7 de Septiembre de 2003 • Edición número 1,321
 SECCIONES

 Señales Deportivas
 



Suscripciones
al teléfono

565-5581, extensiones desde 391 hasta 400 de lunes a viernes de 9:00am a 6:00pm o al correo electrónico
Balaguer fraguó el PRSC a su imagen y semejanza

El Partido Reformista fue el instrumento político en el que se apoyó Joaquín Balaguer a su regreso al país en 1965 y en él se agruparon las fuerzas productivas y de opinión que habían quedado sin apoyo tras la muerte de Trujillo




Por Miguel Febles


Luis Medrano
Manuel Arturo Peña Batlle era un hombre al que en el primer tercio del siglo XX se le consideró primero un radical, un liberal después, y algunos comentaristas llegan hoy día inclusive a considerarlo de izquierda. Fue sacado por Trujillo del sector privado y colocado en el potro del tormento del que Dios debería guardar a todo intelectual desapercibido: las guirnaldas del poder.

La confrontación con aquel mundo en un lapso que se extiende de 1941 a 1954 lo sumió al final en un proceso de melancolía del que no pudo levantarse. Joaquín Balaguer fue confrontado con la misma realidad tan temprano como 1930, pero contrario a Peña Batlle empezó como un burócrata gris que se comprometía despacio, tanteando el terreno, como los ciegos. Finalmente se murió a pedazos en un proceso tan dilatado que se puede decir, sin exagerar, que todavía está caliente en la tumba del cementerio Cristo Redentor a donde fue seguido con veneración por todos los partidos y por los medios de comunicación del país. Balaguer no fue arrastrado por el caballo salvaje del poder.

Lo resguardaron algunas circunstancias. Una de ellas, el parentesco que lo ligaba a la esposa de Trujillo, y otra, la curiosidad que provocaba en el caudillo la ausencia aparente de ambiciones, o el enmascaramiento de las ambiciones, en un hombre que sin embargo parecía capaz de un duelo al estilo de los tiempos medievales. En realidad Balaguer aprendía de los pormenores de la Era Trujillo como ningún otro de sus cortesanos.

HOMBRE–PARTIDO
El Partido Dominicano, instrumento de Trujillo, fue disuelto en 1961.
Balaguer estaba en el poder junto a Ramfis Trujillo. El único apoyo con el que contaba era, en consecuencia, de carácter militar.

Cuando Ramfis se fue Balaguer quedó en el poder, pero le faltaba el ancla política que le permitiera actuar en la opinión pública y forjar contrapesos frente a sus adversarios, que sí contaban con instrumentos partidarios.

El Partido Reformista nació después que lo sacaron del poder y lo mandaron al exilio, pero antes hubo un natimuerto llamado Acción Social. De acuerdo con lo que nos cuenta en su “Memorias de un Cortesano…”, fue fundado entre los años 1962 y 1964 con una pseudo doctrina que puede dar luz para explicar una de sus fórmulas de acercamiento a las masas que al parecer le dio muy buenos resultados, consistente en vender a precio de vaca muerta o regalar tierra, casas, triciclos, carros, máquinas de coser, juguetes, guaguas y comida en todos los niveles del entramado social.En realidad se trata de una práctica populista que le permitía conectarse con un vicio ancestral de la sociedad dominicana –la dádiva–, que a su vez tiene un fuerte arraigo en nuestras miserias morales y materiales.

Balaguer sugiere que tiene alguna deuda ideológica con el general Juan Domingo Perón, que fue sacado del poder el año de 1955 y acogido por Trujillo en 1959, luego de la caída de Pérez Jiménez en Venezuela. Del 59 a enero del 61 trabaron amistad a tal punto que el fundador del justicialismo le escribía desde España a su exilio de Nueva York para aconsejarlo. Ese Partido Reformista al que se le puede atribuir, en consecuencia, algún vínculo así sea emotivo con el peronismo, fue el instrumento político en el que se apoyó Balaguer a su regreso al país en 1965. En él se agruparon las fuerzas productivas y de opinión que habían quedado sin apoyo por todo el país tras la muerte de Trujillo y que en cuatro años no habían encontrado en los gobiernos ni en las instituciones que les proponían los líderes sociales o de opinión, un vínculo confiable y seguro con la realidad económica que habían conocido durante más de 30 años.

La verdad es que el Partido Reformista no existía en vida del caudillo. Existía Balaguer, que a pesar del instrumento político que le permitía actuar en la base del pueblo dominicano no pudo resistirse a la politización de las Fuerzas Armadas que ya había visto en la Era Trujillo.

LA OCASIÓN
Cuatro momentos estelares escogidos de nuestra historia reciente muestran lo que aprendió. Lo primero, a guardar silencio y a simular; pero también a guardarse sus fórmulas para la solución de conflictos y, desde luego, aprendió a manejarse en medio del temporal. La primera crisis de grandes proporciones en la que puso a prueba su talento fue la muerte de Trujillo y el despido de sus hijos y hermanos. A partir de entonces Balaguer empezaba a trabajar por sí y para sí con todas sus consecuencias. De las otras cinco grandes crisis en las que se vio envuelto, tres tienen su marca, que es inconfundible: la de 1962 ha pasado a la historia como una obra del general Pedro Rafael Ramón Rodríguez Echavarría, aquel que dio el golpe en enero de 1962 y apresó a los miembros del Consejo de Estado; la segunda, que tuvo un carácter permanente, se extendió de 1966 a 1978 y sigue siendo atribuida a las izquierdas y a los militares de la época; la electoral de mayo hasta agosto del 78, que ha pasado a la historia como una responsabilidad de Juan René Beauchamps Javier y Neit Rafael Nivar Seijas, pero que si se la examina con detenimiento se verá que en el fondo responde al esquema de enero del 62; la de 1990, que se ha quedado en una suerte de limbo por la mezquindad de los intelectuales, que nunca han estado dispuestos a perdonarle a Juan Bosch su talento y sus errores, y la del 94, que se quedó en el escenario político, al que corresponden todas, independiente de la fuerte presencia militar en tres de ellas.

Hubo una sexta crisis, la de 1986, pero esa se la prepararon otros por falta de perspicacia, y mal podía salir perdidoso en una circunstancia hecha a su medida.

Ahora que está muerto se puede examinar su vida y sus estrategias con menos pasión. El resultado es sorprendente: sus artes y magias siempre se volvían en su contra, hecho que puede muy bien explicar su hipertensión crónica y su ceguera por glaucoma. La estratagema puesta a caminar de la mano del general piloto Rodríguez Echavarría le salió mal, y lo mismo podemos decir del período 66-78, en el que cumplió el objetivo de mantenerse en el poder, pero a un precio tal que ni siquiera la veneración posterior consigue limpiarlo. Otro tanto se puede afirmar de mayo del 78. La del 94 lo sacó definitivamente de la primera fila en el entramado del poder y lo relegó a la condición de consultor del poder. Con el epílogo de 1994 las fuerzas sociales en las que se apoyaba, y que a su vez sustentaban su vigencia en las concepciones del caudillo acerca de la sociedad dominicana, de la economía y del poder, empezaron un lento proceso de acomodamiento a las circunstancias que todavía está en curso.

HASTA LA MUERTE
A lo largo de su vida pública Balaguer cultivó grandes amistades y algunas complicidades en la forma de aplicar el poder. Pero también heredó enemistades importantes que pueden ser agrupadas en dos bandos: los que fueron derrotados por la realidad de un hombre que se cristalizó con el poder, y los que se mantuvieron apartados.

Algunos de sus adversarios, derrotados por el paso del tiempo, terminaron en el partido de Balaguer, que en los años 80 sufrió un contagio ideológico que lo convirtió en Partido Reformista Social Cristiano.

Ahora Balaguer está fuera de escena y el PRSC da los primeros síntomas de que, como los muertos embalsados, se descompone poco a poco. Exhibe, sin embargo, una cierta cantidad de movimiento que le imprimió la vida pública de Balaguer, hecho que le permite la ilusión de vida propia. Queda, así mismo, el empeño de los otros dos grandes del espectro político, el PRD y el PLD, que lo canivalizan sin que lleguen a entender que el Partido Reformista no existe. Quedan en pie, esto sí, las fuerzas sociales a las cuales la dilatada carrera pública de Balaguer, y su prominencia, les impidió evolucionar al mismo paso que lo han hecho otros sectores. Este detalle tiene consecuencias de una cruda actualidad, pero de ellas nos ocuparemos en otra entrega.


Otros
artículos




VISITE LA WEB DE LOS PERIÓDICOS
Hoy|El Nacional


Revistas Nacionales, S. A. | Santo Domingo, República Dominicana | Todos los Derechos Reservados