresivos y de ansiedad, así como con enfermedades sicosomáticas, entre otras, ha permitido que constantemente se observe en cualquier vía publica del país a hombres o mujeres jóvenes exhibirse desnudos, semidesnudos, harapientos, mal olientes, enfermos y amaneciendo a la intemperie.
La mayoría de locos que andan errantes por calles, carreteras, avenidas, autopistas y callejones de la sociedad dominicana carecen de la protección de todo el mundo, principalmente de sus familiares y de las instituciones oficiales responsables de velar por su auxilio y salvaguarda.
Expertos de la psiquiatría afirman que la desesperanza y la incertidumbre crecen en la República Dominicana debido a que una apreciable cantidad de gente hace crisis grave de locura por diferentes motivos.
Algunos de los afectados son llevados al hospital, mientras que otros no, por lo que son condenados a que su situación se les agudice.
No obstante, el verdadero problema no radica en el porqué algunos se vuelven locos, sino más bien en el porqué la mayoría escapa a la locura, plantea Erich Fromm en su libro Psicoanálisis de la sociedad contemporánea.
MÁS PACIENTES
Como una muestra de que las enfermedades mentales, depresivas y psicosomáticas, se han venido expandiendo en el territorio nacional, médicos consultados al respecto como el doctor Luis Roa han señalado que hasta hace un tiempo al Hospital Padre Billini iban a consultarse alrededor de 60 y 80 pacientes diarios, mientras que ahora acuden mucho más de 150 por día.
El doctor Juan Monegro, quien ha revelado que la depresión ha adquirido dimensiones epidemiológicas en la sociedad dominicana en los últimos años, afirma que en los últimos 15 años de cada 10 pacientes que acudían a consultarse 3 ó 4 tenían depresión.
Monegro, director del servicio de salud mental del Hospital Doctor Marcelino Vélez Santana, de Herrera, explica que en los actuales momentos una de cada dos personas que acuden al centro de salud tienen depresión, lo que evidencia que el problema está afectando a más del 56 por ciento de los pacientes.
Tras explicar que los males económicos que influyen en el estado de ánimo de las personas son parte de las causas principales del incremento de los problemas depresivos en el país.
Reveló que en la actualidad en la unidad de Salud Mental del Hospital Marcelino Vélez Santana se atienden cada día unos 10 pacientes, cuando lo que se tiene contemplado es ver a tan sólo 4 pacientes por turno, en virtud del tiempo que hay que dedicarles.
Los problemas de los seres humanos hoy en día se han agravado como consecuencia de las carencias cotidianas, y esos factores sociales y económicos están afectando la existencia del hombre, dijo el doctor Monegro durante un taller que impartió recientemente.
No obstante, el profesional de la psiquiatría se quejó porque hoy en día existe una superficialidad que mete miedo y las personas viven para lo inmediato, rebosadas de fanatismo, lo que ha ido dañando la entereza e integridad de la gente frente a las adversidades de la vida.
CAUSAS SOCIALES
Otros especialistas en la psiquiatría, como Jaime David Fernández Mirabal y Fernando Sánchez Martínez, también han sostenido que las enfermedades mentales, depresivas y psicosomáticas han aumentado en la República Dominicana como consecuencia del agravamiento de los problemas económicos y de los servicios de la energía eléctrica y de salud, entre otros.
Y no es para menos, pues en los últimos años el país ha sobrevivido en la peor devaluación monetaria que ha conocido en los últimos 50 años, en un incremento sin precedentes de su deuda externa, en un proceso de quiebra masiva de empresas y negocios y, en efecto, de pérdida de empleos.
Además, ha habido un incremento desproporcionado de los precios de los combustibles y una inflación, en sentido general, que se coloca entre el 50, el 100 y hasta el 150 por ciento.
En definitiva, la falta de oportunidades de trabajo, las precariedades económicas, la crisis de servicios fundamentales como los del agua potable y la energía eléctrica se convierten, muchas veces, en las principales causas que llevan a las personas a exhibir problemas de desequilibrios mentales, de nerviosismo o depresión.
El doctor Fernández Mirabal, quien ha sido consultor de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), y Sánchez Martínez, ex rector de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), han mostrado su temor de que el incremento de las enfermedades mentales y depresivas pueda dar al traste con un aumento de la violencia, de los accidentes de tránsito y del consumo de alcohol y estupefacientes.
Para el doctor Sánchez Martínez, la clase media de la República Dominicana que sobrevive entre la angustia, el asombro y el sometimiento a grandes presiones sicosomáticas sufre un notable deterioro de la calidad de vida, mientras que 6 de cada 10 dominicanos viven por debajo de la línea de la pobreza, es decir, que apenas producen para satisfacer las necesidades de consumo básico.
El ex rector de la UASD cuenta que la sociedad dominicana actual, debido a su acelerado empobrecimiento, ha sufrido un deterioro en las relaciones familiares, incremento de la marginalidad, del uso y abuso de drogas y alcohol, de la delincuencia y de las enfermedades sicosomáticas, úlceras y otras.
Explica el reconocido psiquiatra que cuando una persona está sometida a un fuerte estrés sicosocial busca una salida, cualquiera que sea.
Añade que ha venido observando ese estado de angustia e inseguridad en muchos de sus pacientes, algunos de los cuales son jóvenes profesionales.
Como si existiera un plan para que toda la población enloqueciera a causa de la carestía de la vida, la mayoría de los precios de los medicamentos que requieren los desequilibrados para tratar sus enfermedades son carísimos.
Se afirma que para meterle los dientes al costo de fármacos como Imipramina, Amitriplilina, Benzodiacepinas, Litio, Hepamin y Clotromazina, entre otros, hay que hacerse el loco.
LOCURA PROVOCADA
Hay quienes han denunciado que muchas personas han sido empujadas a la locura por medio al uso abusivo de drogas narcóticas y de otro tipo de sustancias que presuntamente se les dan a beber o se les inyectan con el propósito de quitarles una herencia o cobrar una venganza.
Diversos sectores del país, incluido el Sindicato Nacional de Trabajadores de Enfermería (Sinatrae), han denunciado en varias ocasiones que en el Hospital Psiquiátrico Padre Billini, mejor conocido como El 28, se cobraba entre 500, 1,000, 2,000 y 3,000 pesos para mantener encerradas a personas que se han curado de problemas mentales y para emitir certificados dando cuenta de que no están aptas ni física ni mentalmente para recibir herencias.
De conformidad con las denuncias formuladas, esas acciones indecorosas procuran que las familias que pagan el dinero cobren y se repartan herencias que en realidad corresponden a sus parientes que presuntamente se encuentran padeciendo de locura, en virtud de que los certificados expedidos por los centros de salud donde se encuentran internos dan cuenta de que no están en condiciones psíquicas para recibirlas.
Esas denuncias han dado lugar, como era de esperarse, a encendidas polémicas en la opinión publica nacional, sobre todo entre Sinatrae y las autoridades del Padre Billini.
[Patronato del Padre Billini]
El Hospital Psiquiátrico Padre Billini, (Manicomio o 28) es el único centro publico que existe en el país donde se internan a las personas con problemas mentales. La entidad tiene cerca de 50 años que fue fundada. Los fondos que el Gobierno destina a la ya obsoleta y pequeña institución son insuficientes para atender la demanda de pacientes.
Conociendo esa realidad, unas prestantes damas dominicanas crearon, en 1987, el Patronato o Voluntariado de Ayuda al Hospital Psiquiátrico Padre Billini, el cual ha hecho posible que el centro tenga instalaciones telefónicas después de más de 30 años sin ellas, la creación de una escuela ocupacional, de una finca experimental para labores agrícolas de los enfermos, de salones de belleza, de una escuela de pinturas y salas de juego en el interior del lugar.
El Patronato del Psiquiátrico Padre Billini ha atribuido la proliferación de enfermos mentales que deambulan por las calles de Santo Domingo al hecho de que muchas familias campesinas traen parientes suyos con signos de locura a la ciudad a los fines de obligar a las autoridades del hospital a recogerlos.
La entidad también ha expresado en varias ocasiones la preocupación de que muchos pacientes recuperados que son devueltos a sus hogares son rechazados por algunos familiares, lo que permite que se agrave su situación y deambulen por las calles sin rumbo fijo.
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