Los Presidentes de la República
Ley, batuta y Constitución
La cultura y la práctica autoritaria del ejercicio del poder en el país están estrechamente ligadas a la figura del presidente de la República, quien siempre ha tenido en sus manos poderes extraordinarios para influir en los demás estamentos del Estado, con la autorización expresa de la Constitución Dominicana, de ahí que el pueblo tiene toda la razón, cuando dice que el máximo ejecutivo de la nación es Ley, batuta y Constitución

Por Juan de la Cruz
La trayectoria histórica de una nación casi siempre se encuentra reflejada en el saber popular expresado en refranes, proverbios y frases lacónicas. La expresión ley, batuta y Constitución define muy bien las características autoritarias y centralizadoras que desde los mismos orígenes de nuestra nacionalidad han tenido muchos mandatarios dominicanos.
Esa realidad comenzó a manifestarse con el primer presidente constitucional, Pedro Santana, quien hizo consignar en la Constitución del 6 de noviembre del 1844 el artículo 210 que otorgaba plenos poderes al jefe de Estado, y llega hasta el presente a través de la inclusión del artículo 55 en la Carta Magna de1966 y que las diferentes reformas constitucionales recientes no han logrado cambiar.
El autoritarismo echó fuertes raíces históricas en los regímenes de fuerza encabezados por Pedro Santana, Buenaventura Báez, Ulises Hereaux, Ramón Cáceres, la ocupación norteamericana de 1916 al 24, la dictadura de Trujillo y los doce años de Joaquín Balaguer, dejando su estela el fantasma que asoma en las más variadas formas del ejercicio de poder recientes, aun en ámbitos tan íntimos como el familiar, espacios intermedios como el escolar o el laboral, o instancias supremas como los diferentes poderes del Estado.
En el país existen algunos íconos más perennes de perpetuación de las prácticas autoritarias y que se han convertido en parte de la cotidianidad de la gente, tal es el caso del militarismo de Ramón Cáceres recogido en la frase popular preso por la guardia de Mon, una señal del terror generalizado que implantó en la ciudadanía entre los años 1905 y 1911, fecha en que fue ajusticiado.
Pero es el balaguerismo la más reciente e influyente de todas las formas autocráticas que ha padecido el país durante la etapa democrática post-trujillista, ya que teniendo como patente de corso el macuteo, el tráfico de influencia , la corrupción y la tramposería, se ha apoderado de la forma de hacer política de los principales líderes de los partidos dominicanos que han estado en el Gobierno y en la oposición, al tiempo que se ha convertido en una pandemia que ha terminado por balaguerizar a toda la sociedad dominicana.
Impronta de Balaguer
El autoritarismo balagueriano se puso de manifiesto desde la época en que le tocó dirigir los destinos del país bajo la tutela del dictador Trujillo, en cuyo gobierno se llevó a cabo el apresamiento de los principales líderes del Movimiento Revolucionario 14 de Junio, dirigido por Manuel Aurelio Tavárez Justo, y se produjo el horrendo crimen de las hermanas Mirabal.
Pero es en el marco del ejercicio que inicia luego de la muerte del tirano y transcurrida la guerra de abril de 1965, al tomar posesión el 1º de julio de 1966, cuando deja claro que el orden y la estabilidad política están por encima de las libertades públicas, sean colectivas o individuales.
Eso se revela en el discurso pronunciado ante la Asamblea Nacional al ser juramentado como presidente de la República en el 1966: La democracia es un régimen de convivencia fundado principalmente en la ley y en el respeto, en el derecho de todos. Si los partidos de oposición, inclusive los grupos de la extrema izquierda y la extrema derecha, se lanzan a una labor de oposición desenfrenada y tratan de desarticular la vida del país y de quebrantar sus principios fundamentales, es lógico que esa convivencia se haría imposible y que el Gobierno, aún animado de las mejores intenciones, se vería empujado a actuar con drasticidad y a enfrentarse abiertamente a esa actitud subversiva.
Esa sería la pauta que normaría la conducta balagueriana durante los 12 años que se mantuvo en el ejercicio del poder, sin importarle lo que tuviera que hacer para mantenerse al frente de la conducción del Estado, incluyendo la constitución de entidades de extrema derecha, como la Banda Colorá, que contaron con el respaldo de la cúpula militar neotrujillista.
Mucho se ha dicho y escrito sobre la cantidad de jóvenes valiosos de izquierda y de la oposición nacionalista de la época que murieron a mano del régimen de Balaguer por defender el derecho que tienen los dominicanos a vivir en abundancia, democracia, paz y libertad.
Al mismo tiempo impidió que las entidades de oposición manifestaran libremente su disensión con respecto a las políticas aplicadas por él, imponiendo una especie de terror draconiano, similar al de la dictadura trujillista.
A pesar de todas las diabluras y marrullas políticas puestas en prácticas por Balaguer en la Presidencia de la República, los tres partidos mayoritarios declararon a Balaguer Padre de la Democracia. ¡Qué paradoja de la vida!
Eclipse democrático
El ascenso al poder del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), en 1978, significó para la sociedad dominicana un verdadero respiro democrático, ya que la primera disposición que se tomó fue la de emitir una ley general de amnistía para los presos políticos y el regreso de los exiliados, así como el pleno ejercicio de las libertades democráticas.
Sin embargo, al poco tiempo, en 1979, el gobierno de Antonio Guzmán comenzó a dar muestras de intolerancia política al reprimir abiertamente las diferentes protestas populares contra el alto costo de la vida y el alza de los combustibles, lo que llevó al entonces vicepresidente Jacobo Majluta a pedirle a sus compañeros del PRD a darle candela a los conspiradores.
Algo similar ocurrió en el próximo gobierno perredeísta, encabezado por el doctor Salvador Jorge Blanco, quien auspició y permitió la destrucción del Sindicato Nacional de Trabajadores Telefónicos (SNTT), en 1983, porque se constituyó en bastión de lucha contra los abusos cometidos por la empresa transnacional Codetel contra los usuarios y contra sus trabajadores.
Un año después también mandó a reprimir a mansalva a la población de los barrios populares que se lanzaron a las calles a protestar contra la política fondometarista y contra el alza de los artículos de primera necesidad.
Institucionalidad a medias
El ascenso del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) al poder en 1996 significó un cambio en la práctica estatal, a pesar de haber subido con el apoyo del doctor Balaguer y el Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), ya que las instituciones públicas adquirieron otra cara: el macuteo, el tráfico de influencia y el soborno dejaron de ser el pan nuestro de cada día de las anteriores administraciones.
Sin embargo, tal como dice Leonel Fernández en su discurso del 18 de agosto de 1997 ante el presidente Ernesto Zedillo de México: Ciertamente, se habla muchas veces de que la democracia dominicana es imperfecta, de que tiene sus flaquezas, de que tiene sus debilidades, y siempre hemos estado de acuerdo en reconocer esas debilidades, pero también reconocemos lo mucho que hemos avanzado en la construcción de ese proceso democrático.
La imperfección de la prácticas democráticas durante el gobierno de Leonel Fernández se expresaron en las acciones emprendidas por su gobierno en 1998 para imponer, mediante el soborno y la compra de conciencia, como presidente de la Cámara de Diputados por un nuevo período al diputado perredeísta por la provincia Independencia, Héctor Rafael Peguero Méndez, por encima del designado por el PRD, Winston Arnaud.
Algo peor hizo en la Liga Municipal Dominicana (LMD), cuando impuso por la fuerza al reformista Amable Aristy Castro, para impedir que el perredeísta Julio Maríñez continuara al frente de la Secretaría General de esa entidad, reprimiendo a senadores y diputados que se opusieron a ese despojo y llevando en un helicóptero a Aristy Castro para que tomara posesión del cargo.