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Rafael Peralta Romero
La diferencia es clara
El dos de mayo un diario dominicano publicó en su primera página una foto que contenía una acción de brutalidad policial, acompañada del titular Violencia en el día del trabajo. Como ese diario sólo circula en nuestro país, una primera lectura del mensaje podía referir que el hecho ocurría en la República Dominicana. Tal vez no fuera ésta la intención de los editores, pero así pudieron captarlo algunos lectores.
Lo insólito arrastra más contenido noticioso que lo común. En una plaza de Caracas miembros de la policía y agentes del gobierno interceptaron una marcha de trabajadores, lo cual trajo como resultado la muerte de un manifestante y cientos de ellos detenidos. La policía chavista reprendió, torció brazos, disparó bombas y atropelló a los obreros. Esa fue la foto de primera de un diario dominicano al día siguiente del Día Internacional de los Trabajadores.
A la hora que esto ocurría en Caracas, en Santo Domingo los líderes de las principales centrales sindicales vestían saco y corbata y celebraban el día en un provechoso encuentro celebrado en el teatro La Fiesta, del exclusivo Hotel Jaragua, en compañía del Presidente Hipólito Mejía y otros funcionarios del gobierno. Allí tuvo lugar la primera Cumbre Económica y Social, donde cada sector planteó libremente su posición sobre la relación obrero patronal.
En la tarde de ese mismo día doce trabajadores, entre ellos destacados dirigentes de centrales sindicales, se ataviaron elegantemente para llegar hasta el Salón de Embajadores del Palacio Nacional, donde recibieron la condecoración de Duarte, Sánchez y Mella por su dedicación al trabajo y sus aportes al desarrollo de la clase trabajadora.
Después de las medallas, los discursos y los abrazos vinieron las sonrisas, las copas de vino y las fotos, junto a la impresionante arquitectura del Palacio Nacional. En ese escenario pronunció su discurso el veterano dirigente sindical Gabriel del Río.
En el ámbito popular, por razones de prudencia, se suele decir que las comparaciones son odiosas, pero para la ciencia la comparación asume primacía en el proceso de búsqueda de la verdad. Comparar permite diferenciar, y saber diferenciar representa un claro signo de inteligencia.
Otros diarios nacionales reseñaron las amargas circunstancias en las que trabajadores de América Latina conmemoraron su día. Muchos protestaron contra el desempleo y las políticas económicas, sin excluir el Brasil del socialista Inacio Lula Da Silva.
Allí, como en Venezuela, los obreros fueron rociados con bombas lacrimógenas. En el país bolivariano, incluso, se realizaron dos marchas, una opositora y otra patrocinada por el gobierno. En México y Ecuador miles de trabajadores se movilizaron contra medidas y políticas económicas de sus respectivos países.
A la misma hora en que los dirigentes obreros dominicanos se congregaban bajo los magníficos oropeles del Palacio Nacional, en Argentina trabajadores y amas de casa marchaban por las vías céntricas de Buenos Aires para quejarse de la situación que los afecta. Lo mismo pasó en Colombia. En Lima y La Paz las marchas exigían frenéticamente la reposición de trabajadores cancelados.
En la Europa centenaria y civilizada asomó también la violencia. Obreros de Berlín incendiaron vehículos y enfrentaron bruscamente a la Policía que trataba de controlarlos. En Madrid las protestas se dirigieron hacia la participación del gobierno de José María Aznar en la guerra librada por Estados Unidos de América y Gran Bretaña contra Irak.
En la Cumbre por una Política Social Económica, realizada bajo el fresco ambiente del teatro La Fiesta, la señora Rosa López, dirigente del Comité Nacional de Amas de Casa, se quejó en presencia del Presidente Mejía de algunos hechos que inciden negativamente en la calidad de vida de la familia dominicana.
Citó los aumentos en el precio del gas licuado, la energía eléctrica, el servicio telefónico y el costo de la vivienda entre los factores que merman las posibilidades de mejor vida para la mayoría. Recibió fuertes aplausos. Posiblemente hasta el Presidente la haya aplaudido. Me alegra el planteamiento de Rosario..., comenzó diciendo Hipólito Mejía para comentar el discurso de la dama.
El mandatario habló de tú a tú con los trabajadores, respondiendo sus inquietudes y ofreciendo explicaciones por las situaciones no resueltas, y a propósito del gas dijo: Yo quisiera tener una mina de gas, pero no la tengo y no tengo dinero para subsidiarlo totalmente.
En el acto de la tarde, cuando condecoró a los trabajadores, el Presidente Mejía entregó las llaves del edificio Antonio Guzmán que alojará el Consejo Nacional de Seguridad Social. La diferencia es clara. Por encima de todo, los trabajadores dominicanos disfrutan de paz. Y ese es el recurso de mayor valor.
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