18 de Agosto de 2003 • Edición número 1,319
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Por reglas claras, estables y respetadas


Por Jacinto Gimbernard Pellerano.

No cabe la menor duda. Con reglas claras, estables y merecedoras de respeto por las autoridades de todos los niveles de poder, los dominicanos millonarios en dólares tendrán la necesaria confianza para que su dinero sano entre en la maquinaria económica nacional, tanto en industria como en comercio, fortaleciendo y magnificando la capacidad productiva dentro de un amplio espectro generador de bienestar nacional.

No hay razón para que un país como el nuestro, rico en potencialidades territoriales y humanas –pongámoslo a la inversa, como debe ser– primero lo humano y luego lo demás, padezca los agobios que nos asfixian. Por otra parte, no se justifica que en un país de abundante tierra fértil y clima propicio no exista una abundancia de comestibles capaces de garantizar que nadie, por más pobre que sea, sufra la atroz mordedura del hambre.


Luis Medrano
Muchos más dominicanos de lo que se piensa sólo pueden comer una vez al día, y aún así sólo pueden ingerir alimentos de escaso valor nutritivo.

Mayormente se trata de cocinar al mediodía, unas veces arroz con habichuelas y una pizca de carne; otras, espaguetis con salsa de tomate o berenjenas y tayotas con uno de esos panes “de agua”, que realmente son de aire porque están huecos. Pero no hay desayuno ni cena. Eso es todo.

No ahondemos en el espanto del problema de salud, que el Estado debe garantizar teniendo presente que es un administrador, UN ADMINISTRADOR de los recursos del pueblo que, trátese de pobres o ricos, miseriosos o multimillonarios, aporta cuantiosos dineros mediante impuestos insoslayables, inevitables, porque gravan todo lo necesario para vivir.

Estamos padeciendo el caos de la desorganización y la improvisación desenfadada. Sólo a partir de una ausencia de raciocinio puede suceder que el Banco Central de la República emita certificados financieros con un interés tan alto que constituye una competencia desleal a la banca comercial y viene a ser un nuevo factor desestabilizante de la resquebrajada estructura económica nacional. Yo me pregunto: ¿A la hora de pagar esos altos intereses, de dónde sacará el dinero el Banco Central? No creo que sea posible que negocie esos recursos a intereses mayores, de modo que la emisión se justifique a la vista de beneficios en dinero sano. Uno aprecia que el objetivo es acopiar mucho dinero rápidamente sin pensar en cómo se va a cumplir con lo ofrecido, a menos que se recurra a los inorgánicos, a la moneda sin respaldo, nueva versión que apunta a las tristemente famosas “papeletas de Lilís”. Y recordemos que Lilís, el presidente Ulises Heureaux, era un dictador que lo podía manejar todo a su gusto en la República Dominicana oprimida.

Hoy vivimos una realidad diferente. Aunque nuestros Presidentes disfrutan de más poder del que debieran, existe un neblinoso ambiente democrático que, con renuencia y ciertos peligros, permite las protestas aunque no se les conceda la atención correspondiente.

No obstante el cuadro tenebroso, aparecen síntomas que dan un poco de oxígeno a nuestro desfallecimiento. La vicepresidenta de la República, Milagros Ortiz Bosch, lamenta públicamente la mala supervisión bancaria y afirma que el país cuenta con los adelantos tecnológicos necesarios para evitar una situación como la que afecta a la economía nacional y al presupuesto de todas las familias dominicanas.

El Consejo Nacional de la Empresa Privada pide a las autoridades del Banco Central (que por lo visto en buen número ha descendido mucho en calidad, prudencia y severidad) y a la Junta Monetaria (que parece andar el mismo camino) que detenga la emisión de certificados financieros que constituyen una competencia “desleal e ilegal” contra la banca comercial. Igualmente advierte los peligros graves que conlleva la decisión de establecer un gravamen del cinco por ciento a las exportaciones y el turismo. La presidenta del Consejo Nacional de la Empresa Privada, Elena Viyella, manifestó que lo más grave del caso es que esa nueva carga fiscal parece un intento por hacer desaparecer a los sectores generadores de divisas. ¿Habráse visto?

Estos señalamientos encienden lucesillas de esperanzas. Por otra parte, la intervención del Grupo León Jimenes en el conflicto bancario nos alienta, porque se trata de un grupo de personas de alta solvencia moral y económica.

A esto le sigue la decisión de Héctor José Rizek Sued, quien se constituyó en el accionista mayoritario del Banco Mercantil al aportar trescientos millones de dólares para una recapitalización de cuarenticinco millones.

Si estas actividades patrióticas se repiten, pasándole por encima a las incertidumbres que tuercen las reglas, estamos salvados.

Pero es un tiempo delicado.
Hay que establecer claras y limpias reglas de juego.
Y respetarlas.


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