El peso dominicano
se derrite frente al dólar
Las fluctuaciones cambiarias de las últimas décadas, y sobre todo en los últimos dos años y medio, han tenido como causas básicas los shocks externos y la indisciplina fiscal, pero el caso Baninter ha sido el detonante que ha disparado la tasa de cambio a niveles nunca vistos en el país
PorJuan de la Cruz
La devaluación acumulada que ha sufrido la moneda dominicana en los últimos veinte años es del orden de un 400%, si se toma en cuenta que la tasa del dólar entre 1972 y 1982 estaba a la par con el peso dominicano, mientras que desde 1983 hasta el presente ha registrado fluctuaciones que van desde 0% hasta 65.6%. Sin embargo, desde el viernes pasado la moneda norteamericana se cotizaba a 28.50 pesos por uno en los escasos lugares en que solía encontrarse.
Las devaluaciones que ha sufrido el peso dominicano en este trayecto son las siguientes: de 10% en 1983, de 25% en 1984, de 44.5% en 1985, de 30% en 1986, de 32% en 1987, de 65.8% en 1988, de 10% en 1989, de 40% en 1990, de 42% en 1991, de 0.5% en 1992, de 0% en 1993, de 1% en 1994, de 2% en 1995, de 0% en 1996, de 9% en 1997, de 6% en 1998, de 8% en 1999, de 3% en el 2000, de 4% en el 2001, de 11% en el 2001 y de 58% en lo que va del 2003.
El salario mínimo que ganaban los empleados públicos y privados a principios de los ochenta, que era de aproximadamente 125 pesos, le rendía más a los dominicanos cuando iban a comprar los productos de consumo básico en colmados, mercados, supermercados, ferreterías o tiendas, que los 2,800 pesos que devengan actualmente como salario mínimo. Eso significa que el salario real de los dominicanos ha caído en cerca de un 400% en la dos últimas décadas por efecto de la devaluación del peso.
La canasta familiar al día de hoy anda por los 9,500 pesos, si se toma en cuenta que en la Tercera Encuesta Nacional de Gastos e Ingresos de los Hogares (ENGIH), realizada entre octubre de 1997 y septiembre de 1998 por el Banco Central y publicada en 1999, se planteó que la estructura de consumo de los hogares dominicanos estaba integrada por 2,141 bienes y servicios diferentes, cuyo costo promedio mensual era de 6 mil 240 pesos.
Para 1998 el 33.20 por ciento del gasto en la canasta se hacía en alimentos, bebidas y tabaco; un 15.95 en transporte; 9.27 en vivienda; 7.88 en vestuario y calzado, y un 7.58 por ciento en la compra de muebles, accesorios y equipos domésticos. La salud representaba un 4.08 por ciento del gasto; educación 5.41 por ciento; diversión y entretenimiento 2.69 por ciento; hoteles bares y restaurantes 7.17 por ciento, y bienes y servicios diversos 6.77 por ciento.
La economía dominicana en los años 2001 y 2002 padeció dos males que han contribuido a que fluctúe la tasa de cambio. El choque externo que tuvo enfrentar la economía dominicana en esos años se expresó en una caída de los ingresos provenientes del turismo, las zonas francas y las demás exportaciones, que conjugada con alzas inusitadas de precios de los derivados del petróleo se obtuvieron pérdidas estimadas en 2,350 millones de dólares.
Por otro lado es importante destacar que las autoridades aplicaron una política monetaria y fiscal expansiva, que perseguía una reducción acelerada en las tasas de interés y al mismo tiempo se elevaron los gastos del gobierno, que en el 2002 destinó RD$2,067 millones a gastos de personal.
En gastos de nómina y aportes corrientes el gobierno central desembolsó aproximadamente RD$25,000 millones en el 2002. Al finalizar el año el gobierno firmó un acuerdo con el empresariado en el que se comprometió a reducir la nómina pública a agosto del 2000, que era de RD$1,200 millones 400 mil. Esos gastos excesivos del gobierno en nómina ejercieron, sin lugar a dudas, presiones fiscales que han contribuido a afectar la estabilidad macroeconómica del país.
A esto hay que agregar el endeudamiento externo, el cual es otro aspecto característico de la administración Mejía, ya que a partir del 16 de agosto del 2000 hasta la fecha los compromisos financieros internacionales se han duplicado.
La deuda pública externa global durante el período 1996-1999 se redujo de US$3,807.3 millones a US$3,635.9 millones, que significa un 18 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), que en 1999 era de un 21 por ciento. En la actualidad la deuda pública externa se estima en US$7,000 millones, el doble de los compromisos externos contraídos por la pasada administración.
SACUDIDA FINANCIERA
La economía dominicana ha sufrido una gran sacudida con la perpetración del más sonado fraude financiero que se haya registrado en la historia del sistema financiero dominicano desde su fundación en la década de 1940, con la sustracción en el Banco Intercontinental (Baninter) de la suma astronómica de 55 mil millones de pesos, lo que ha sido bautizado por entendidos en la materia como el hoyo financiero.
Ese hecho ha puesto de manifiesto una vez más la fragilidad del sistema financiero dominicano, el cual con el más leve rumor tiende a tambalearse y que en las dos últimas décadas ha puesto en ascuas a ahorristas y depositantes con la quiebra de varios bancos importantes del país, sin que las autoridades hayan investigado a fondo si hubo o no manos criminales en los procesos, en tanto el Estado ha tenido que cargar con las irresponsabilidades de otros.
Este caso no sólo afecta a los ahorristas y depositantes de Baninter, sino que ha trastocado toda la economía nacional en la medida en que el Estado dominicano desde antes de la quiebra tuvo que otorgar adelantos y redescuentos por más de 8,000 millones de pesos para tratar de mantenerlo funcionando, a lo que se suma la entrega de más de 5,000 millones de pesos a los clientes menores que acudieron al banco a retirar sus ahorros y depósitos. A esto se añaden los grandes ahorristas y depositantes en pesos y dólares, a quienes se les ha tenido que entregar certificados de inversión para detener la hemorragia monetaria del país.
La influencia negativa del caso Baninter en la economía dominicana también ha obligado al gobierno y a la Junta Monetaria a profundizar las medidas restrictivas que desde finales del 2002 se venían adoptando para reducir el circulante y de esa manera detener la escalada de la tasa de cambio del dólar, que alcanzó hace dos semanas el pico de 29 pesos por uno.
A todo esto hay que adicionar que las tasas de interés se han elevado a niveles inalcanzables para los sectores productivos y comerciales del país, al situarse los préstamos comerciales, hipotecarios y de desarrollo, así como los de consumo y personales, entre 31 y 35%, según los datos oficiales suministrados por el Banco Central.
Por efecto de esa situación, la economía dominicana en el plano interno tan sólo logró crecer durante el primer trimestre del año en un 1.5%, ya que decreció el comercio en un 12.6%, la construcción en un -10.0%, el transporte en 5.6%, la electricidad y el agua en 2.6% y la manufactura local en un 1.6%, muy a pesar del empuje de sectores como la minería, que creció en un 71.7%, el turismo un 28%, las comunicaciones un 13.8%, las zonas francas un 11.0% y la agricultura un 10.6%.
El gobernador del Banco Central, José Lois Malkún, justificó que ese crecimiento menor tiene en parte su origen en el compromiso del gobierno y el Banco Central con la estabilidad de los precios, luego de los efectos desestabilizadores provocados por los choques externos que afectaron nuestra economía en los años 2001 y 2002.
EL COMERCIO EXTERIOR
A pesar de toda esa situación, la economía dominicana ha dado muestra de tener una gran capacidad de resistencia a los embates negativos. Sólo eso podría explicar que el sector externo de la economía dominicana haya mejorado sensiblemente durante los primeros cinco meses de este año, ya que desde noviembre del 2002 el turismo comenzó a registrar una notable recuperación que se ha mantenido hasta ahora, con aumentos en las llegadas de turistas extranjeros de 36% en enero, de 22% en febrero, de 9% en marzo, de 25% en abril y 19% en la primera quincena del mes en curso.
El gobernador del Banco Central destacó que esa mejoría en el turismo representa ingresos adicionales en divisas por unos US$210 millones en lo que va de año y proyecta que al cierre del 2003 se espera un aumento de US$323 millones en un escenario de ingresos de US$3,059 millones, con un crecimiento del sector de 11.8%, lo que se traduciría en una mayor oferta de divisas para la economía dominicana.
Al mismo tiempo indicó que las exportaciones nacionales registraron un crecimiento de 28% en el primer cuatrimestre del 2003, mientras que las zonas francas crecieron en casi un 5%, quebrándose la tendencia a la baja de los años anteriores.
Se espera que las exportaciones nacionales crezcan en un 15% en todo el año, mientras que las zonas francas lo harían en 5%, sumando otros US$208 millones, incrementándose así los ingresos por exportaciones de bienes y servicios en US$335 millones en el 2003.
En lo que concierne a la inversión extranjera directa, ésta continuó jugando un rol muy importante al registrarse la entrada de 181 millones de dólares por esa vía. No obstante, la fuga de capitales continuó durante el primer trimestre del año, lo que Lois Malkún relaciona con las operaciones irregulares y ocultas que tuvieron lugar en el Baninter, y que tiene su contraparte en una caída transitoria de la inversión privada.
Un poco de historia
Durante la primera mitad del siglo pasado en el país circulaba el dólar estadounidense. Para 1947 el dictador Rafael Leónidas Trujillo fundó el Banco Central de la República Dominicana, lo que marcó el inicio de la emisión de la moneda nacional, el mercado cambiario dominicano y, por consiguiente, las políticas monetaria y cambiaria, las cuales permitieron a la institución actuar como promotor del desarrollo e incentivar determinadas actividades económicas.
En la década de los años 60 el Banco Central tomó una serie de medidas que aumentaron la escasez de divisas, lo que incentivó la creación de un mercado extra bancario que las proporcionaban a una tasa de cambio superior a la oficial.
No fue sino hasta 1982 que el tipo de cambio dejó de ser fijo, ya que hasta ese momento se había mantenido a la par con el dólar.
A finales de la década de los años 70 una serie de factores exógenos provocaron una crisis económica y, posteriormente, dos intentos fallidos de estabilización (1982 y 1984). El deterioro de la coyuntura económica cuestionó la viabilidad de las políticas monetaria y cambiaria.
Así, durante el primer período o fase de política cambiaria (1980-1985), definido por la CEPAL, se generó una brecha promedio en la cuenta corriente de 4.8% del PIB, debido a una caída en los términos de intercambio, cuyo comportamiento tuvo un efecto negativo en el sector exportador y, por tanto, en los ingresos del Gobierno Central, generando una brecha fiscal que se financió mediante deuda externa, creciendo ésta de 15% del PIB en el 1980 a 44.7% del PIB en el 1985.
Durante 1985 se realizó otro programa de estabilización auspiciado por el FMI, que llevó a la unificación cambiaria con el propósito del mejoramiento de la balanza de pagos, causando una depreciación del tipo de cambio extra bancario de 44.5%.
Para el segundo periodo analizado (1986-1990), pese a los esfuerzos realizados, las medidas monetarias y cambiarias no lograron contener los desequilibrios macroeconómicos que empezaron a notarse a partir de 1987, lo que puso en entredicho la viabilidad del programa de estabilización y la eficiencia de las medidas.
En ese período el déficit gubernamental estuvo acompañado de un déficit de cuenta corriente de 2.32% del PIB en promedio, debido al estancamiento de las exportaciones y el aumento de las importaciones que se saldó con una pérdida de las reservas internacionales de 52.59% en 1989, lo que llevó a las autoridades a suspender el servicio de su deuda pública externa y a los proveedores a congelar el crédito del país. Pese a los controles cambiarios el tipo de cambio extra bancario se depreció arrastrando al tipo de cambio oficial.
Para 1990 la situación económica era insostenible, presentándose aumentos en los déficit de cuenta corriente y fiscal, y deterioro en la posición de las reservas internacionales. Todo esto llevó a la puesta en marcha de un programa de estabilización a través de la restricción del crédito interno neto y la utilización del tipo de cambio como ancla nominal.