4 de Agosto de 2003 • Edición número 1,317
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El Dúo Concertante en el Vizcaya

El Dúo Concertante consigue el diálogo perfecto, moldear las melodías a su antojo, jugar con los temas, apropiarse del contenido de las partituras y convertir el conjunto de notas en emociones.




Por Antonio Gómez Sotolongo
contrabajo12@hotmail.com

Sentado en una mesa del restaurante Vizcaya, Pavle Vujcic tuvo una visión. Entre remembranzas de orquestas antiquísimas y ruidos de finanzas diezmadas vio un filón, una grieta por la que podía pasar la música, su música, la que él es capaz de crear.

Si no están disponibles grandes teatros, ni pequeñas salas de conciertos, ni patrocinadores de lujo y ni siquiera modestos patrocinadores, el músico no puede permanecer de brazos cruzados, no hay que esperar que la nada crezca. Esa es su convicción, por eso negoció y emprendió una escaramuza arriesgada.

Se plantó en el ruedo, y ante los ojos incrédulos de las graderías hizo el primer concierto-cena del que se tenga memoria en Santo Domingo. Hizo el primero, con el Cuarteto Del Orbe, interpretando entre otras obras La muerte y la doncella, de Schubert; hizo el segundo, también con el cuarteto y dos artistas invitados, tocando las Estaciones, de Vivaldi, y el pasado viernes 18 de julio, aproximadamente a las ocho y treinta de la noche, hizo el tercero, con el Dúo Concertante, que integran él y Zvezdana Radojkovic.

No llegó el público en multitudes, como hubiera sido justo, pero quienes estuvieron allí pudieron constatar que Pavle y Zvezdana, concertino y concertino asociado de la OSN respectivamente, tienen, además de la capacidad de tomar los riesgos, unas cualidades musicales desbordadas.

Ellos hicieron Sonata Nº. 5 en Mi menor, para dos violines, de Jean Marie Leclair; Dúo Nº. 1 en Sol mayor, para violín y viola, de Mozart, y de Henri Wieniawki, Capricho Nº. 1 en Sol menor, y Estudio Nº. 4 en La menor, ambas para dos violines.

Ambos artistas concertantes han tocado juntos desde la escuela de música, allá en su natal Belgrado; tocaron juntos en dúos, tríos, cuartetos, orquestas de todo tipo y tocaron los géneros más diversos, con lo cual lograron una de las más raras virtudes en cualquier agrupación musical: la total y absoluta comprensión entre los intérpretes.

El Dúo Concertante consigue el diálogo perfecto, moldear las melodías a su antojo, jugar con los temas, apropiarse del contenido de las partituras y convertir el conjunto de notas en emociones.

Esta vez, en el concierto-cena, hubo un nuevo ingrediente al concluir la actuación del Dúo, cuando los comensales se dispusieron a probar los excelentes platos que oferta la casa, a Pavle y Zvezdana se les unió la acordeonista Gordana Vujcic y entonces, en un trío ocasional, amenizaron el ir y venir de alimentos con piezas del repertorio popular como Cumparsita, Celos y Czardas.

Es de suponer que ya estén elucubrando el próximo concierto-cena. Los tres primeros no dejaron lugar a dudas de que es una magnífica iniciativa, un estupendo espacio para compartir en familia o entre amigos, un espacio para socializar y para dejar atrás las tensiones de la vida moderna.


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