19 de Mayo de 2003 • Edición número 1,306
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El auge de los ritos satánicos

En los cultos satánicos que se practican en distintas partes del mundo, y en el país, se ofrecen sacrificios de animales a Lucifer una vez al mes y de seres humanos varias veces al año.





Por Fausto Araujo

Como una plaga maldita de un potencial altamente malévolo y mortífero los ritos satánicos están rondando el mundo y, se asegura, ya han hecho su aparición en la República Dominicana.

Se trata de la proliferación de grupos que rinden culto a Satanás –el dios de las tinieblas– y que hacen sacrificios humanos, especialmente de niños.

También se trata de la reproducción de numerosas sectas religiosas lideradas por fanáticos perversos, degenerados, psicópatas y criminales natos que propician la promiscuidad y las orgías sexuales, y provocan un estado de locura y la muerte a numerosas personas en el mundo, entre ellas hombres, mujeres y niños.

Los objetos o cosas con que provocan la muerte de las personas que participan en un rito satánico son armas de fuego, sustancias venenosas y a través del fuego.

Expertos en la materia aseguran que en los cultos satánicos que se practican en distintas partes del mundo, y en el país, se ofrecen sacrificios de animales a Lucifer una vez al mes y de seres humanos varias veces al año. Desde hace varios años se afirma que en el país hay personas, sobre todo magnates de la política, la diplomacia y el mundo de los negocios, que supuestamente se dedican a los cultos de adoración al demonio y que existen sectas en San Francisco de Macorís, en Santo Domingo y entre Villa Altagracia y la Capital que realizan ritos macabros.

A principios de febrero de 1996 estalló un escándalo ante la denuncia de que ciudadanos franceses y norteamericanos estaban explorando la posibilidad de instalar una célula de la Iglesia de Satanás en el municipio de Sosúa, en Puerto Plata. Los planes de la instalación de ese templo satánico contaron en ese entonces con el rechazo de los diferentes sectores del país.

Sin embargo, en los últimos tiempos los ritos diabólicos proliferan en barrios, ensanches, urbanizaciones y campos de las diferentes localidades de la nación, y que los devotos de esas prácticas perniciosas, bochornosas y repugnantes han estado arrastrando a las mismas a una impresionante cantidad de jóvenes y adolescentes, los cuales son llevados engañados a los ritos, prometiéndoles que van a un pasadía campestre o a degustar un chivo o una rica gallina criolla.

EN CENTROS ESCOLARES

La depravación satánica ha tomado tanto cuerpo en el territorio nacional que, hace poco, el Departamento de Niños, Niñas, Adolescentes y Familias de la Procuraduría General de la República informó que se ha detectado un incremento alarmante de cultos diabólicos entre estudiantes de varios colegios privados.

Sostuvo la doctora Elisa Sánchez Pujols, directora del departamento, que en un colegio del barrio Los Guarícanos, en la capital, se ha observado la presencia de adultos ajenos al centro que tratan de inducir a los estudiantes a participar en las actividades de adoración al diablo.

En uno de esos centros de estudios fue detenido por la policía un joven mientras participaba en uno de los cultos. La madre del adolescente sabía de las acciones de su hijo, pero temía dar cuenta a las autoridades del plantel escolar por temor a ser lastimada.

Hay quienes han planteado que parte de los asesinatos y desapariciones de menores de edad que se han registrado en los últimos años en la República Dominicana obedecen a las prácticas de los cultos satánicos, en los cuales se les hacen ofrendas humanas al demonio.

Cifras muy conservadoras obtenidas por los medios de prensa mundiales y nacionales estiman que más de 5 mil seres humanos, entre hombres, mujeres y niños, han perdido la vida en matanzas y suicidios colectivos durante el desarrollo de cultos diabólicos o ritos de sectas integradas por fanáticos religiosos.

Así mismo, se afirma que decenas de miles de personas han quedado paralíticas o en avanzado estado de demencia, mientras que miles de niños han sido convertidos en verdaderos desechos humanos a causa de las violaciones sexuales por parte de líderes de algunas de las sectas religiosas que hacen adoraciones satánicas.

SECTAS DIABÓLICAS

Un año después de la tragedia de Waco, el 4 de octubre de 1994, hubo cinco muertos en Morin Heights, Canadá, durante un suicidio colectivo practicado con armas de fuego y candela por la secta Orden del Templo Solar.

Al día siguiente la misma secta propició una matanza colectiva de 48 personas con armas y fuego en la comunidad de Granges, S. Salvan y Cheiry, en Suiza.

Esa misma secta auspició, el sábado 23 de diciembre de 1995, la muerte en masa más grave ocurrida en los últimos años en el Este de Francia. Se trata de las 16 personas, entre ellas 3 niños, cuyos cuerpos fueron encontrados en forma de círculo, quemados y con impactos de balas, en un bosque cercano a la frontera franco suiza, próximo a la localidad de Saint Pierre de Cherenne, en los Alpes franceses. La secta Orden Renovada del Templo o Orden del Templo Solar –sospechosa del hecho y que tiene ramificaciones en Suiza, Canadá, Francia, Bélgica, Holanda, Alemania, Dinamarca y Martinica– se caracteriza por realizar rituales macabros de suicidios colectivos.

Esta agrupación fue fundada por Julien Origas a partir de la medieval Orden de los Templarios. Tras el fallecimiento de Origas, en 1981, pasó a ocupar el cargo de Gran Maestro el medido homeopático francés Luc Jourel.

Otras sectas que practican ritos macabros de suicidios colectivos y que han estado causando estragos en el mundo son Verdad Suprema, de Japón; Bambini di Satana (Niños de Satanás), de Roma; Ciudad Justa, de Estados Unidos, y Niños de Dios, de California.

A la secta japonesa Verdad Suprema se le atribuyen más de 25 asesinatos, entre ellos el de 12 personas que murieron ahogadas por un ataque de gas letal en marzo de 1995 en el metro de Tokio. La acción criminal, que también dejo intoxicadas a más de 5,000 personas, conmovió a todo Japón.

Las autoridades japonesas acusaron a Shoko Asahara, líder de la secta, de procurar conseguir una muestra del virus “Ebola” para utilizarlo como arma biológica y de impartir instrucciones para que se diseminara suficiente gas neurotóxico en los trenes subterráneos de Tokio.

Fuentes policiales japonesas habían acusado a la secta de la Verdad Suprema de usar drogas en sus rituales religiosos y de someter a sus fieles a tratamientos con descargas eléctricas a los fines de forzar su amnesia y evitar que pudieran revelar informaciones secretas en caso de ser interrogados por la Policía, así como hacerlos creer en los poderes sobrenaturales del gurú Shoko Asahara.

Los medios de prensa internacionales se hicieron eco en 1996 de la existencia en Balonia, Roma, de la secta Niños de Satanás, la cual se dedica a realizar cultos diabólicos, a ofrecer menores de edad en ofrendas a Lucifer y practicar estupros, secuestros de personas con fines libinidosos, profanación de sepulcros y sustracción de cadáveres.
La referida secta es dirigida por Marcos Dimitri (Bestia 666), de 39 años de edad; Piergiorgio Bonora, de 27 años, y Gernnaro Luongo, de 31 años, quienes practican la violencia sexual contra menores de edad y encierran a niños y niñas en tumbas con cadáveres adentro en los actos diabólicos que realizan.

Tanto en España como en Alemania existen grupos que hacen ritos satánicos ofreciendo mujeres embarazadas y luego sacrificando a las criaturas.

En Argentina, Uruguay y varios países iberoamericanos han habido escándalos públicos por la existencia de la secta Niños de Dios o la Familia, la cual se dedica al consumo de estupefacientes y al secuestro de menores de edad, a los que violan sexualmente y ponen a realizar orgías sexuales y otras aberraciones.

EL RITO SATÁNICO

En la sociedad dominicana hay sectores que se han dado a la tarea de desafiar las leyes, las costumbres y las tradiciones cristianas de la nación para introducir en nuestros barrios y comunidades campesinas los cultos de adoración al demonio. La situación ha llegado a tal extremo que en muchos sectores de Santo Domingo, Santiago, San Cristóbal, La Vega, San Francisco de Macorís, Peravia, San Juan, Puerto Plata, La Romana, Monte Plata y otras localidades hay tantos jóvenes y adolescentes inmersos en los ritos satánicos como personas vendiendo o consumiendo estupefacientes.

En varias ocasiones se ha denunciado la profanación de iglesias y de sepulturas en los cementerios por parte de devotos del diablo, muchos de los cuales han sido sorprendidos corriendo y saltando, dándose fuertes golpes entre sí hasta llegar a partirse la cabeza y otras parte del cuerpo. También han sido vistos sacrificando animales.

El satanismo se considera como una adoración a la persona de Lucifer y se opone en todas sus formas al cristianismo y a las buenas costumbres. Las personas que desgraciadamente caen en esto suelen hacer ritos donde generalmente se sacrifican animales y seres humanos, sobre todo niños, por ser éstos más puros y bondadosos.

Los estudiosos del fenómeno y los sacerdotes católicos explican que en un rito diabólico se procede en principio con la presentación de los invitados al ritual, a los que se les exhorta que se pongan en las manos del Diablo.

Posteriormente se presenta a la víctima –un ser humano o un animal–, la cual es sacrificada y se invoca a Satanás. Luego los presentes reciben el espíritu del demonio, se persignan a lo inverso y con la mano izquierda usando sangre de la víctima y, finalmente, realizan la acción de gracias y proceden a cremar o enterrar a la víctima ofrecida en sacrificio.

Los cultos satánicos son atribuidos a una poderosa agrupación que dirige una elite denominada “Los Iluminados” o “Las Hermanas de la Luz”, la cual penetró a los Estados Unidos en las postrimerías del siglo XVIII después de haber surgido en Europa.

La agrupación –explica el doctor Humberto Arias Almonte– data de la Edad Media, en Europa, “pero tiene sus raíces en los hechiceros del antiguo Egipto y Babilonia. “Los Iluminados” tienen dos grandes centros en los Estados Unidos –donde al igual como ha venido ocurriendo en los últimos años en la República Dominicana– con cierta frecuencia desaparecen personas cuyo paradero nunca llega a conocerse.

La psiquiatra y profesora universitaria Rose E. Nina considera que el satanismo siempre ha existido, pero –aclara– es a partir de la década de los años 80 en los Estados Unidos cuando surge un gran movimiento de adoración al diablo, que cobró fuerzas entre la población adolescente a través de grupos que comenzaron a utilizar la música como medio de expansión de esos cultos.

Esos grupos –explica Nina– en sus inicios se denominaron Guns ‘n’ Roses, Heavy Metal e Industrial Metal, y ahora se llaman Acid Rock y difunden música con letras subliminales que dicen, entre otras cosas: “matar es bueno, córtate un brazo”, “el suicidio es bueno, mátate”, y “tengo licencia y vengo a matar...”

En la República Dominicana esos grupos se conocen como “los metálicos”. Para toda la población el que es “metálico”, es decir que sigue o imita a éstos, está inmerso en los ritos satánicos. A los adoradores de Satanás les encanta practicar el juego de “La Quija”, en medio del cual le solicitan algo al Diablo a cambio de un sacrificio que puede ser de una persona o un animal.

Ante la realidad que hemos descrito –y tomando en cuenta que en el país se observa un renovado auge de la violencia, la criminalidad, las violaciones sexuales contra menores de edad y las desapariciones de personas– bueno y oportuno es que la población, en sentido general, se ponga en guardia frente a esas practicas y acciones diabólicas que nada tienen que ver con el cristianismo, a los fines de combatirlas y rechazarlas.

Las familias y los centros educativos están llamados a desempeñar un papel estelar en ese sentido.

SUICIDIOS COLECTIVOS

Se recuerda que en 1970 el fanático religioso Jim Jones provocó una matanza colectiva en Filipinas, dizque en un supuesto culto de adoración a Dios. Lo mismo sucedió en 1978 durante un culto en Jonestown, Texas, de la secta religiosa Templo del Pueblo, donde en un suicidio colectivo perdieron la vida envenenadas 912 personas. Siete años más tarde, el 19 de septiembre de 1985, murieron también envenenados 60 personas en Mindanao, Filipinas, en medio de un rito rendido al demonio por parte de la secta Gran Sacerdote Datu Mangayanon. El primero de noviembre de 1986 se registraron siete muertos quemados en Wakayama, Japón, mientras se escenificaba un culto de la secta Iglesia de los Amigos de la Verdad. Un año más tarde, el 28 de agosto, de 1987, unas 32 personas murieron envenenadas en Seúl, Corea del Sur, en el transcurso de un ritual de la secta Diosa Park Soon-ja. En la década de los años 90 se reprodujeron como la verdolaga los cultos a Lucifer y de peligrosos grupos de fanáticos religiosos en todo el globo terráqueo, que han estado sembrando muertes y frustración colectiva. Así, el 19 de abril de 1993, tuvo lugar en Waco, Texas, el celebre suicidio colectivo propiciado por la secta de los Dadivianos, donde perecieron quemadas 80 personas. De la resonante tragedia las autoridades de justicia norteamericana responsabilizaron a David Korest, líder del grupo. El acontecimiento, que estremeció a la sociedad estadounidense y repercutió en todo el mundo, provocó una guerra de opiniones, acusaciones y contraacusaciones en Norteamérica, porque la acción se produjo 52 días después del asedio a los fanáticos religiosos.

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