8 de Septiembre de 2003 • Edición número 1,322
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Wilfredo Mora

Nuestro periodismo forense



A los comunicadores de nuestro país, con nuestras esperanzas de que se interesen por el periodismo forense y porque una de sus mejores fuentes, como lo es la medicina legal, les brinde esos conocimientos que les garantiza la libertad de dar a conocer noticias de hechos médico legales, deseamos transmitirles algunos consejos.

Justamente entre las funciones que puede tener la medicina legal junto al periodismo está la de transmitir e informar para prevenir a la sociedad contra hechos de características perjudiciales. Ambos buscan la verdad, reconstruirla en mil detalles. Son ciencias de la verdad de los hechos. Pero son hechos que se verifican de manera distinta y en distintas dimensiones de la realidad objetiva.

El periodismo forense no tiene como finalidad resaltar las “faltas médicas”, sino contribuir en el manejo adecuado de la información. Muchas veces, por ley, no pueden salir en la prensa los nombres de los procesados primarios, y en lo personal hay que tener cuidado de no divulgar un caso, una sentencia, si ésta no está firme y aún así, incluso, dar nombres.

El poder de la prensa en asuntos médico legales está en el secreto, en no hacer públicas las “intimidades” de las vidas de las personas que han sido violentadas o agredidas, o a quienes se les trasplantó un órgano, o cuando “a través de los noticieros televisivos entran en nuestros hogares, en que se nos han mostrado suicidios en vivo y directo”. Pero lo más importante es en cuanto a la forma de realizar la investigación de casos que puedan confundir a la ciudadanía.

Consideraremos la investigación médico legal en muertes dudosas, que ocupa el punto medio entre el homicidio y el suicidio. El carácter engañoso de la determinación del suicidio y sus planteamientos de que “generalmente lo que falta es el factor determinante, es decir, lo que acontecía en la mente de la víctima contemporáneamente con la hora de su muerte”, que “un fallecimiento no debe ser clasificado como suicidio hasta que se haya descartado cualquiera otra posibilidad que lo explique”.

Cuando miramos a nuestro alrededor es obvio aceptar que los periodistas se pasan todo el tiempo en asuntos judiciales, los cuales requieren los conocimientos de una disciplina especializada de la medicina que se ha dado en llamar derecho médico, jurisprudencia médica o medicina legal o forense.

La información periodística, tratada por el comunicador como mejor entienda, es coartada por el derecho; la forma deliberada de opinar, de actuar, y del interés de definir correctamente cualquier punto de vista respecto a un acontecimiento. La medicina legal tiene ese valor para el periodista. Se trata, por tanto, de un campo donde se atraviesan y concurren todo género de conflictos humanos, de las personas consigo mismas o con otras, con hechos de violencia o connotaciones judiciales y sometidos a los criterios normativos, legales.

Los grandes hechos médico legales son difundidos rápidamente por la prensa, a veces con imprecisiones y sin una valoración adecuada de las consecuencias. Esto provoca en los informantes cierta reticencia y temor al diálogo con los periodistas por lo que pueda interpretarse o trasmitirse. Entonces sólo cabe la información veraz, objetiva, sin sensacionalismos, imparcial, cautelosa y respetuosa.

En la evaluación de la muerte como noticia los periodistas precisan conocimientos propios de medicina legal, en la exploración retrospectiva e indirecta de la muerte, mediante la autopsia, y en los casos de definir la etiología médico legal de muertes dudosas donde no había suficientes elementos para afirmar si se trataba de un suicidio, un homicidio o un accidente.

Dar una noticia apresurada y prejuzgada que luego deba ser desmentida produce un daño que difícilmente elimina las correcciones que no trascienden tanto como la primera información, ocupando un lugar menos destacado. El periodista incurre con frecuencia en mostrar una impresión de la información que sirve de “cura” o de “respuesta” en razón de los hechos cometidos, pero el tiempo de la muerte acaecida no transcurre de la misma manera cuando se le analiza desde la óptica médico legal. Tampoco la medicina legal cura; esencialmente es diagnóstica.

Este artículo, que por supuesto lo escribimos a propósito del caso del periodista Daniel Martich, encuentra a los profesionales del periodismo carentes del contexto de la investigación criminal, que utiliza la metodología médico legal.

A los comunicadores de nuestro país, con nuestras esperanzas quizás de que decidan abrir un foro motivado por los peritos forenses del país de realizar un curso especializado para ver qué tanto necesitan aprender los amigos del periodismo, curso que debería ser brindado de tal forma que sea lo más veraz, preciso y respetuoso de la ética de la que dependen ambos profesionales.



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