4 de Agosto de 2003 • Edición número 1,317
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Un proyecto camaleónico desde el principio

Al seguir la trayectoria de los auspiciadores en su lucha por traer la sede de los Juegos Panamericanos a Santo Domingo, es evidente que desde el principio fue un proyecto que cambia de color, como el camaleón, de acuerdo a la conveniencia de sus patrocinadores.




Por Juan Mercado

A cada gobierno de turno se le planteó el evento como una necesidad nacional para encumbrar el sector deportivo, de la misma forma como sucedió luego de la celebración de los XII Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe de 1974. Por ejemplo, en 1989 cuando se le presentó al entonces presidente Joaquín Balaguer (fallecido), quien luego autorizó a los organizadores en 1995 a buscar la sede de 1999 sólo se le habló del proyecto denominado “Plan General de Instalaciones Deportivas”, que serviría de escenario para los Juegos y donde se involucraba a los sectores populares de Villa Juana, Los Minas, San Carlos y Villa Mella, con un presupuesto en obras que alcanzaba los 150 millones de pesos, donde nunca se le mencionó al mandatario que se tocaría la zona del Parque del Este (ver cuadro). Esa vez la República Dominicana falló en el intento al perder en las votaciones por un voto de la ciudad de Winnipeg, Canadá, que se quedó con la sede de la XIII versión de los Panamericanos.

En 1996 el doctor José Joaquín Puello Herrera le presenta al presidente de la República de entonces, Leonel Fernández, un documento que contiene trece puntos, entre los cuales los Juegos Deportivos Panamericanos ocuparon el último encasillado, los cuales servirían de estandarte para lograr los propósitos de un amplio proyecto deportivo que iría en beneficio de toda la nación. El mismo contenía lo siguiente: Creación de la Ley del Deporte, para reglamentar todas las actividades del músculo y la mente a nivel nacional; la constitución del Instituto Nacional de Educación Física (INEFI); Programa de Apoyo Escolar (PADE); creación del Programa de Seguimiento a los Talentos Deportivos (Procef); creación de la Escuela Nacional de Entrenadores; Instituto Nacional de Medicina Deportiva; escuelas especiales para atletas; construcción de residencias para atletas; instalaciones deportivas a la altura de río Blanco; instalaciones deportivas para las 15 provincias que no tienen estructuras físicas; nuevas fuentes de financiamiento del deporte nacional, y por último la realización de los Juegos Deportivos Panamericanos. Sin embargo, todo se hizo al revés. En la actualidad es obvio percibir que los 12 restantes sólo sirvieron de comodín al punto trece.

CÓMO COMENZÓ TODO

En 1998 el Congreso Nacional por una resolución presentada por los senadores Eduardo Estrella, del Partido Reformista Social Cristiano, y Ramón Alburquerque y Milagros Ortiz Bosch, del Partido Revolucionario Dominicano, decide otorgarle los derechos a los promotores para lograr la sede de la XIV versión de los Juegos Panamericanos. En 1999 República Dominicana se queda con la sede al vencer en una ardua lucha a la ciudad de Guadalajara, México, que tomó tres rondas para definirse.

El ascenso al poder de Hipólito Mejía en 2000 trajo como resultado que a una la velocidad meteórica el presupuesto de las obras, que en principio era de 572 millones, sin necesidad fuera elevado a niveles superiores a los cinco mil millones de pesos.

La rapidez con que se realizó todo no complació a la población hasta el punto de dudar de los concursos que se realizaron para elegir a los contratistas de las obras, aunque Neftalí Santana, consultor jurídico del Comité Organizador, siempre ha defendido la forma diáfana en que asegura se realizaron.

Sobresalen la construcción de varias obras en el Parque del Este, que nunca se mencionó al principio, donde se levantó un conjunto de obras ascendente a 942 millones 892 mil 771 pesos, dentro las cuales se incluye el único pabellón exclusivo para levantamiento de pesas existente en el mundo y las mejores instalaciones del área del Caribe para la práctica de hockey sobre césped y gimnasia.

El Comité Organizador siempre ha encubierto el monto real de la inversión que está realizando el país en este magno evento, aunque en múltiples ocasiones el doctor Puello Herrera ha manifestado de manera muy categórica que los registros contables están a disposición de todo aquel que los solicite.

LOS EXCESOS

Para conseguir la sede la República Dominicana prometió cubrir la alimentación y hospedaje de los más de cinco mil atletas que participarán en los Panamericanos, siendo la primera vez que esto sucede en la historia de ese certamen.

En la pasada versión de Winnipeg, Canadá, las naciones participantes tuvieron que pagar 70 dólares por día de competencias, aunque el Comité Organizador de la XIII versión le exoneró a la República Dominicana 111 personas de una delegación compuesta por 170. Uno de los excesos más significativos fue el de la Villa Panamericana. En principio el país tenía planeado construir la Villa en los terrenos que ocupaba la empresa Lavador, entre las avenidas San Martín y John F. Kennedy, pero no se concretó y en cambio tuvo que permutarse a través del Congreso Nacional un amplio terreno ubicado en la Caleta, Boca Chica, por valor de 35 millones, que pertenecían al empresario Víctor Méndez Capellán, para luego cedérselos al sector privado, específicamente al consocio Sanak, para levantar 720 apartamentos que servirán de Villa por menos de un mes y luego venderlos al mejor postor.

Pero antes de la empresa Sanak empezar la construcción de los edificios el Estado tuvo que comprometerse a diligenciarle un préstamo de 400 millones de pesos a los constructores y agrupar un “pool” de empresas dedicadas al ramo inmobiliario para que se hiciera cargo de las ventas, sirviendo de garante a través del Banco Nacional de la Vivienda (BNV).

Además, luego de construir los edificios el Gobierno, por vía de la CAASD, tuvo que llevarle agua desde un kilómetro de distancia. Según aseguró el director de ese organismo, Julio Suero Marranzini, se gastaron 50 millones de pesos al utilizar tuberías de 24 pulgadas desde el lugar donde estaba la toma de agua.

Esto contraviene en mucho las informaciones que en principio daban cuenta de que el Estado no invertiría ni un centavo en la Villa.

Para remodelar el Centro Olímpico Juan Pablo Duarte el Gobierno dominicano tuvo que ir al Fondo de Inversiones de Venezuela para hacer uso de un préstamo a través del Acuerdo de San José ascendente a 15, 827,406 dólares, otorgando una contrapartida de 80 millones de pesos, además de comprometerse a que los ingenieros fueran venezolanos. Por eso las obras fueron reconstruidas por el consorcio Jantesa-Disconsa.

Así mismo, después de una gran inversión económica para equipar el laboratorio de dopaje con todos los requerimientos, cuando vino a ser evaluado por los supervisores de Montreal el mismo no pasó la prueba, por lo que el Comité tendrá que enviar las más de mil pruebas a laboratorios de exterior, sea en Canadá o Brasil, donde cada una tiene un costo superior a los 380 dólares.

El director de Presupuesto, Luis Ernesto Pérez Cuevas, ha declarado en varias ocasiones que el monto final invertido por el Estado dominicano es de 4,800 millones de pesos, sin embargo, entre la población hay muchas dudas sobre esa realidad, por lo que los adversarios de la celebración de los Juegos Panamericanos en el país aseguran que nunca se sabrá la inversión real que se hizo en la organización y montaje de ese magno evento continental.


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