15 de Septiembre de 2003 • Edición número 1,323
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Guillermo Martinez

Uribe ha devuelto la fe a Colombia



La discusión comenzó durante una cena con un funcionario norteamericano que hizo carrera en América Latina.

Alvaro Uribe acaba de celebrar su primer aniversario como presidente de Colombia y el aplauso de los colombianos es ensordecedor. Las encuestas en Colombia dicen que Uribe tiene el respaldo de por lo menos el 70 por ciento de los colombianos. Su popularidad viene porque ha cumplido lo que prometió en su campaña: Colombia va a pelear a muerte con los terroristas guerrilleros y narcotraficantes hasta que se rindan.

Uribe no ha ganado la guerra. Es posible que sea imposible hacerlo. Son demasiadas las décadas de violencia. Sin embargo, los colombianos vuelven a soñar.

“Por primera vez en mi vida –ella tiene 34 años– hoy tengo la esperanza que Colombia tiene futuro. Yo tengo el derecho a soñar”, dijo una colega.

Los colombianos ven en Uribe a una persona decente, trabajadora. Uno no acostumbra a usar estas palabras en un artículo sobre política en América Latina. Hay otras que son más atinadas. Uribe no tiene mucho carisma ni es de los que da discursos interminables. Lo único que hace es trabajar los 365 días del año.

Por eso la noticia de la campaña para enmendar la Constitución en Colombia no sorprende. Los colombianos quieren que Uribe pueda aspirar a un segundo período electoral en el 2006.

Nadie discute que Uribe ha tenido un muy buen primer año de presidente. Pero lo mismo dijeron muchos sobre Alberto Fujimori en Perú, Carlos Saúl Menem en Argentina y Hugo Chávez en Venezuela. Los tres tuvieron éxitos en sus primeros años. Después la corrupción y los anhelos de perpetuarse en el poder minaron sus respectivos mandatos. A Fujimori lo sacaron por la fuerza. Menem no logró recuperar el cargo este año.

Los colombianos dicen que Uribe es diferente. Ellos han tenido tantos falsos líderes que el país necesita a una persona que inspire confianza como gobernante. También argumentan que no hay nada de malo con un sistema electoral que permita la reelección. Son los parámetros que rigen en Estados Unidos.

El funcionario norteamericano cree en Uribe. Cree que Colombia lo necesita para poder derrotar a los insurgentes y levantar la economía del país. El dice que es fácil trabajar con un político latinoamericano que dice lo que piensa y cumple lo que dice. Todo ocurre sin que Uribe diga que él aspira a un segundo período presidencial. La idea es de personas que ven en él la salvación de Colombia.

Entiendo a los colombianos. Pero los políticos latinoamericanos adoran el poder y permiten que la falsa idolatría destruya sus ideales. La popularidad y las ansias de poder dan paso a la demagogia y a la corrupción. Por eso es peligroso permitir que los presidentes cambien las reglas del sistema electoral.

El funcionario norteamericano no me convenció, probablemente porque discutía en abstracto y el ambiente no era propicio para una discusión seria. Pero la colega es otra cosa. Para ella no era un ejercicio hipotético. Dice que en Colombia no imitan el modelo venezolano donde aprovecharon la popularidad de Chávez para cambiar la Constitución y volverlo a elegir aún antes de haber terminado su primer período como presidente. “A Uribe le quedan tres años en el poder y va a tener que trabajar duro para conseguir que los colombianos vuelvan a votar por él”, dijo.

Su vehemencia casi me hace olvidar la desconfianza en los políticos latinoamericanos que se enamoran del trono. Pero logró plantar una semilla. Es posible que Uribe sea la excepción a la regla.
Los colombianos tienen tres años para pensarlo.



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