23 de Junio de 2003 • Edición número 1,311
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Obras gigantescas

Por haber atado gran parte de mi vida a la actividad deportiva me siento comprometido a apoyar todo lo que vaya en beneficio de esa actividad. Por tal razón, desde el principio siempre he estado con la celebración en el país de los XIV Juegos Deportivos Panamericanos, porque entiendo que de algún modo ayudarán a nuestros atletas. Sin embargo, nunca he estado de acuerdo con la forma como los organizadores del evento se han manejado desde el primer día. En la medida que avanza el tiempo nos damos cuenta que sobre esa actividad existen muchos engaños y mentiras. La semana pasada comenté al ingeniero Ramón Salcedo, quien trabaja en las construcciones del Parque del Este, que las obras exceden los parámetros de exigencia de la Organización Deportiva Panamericana (Odepa). Luego escuche decir al presidente del Comité Organizador de los Juegos, José Joaquín Puello, que si al finalizar el evento en algo lo pueden señalar es por haber levantado obras que van más allá de los parámetros. Aunque el deporte es la cenicienta nacional, merece eso y más. Y en parte tiene sus razones, pero las condiciones de este país desdicen mucho de esas inversiones o posibles gastos, si se toma en cuenta lo sucedido con las obras de infraestructura levantadas para los Juegos Nacionales y Centroamericanos y del Caribe.
Comisiones suntuosas

En nuestro país se habla mucho de actos de corrupción, dentro de los cuales algunos son penalizados, pero que luego del escándalo se dejan sin efecto. Hay otros que nunca son penalizados, por ser considerados “normales”, como son las comisiones a través de las cuales se engañan a muchas entidades. El reconocimiento de Puello Herrera, de los ingenieros y de la sociedad misma envía un claro mensaje de que levantaron obras suntuosas, obviamente, para elevar los niveles de las comisiones. Y si ése no era el propósito en algún momento Puello Herrera y su equipo de trabajo deberán explicarlo. Es algo concebible si los miembros del Comité hubieran desconocido la realidad económica de esta nación. Puede ser que yo esté equivocado, pero la verdad es que en un país pobre –hasta sin medicinas en los hospitales– se construyen obras deportivas excediendo los niveles existentes en el mundo. Un viejo adagio nacional señala que hay que arroparse hasta donde la sabana lo permita. Si no existen otras razones poderosas.

Los Juegos Nacionales

El otro “show” lo tiene la gente de Monte Plata que quiere celebrar los Juegos Nacionales. El presidente Hipólito Mejía en cada oportunidad que se le toca el tema asegura que se harán en marzo de 2004. Sin embargo, el senador Ramón Alburquerque dice que lo creerá cuando se empiece a trabajar, es decir, cuando se pase de las palabras a los hechos. Y se comprende porqué lo dice, ya que el año entrante la campaña electoral estará en su parte más ácida y no es verdad que se estará pensando en ese evento.
Fidel Mejía, quien hace tiempo no sale a la luz pública, y el amigo Fausto Severino, consideran que todavía se está a tiempo, que aunque ha sido la voluntad del Presidente, no ha sido el deseo del Comité Olímpico Dominicano. Comparto la opinión del senador Alburquerque por el asunto de las elecciones presidenciales.


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