9 de Junio de 2003 • Edición número 1,309
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Literatur[a]
El dolor como abstracción




Por Pedro Antonio Valdez
Dibujo de Mayobanex Vargas

Rafael García Romero da señales de la clase de escritor que merece la literatura dominicana. O sea, un autor que se identifica día por día con el oficio de la palabra. Que mantiene una producción escritural continua. Que amén del ejercicio de otras artes domésticas para vivir se mantiene fiel a su concubinato con el esfuerzo creativo. Esta insistencia en el buen decir lo ha llevado a alcanzar logros importantes, sea en forma de premios o traducciones, que marcan el sendero de su acción estética.

Su más reciente libro de cuentos, A puro dolor, nos muestra un eslabón de su coherente carrera literaria. Los 56 relatos que conforman esta aventura narrativa recrean el estilo inconfundible de García Romero. En cada uno parte de la desconstrucción de la forma común de presentar la historia. Si en la tradición, arraigada en el antiguo arte de los rapsodas, el cuento se nos presenta como una sucesión paulatina de acontecimientos que conducen a un desenlace total, en el procedimiento de este autor dominicano el lector es guiado mediante imágenes abiertas, claves de orden poético y abstracciones de profunda raigambre humana. Aquí la historia no necesariamente arranca desde el principio. El lector tiene la impresión de que empieza desde el mismo centro de la narración, de que ha sido atrapado por una vorágine, dinámica e in progress, y que se mueve hacia cualquier plano del hecho –atrás, adelante, hacia el borde interior de la circunferencia. El final, por ende, siempre será imprevisto, como el de un auto que ha descendido sin control por una ancha montaña y que al final se detiene de pronto gracias a la interposición oportuna de un árbol, de una roca, de un montículo de tierra.

A partir de esta premisa, el lector de A puro dolor puede introducirse en una prosa sólida que se nutre tanto de la amargura existencial como del simple acto cotidiano. Llama la atención en este libro, por ser un accidente creativo no muy común en el uso de este autor, los cuentos cortos que aparecen desperdigados entre las páginas. Esto es un reflejo de la modernidad con que García Romero asume la carrera literaria. El cuento corto, microcuento, minicuento, o como se le prefiera llamar, ha tenido un vigoroso repunte y una presencia notable en los últimos diez años de la narrativa hispanoamericana. En “La biblioteca de Alejandría”, por ejemplo, en tres líneas de veinticuatro palabras se construye esta historia: “Aquí está toda la sabiduría de la humanidad, mira. Llévatela contigo. El sabio se marcha y deja entre mis manos un puñado de cenizas”. En estos trazos encontramos apertura poética, una propuesta reflexiva y una historia sintetizada con eficiente economía. Conviene detenerse en este cuento corto porque refleja las propiedades del quehacer narrativo del autor. Tales propiedades, aunque sin la brevedad espacial, las podremos constatar en textos como “La parte más infame”, “El círculo de Malebolge” y “A puro dolor”, el relato que da título al libro.

La prosa en que se funde esta colección de cuentos resalta por la limpieza, hemos dicho por la tendencia a la imagen poética y también por la síntesis con que se expresan los diversos estados anímicos de los personajes y su entorno. Se trata de una propuesta coherente, sopesada durante años e incontables proyectos escriturales, que refleja una zona vigorosa de la aventura cuentística dominicana. En las páginas de este libro el lector podrá encontrar una decantada propuesta como continuidad de una búsqueda singular en la geografía de la palabra.

Opinario de “A puro dolor”

Rafael García Romero tenía para mí una existencia exclusivamente virtual desde que su nombre cayó un día en el site de Abecedario, la lista de correos de los escritores dominicanos. Muchas veces una se involucra en situaciones que se derivan del diario compartir y en esta época de la cibernética el universo humano se amplía con la internet, y la fusión de uno y otro mundo hace que la vida se transforme en un horizonte ilimitado. Así que él y yo más tarde nos encontramos personalmente y me propuse la experiencia de un nuevo nexo: entrevistar a un escritor que se cuestiona qué hacer después de obtener el Premio Nacional de Cuento José Ramón López por su libro A puro dolor, uno de los máximos honores de nuestras letras.
Taty Hernández Durán

En el cuento “Una noche recibirás una visita”, que está contenido en A puro dolor, se observa el uso especial del futuro. Es decir, el cuento empieza con una posibilidad del futuro encuentro de una mujer con su amante, en donde se desarrolla lo erótico, pincelado por una doble infidelidad, la de ella y la de él. La tensión de la trama está en lo erótico desarrollado con toda su fuerza, en la sala de su casa, en donde lo verosímil sólo se salva cuando el narrador insiste varias veces en el amor silencioso. Pero no deja de ser impecable la sorpresa final, cuando la mujer se dirige a dormir con su esposo, que la esperaba.
Pablo Maríñez

Rafael García Romero en en A puro dolor puede introducirse en una prosa sólida que se nutre tanto de la amargura existencial como del simple acto cotidiano. Llama la atención en este libro, por ser un accidente creativo no muy común en el uso de este autor, los cuentos cortos que aparecen desperdigados entre las páginas.
Pedro Antonio Valdez


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