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Un Juan Bosch, dos Juan Bosch, tres Juan Bosch, muchos Juan Bosch
Por Miguel Febles
Juan Bosch no conoció a Eugenio María de Hostos. Y no podía conocerlo porque el agitador por la independencia de Cuba y Puerto Rico, protegido de Gregorio nació Luperón, por demás, murió en Santo Domingo el año de 1903. Bosch nació seis años después en La Vega.
Era un hombre emotivo, pero por alguna causa era también racionalista, inclinación que debe de haberlo llevado hasta Hostos, maestro que ejerció una influencia extraordinaria en la vida intelectual dominicana en los primeros años del siglo XX.
La vena emotiva lo debe de haber empujado hacia la literatura de ficción y de allí el positivismo racionalista lo llamó sin duda hacia la historiografía y hacia la sociología, donde se encontró con Hostos, habitante de pleno derecho de ese universo del que tomó la base intelectual para ir adelante con una coherencia aparente a pesar de esta fractura de conciencia que lo hacía unas veces aparecer como un positivista consumado y otras como un metafísico de altos vuelos. Así en su literatura, así en su vida pública. De allí nace la lista inacabada de sus rompimientos.
Un partido sacado de la cabeza
El último de estos berrinches propios de una personalidad autoritaria se produjo en 1973 mientras ostentaba la presidencia del Partido Revolucionario Dominicano, partido en el que había militado desde 1939. Luego de este hubo otro rompimiento importante, esta vez en el Partido de la Liberación Dominicana, pero ya para entonces su voluntad estaba quebrada por la mala salud de hierro (esta expresión es del poeta español Vicente Aleixandre) que lo acompañó toda la vida y que en su vejez se manifestó como pérdida progresiva de la memoria.
El PLD nació de la separación de Bosch y otros altos dirigentes de las filas del PRD. Pero hagamos la salvedad de que en estos hay dos historias; una, la que cuentan Bosch y algunos de los que le acompañaron, relata que la imposibilidad de racionalizar la vida política dentro del partido blanco, de establecer una disciplina y hacer de esta actividad humana una práctica consciente, seria y disciplinada, los obligó a irse. La otra hay que sacarla por los pelos, o no hay historia.
Si aplicamos en este asunto la invitación que se encuentra en la sentencia martiana que Bosch solía repetir, aquella en la que el llamado apóstol de la independencia cubana aseguraba que en todo hay siempre un aspecto que se ve y otro que no se ve, y que a menudo lo que no se ve suele ser más importante que lo que se ve, pocemos sacar otra conclusión, discutible, pero verosímil: Luego del golpe de 1963, de la derrota militar de 65 y de la derrota electoral de 66, era evidente que la confrontación de Bosch con la sociedad dominicana, de la que se había mantenido apartado por 23 años de exilio, surgió en el intelectual la necesidad de instrumentalizar al PRD para que sirviera en sus planes de civilizar, en cuanto ello fuera posible, la vida pública. Para cumplir este propósito había que contar con un poder tan grande como el que tuvo el general Rafael Leonidas Trujillo, y como ese poder no lo iba a encontrar nadie, y menos Bosch, echó mano de la idea de racionalizar su sueño. De allí nació la táctica de establecer un proceso de reeducación para llenar al país con muchos Juan Bosch.
El PLD no le sirvió para el propósito de poner a Repúiblica Dominicana al nivel de las democracias liberales que soñó en sus años de exilio ni para la aplicación de la dictadura con respaldo popular que concibió al calor de su metamorfosis marxista. Ello a pesar de la admiración que le tenía una parte importante de la clase media intelectual, y no le sirvió porque ese sector de clase al que castigó sin piedad cada vez que pudo, no era otra cosa que una expresión de varios estratos de la pequeña burguesía, en especial de la que él metió en la casilla "pobre" y a la que le atribuía todos los males de las expresiones pública y privada de la sociedad dominicana.
José Ramón López, en La Alimentación y la Raza, había tenido un importante acercamiento a la condición de lo dominicano a finales del siglo XIX. Bosch lo tuvo en el último tercio del siglo XX, pero lo hizo a partir de unas ideas y unos procedimientos menos polémicos: la relación de los hombres y las mujeres con los bienes de producción, instrumento sociológico de la corriente del conflicto.
Sueño imposible
Lo que Bosch esperaba del PRD no era posible. Y no lo era porque como se dijo en un trabajo publicado la semana pasada en esta misma revista [A]HORA, el del jacho encendido es un instrumento de la sociedad dominicana, que lleva por esa vía al plano político lo que tiene en la médula espinal desde mucho antes de la independencia nacional.
Pero tampoco lo podía conseguir por la vía del PLD, porque para ello habría tenido que irlo a buscar a Suecia o Alemania, con el riesgo de que la alimentación, el clima y la cultura local se los corrompieran al contacto.
De los altos dirigentes que salieron con Bosch a la aventura de formar y llevar adelante un partido de cuadros que indujera un adecentamiento de la actividad política algunos lo acompañaron hasta el final; algunos salieron del PRD y se quedaron durante algún tiempo en una suerte de limbo para retornar poco después a los fuegos del infierno blanco, y otros lo abandonaron ante el primer revés, el que se produjo en mayo de 1978. La salida de la alta dirección peledeísta bajo el calor de la fiesta blanca que invadió al país con el ascenso de Antonio Guzmán al poder dejó en claro que el partido articulado hasta ese momento respondía a la autoridad del líder, no a los cuadros que se había empeñado en formar. El partido era, en realidad, un cuento salido de su mano, de la misma mano que escribió el prontuario en el que se recomienda tratar la obra con mano de dictador para que responda a sus expectativas desde la primera hasta la última línea.
Si se observa con cuidadado, se encuentra que tanto en 1973, como en los años sucesivos, el PLD se nutrió del PRD y de la cantera de la que hasta entonces salieron los perredeístas. Lidio Cadet, por ejemplo, era sacerdote y como tal debía ser un hombre formado con una concepción metafísica de la realidad, de los medios y de los fines. Al salir de la iglesia e interesarse en la vida política se supone que lo hiciera desde cualquiera de las parcelas. Lo hizo desde la marxista declarada. Otros sacerdotes que abandonaron la iglesia se metieron en el Partido Reformista, otros desde el PRD y otros fundaron su propio partido.
La importancia de la presencia de Cadet en el PLD puede ser entendida si se piensa que durante mucho tiempo fue el puntal en el que Bosch aseguró la organización del partido luego que tuviera importantes tropiezos con Antonio Abreu y Rafael Alburquerque. El detalle es importante, porque algunos han perdido de vista que el partido morado tiene dos etapas: una que empieza en 1973 con la salida del PRD, y otra que se inicia con la caída del Muro de Berlín y con la derrota electoral de 1990.
En la primera etapa el predominio de las ideas y luego de la figura de Bosch son innegables e inevitables. En la segunda etapa, que se inicia con la salida emotiva del líder de un espacio que debió abandonar como lo que había sido hasta entonces, un hombre de un valor intelectual inestimable, adjurando del partido que se sacó de la cabeza en un parto que se extendió más de 17 años. La segunda vida del PLD será discutida en otro artículo. |
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