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Esp[a]rcimiento
Malecón Libre hoy
¿y mañana?

Por Enilda Torres
Yslen se despierta temprano cada domingo y salta de su cama para preguntarle a su mamá a qué hora van a ir al Malecón, que desde el pasado 30 de marzo es libre de monóxido de carbono y ruido de autos a partir de las 12:00 meridiano hasta las 12:00 de la medianoche.
La intrépida niña de siete años tiene una bicicleta marca Mountain Bike a la que cuida afanosamente y se preocupa porque esté en óptimas condiciones. Porque el domingo no puede pasar desapercibido, sin que se dé la gran vida.
Sin preocupaciones por el alto costo de la vida, el circo y la cháchara de los políticos, y la abultada deuda pública, Yslen monta su vehículo de pedal inmediatamente se asoma a la popular vía capitalina. Su madre, un tanto contrariada, no hace más que aceptar las travesuras de la pequeña de ojos redondos color miel y cuerpecito de sirena.
A partir de las tres de la tarde es cuando empieza a llegar la gente vestida en ropa cómoda, con tenis y cabello recogido. Los rayos del sol aún castigan, pero los responsables de operar la vía se encargaron de llevar enormes parasoles de diversos colores sostenidos por tarros rellenos de cemento seco. De lejos la avenida luce incandescente y se alcanza a ver el movimiento de jóvenes montados en patines, otros en bicicleta, mientras los adultos se recrean debajo de los parasoles o casi entre los arrecifes que dan al mar Caribe.
Acorado por grandes hoteles y restaurantes, el Malecón ha sido, por años, escenario de grandes multitudes. Se presta para celebrar los carnavales de febrero cada año, los festivales de merengue y salsa, conciertos populares, animación de payasos, ciudad mecánica y hasta fue punto de encuentro para quienes seguían los famosos enfrentamientos de lucha libre entre Jack Veneno y Relámpago Hernández, que se celebraban en el Parque Eugenio María de Hostos. Quién no recuerda aquellos muñecos que vendían frente al obelisco macho, fabricados en un material plástico e inflable que le echaban bolitas en la barriga y atados por un cordel, por el cual se halaba y salían sonidos. O del gigante arbolito navideño que años atrás concitaba la atención del público que iba al Malecón sólo a ver ese espectáculo. Esta importante vía, de aproximadamente 11 kilómetros, fue inaugurada en 1910 con el nombre de Arturo Pellerano Alfau. En 1938 el tirano Rafael Leonidas Trujillo decidió llamarle con su nombre. En 1940 el mismo tirano, como una forma de ganarse el beneplácito de los Estados Unidos, le cambió el nombre por el de George Washington, en reconocimiento al ex mandatario estadounidense.
En unas declaraciones ofrecidas a [A]HORA el secretario del Ayuntamiento, Domingo Contreras, comentaba que Malecón Libre es una idea puesta en práctica en otras capitales con calles y avenidas al lado del mar, como es nuestro caso, obteniendo el éxito esperado. Contreras y su equipo, conformado también por el ex baloncestista Jay Payano, Juan José Guzmán, Zenaida Terrero y varios jóvenes de ambos sexos que se pasean en bicicleta de un extremo a otro de la vía (kilómetro y medio aproximadamente) para mantener el orden y la limpieza, realmente han logrado llamar la atención de muchos dominicanos, que cada domingo acuden a botar las tensiones de la semana. Domingo y su equipo, empero, son los primeros en llegar al lugar y se integran a las actividades pautadas. Yslen, la niña a quien me refería al inicio de este artículo, llega a las tres de la tarde. Se entrecruza con la gente, retuerce su cuerpecito a ritmo del pescaíto, un estribillo que ha popularizado el presentador y comediante Jochy Santos, y en su lenguaje le sube los vidrios a su hermana María del Carmen y a su hermano Rancel, y se retira con una mueca en el rostro. Se trepa a su bici y vocea un adiós.
La noche empieza a caer y se encienden las luces. Sin darnos cuenta la avenida luce abarrotada de público. Se escuchan los tambores de un batón ballet y seguido los aplausos. Algunos recogen sus pertenencias y se marchan, mientras que otros hacen su entrada al desahogo, a la diversión sin costo y sin humo. Todo allí parece una fiesta, sin embargo, de repente, algo me inquieta y digo en voz baja: ¿habrá Malacón Libre para rato o esto será transitorio? La respuesta la dará el tiempo. |
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