28 de Abril del 2003 • Edición número 1,303
 SECCIONES
 



Suscripciones
al teléfono

565-5581, extensiones desde 391 hasta 400 de lunes a viernes de 9:00am a 6:00pm o al correo electrónico
Ricardo Vega

Terror en los cielos y horror en la tierra


El respeto que las sociedades antiguas otorgaban a los cielos y sus divinidades muchas veces se lo negaban a la tierra y sus habitantes. Tanto fue así que en el momento crucial que Jesúcristo se revela y hace lo que hizo en la tierra, la propia humanidad, en una acción que pareció más una venganza consigo misma que contra el rey de los judios, exigieron a Poncio Pilato la crucificción.

Y al parecer no ha sido suficiente con que el hijo de Dios –como lo narra la Biblia— sacrificando la carne y sus sinsabores mundanos, subiera al reino de los cielos y permaneciera sentado a la derecha del Padre. Ya antes, en la mitología, Grecia y Roma habían consagrado a Afrodita como la esposa infiel de Hefestos y amante de Dionisios y Poseidón. Y de humanos como Anguises y Adonis. Pecado similar al de María Magdalena. “El gran pecado de amar”.

Observando desde la tierra, los ciclos repetitivos de los objetos celestes aparecieron como herramienta ideal para la medición del tiempo. Los griegos llegaron a llamar a los días de la semana “los días de los dioses”. “El sol, la luna y las otras cinco estrellas llamadas “planetas” fueron creadas para distinguir y preservar los “Números del tiempo”, escribió Platón en sus Diálogos.

En el siglo V a. C. Herodoto plasmó su “Historia” : “He aquí otro descubrimiento de los egipcios. Ellos encontraron que cada día pertenece a un dios”. Los Sabeos, en la antigua Arabia y Siria llamaron a los días semana con los nombres de los mismos objetos del sistema solar que los egipcios y persas. Lo mismo hizo la India, Tibet, Burna, los asirios, los babilinios y los soldados romanos que ocuparon Egipto.

Sin embargo hoy “el mundo civilizado” no se conforma con conquistar los cielos y desplazar —de forma uniliteral y figurada—, la morada tradicional de Dios, desde el mismo ombligo de Sem con misiles y bombas (¿de racimo?) de alta tecnología e inteligencia. Para los amos del mundo en el cielo hace tiempo que el poder económico y militar desplazó el reinado de la fe. La historia se ha encargado de demostrarlo. Así, los últimos despojos de la diosa helénica del amor y la belleza han quedando sepultados, ante una ambición más infiel y abarcadora que la de Afrodita, María Magdalena y todos los que como ella han actuado, ante los principios éticos y moralistas que la misma humanidad normatizó. Hemos utilizado la ley tan solo para justificar la trampa. La prudencia nunca tuvo bando.

¡Ay Aprilis, cuanta sangre! ¡Cuantos muertos en nombre de la justicia! Es como para reenterrar de una vez por todas a Noé con todo y arca, encarnado en un rebaño de miles y miles de soldados en marcha hacia el patíbulo, un patíbulo letal. Nunca antes la tecnología fue tan lúcida para deshonrar la muerte.

¿Quién responde por la suerte de tantos seres humanos, como los cinco presentados por la cadena Al Jazeera, de Qatar? “Rezo para que los demás (militares) lo saquen de ahí”, fue lo único que pudo clarar, destrozada, Anecita Hudson cuando descubrió, mientras miraba un canal filipino, que uno de los prisioneros de guerra interrogados, era su hijo, el cabo Joseph Hudson.

“Lo que ha visto nuestro equipo es un verdero horror: Hay decenas de muertos y heridos. Todos son civiles”, declaró Huguenin-Bensjamin, portavoz del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR).
Quizás no todo esté dicho, pero muchas cosas están escritas. El Apocalipsis sentencia: “Y en aquellos días los hombres buscarán la muerte…”

Y esa muerte, podemos agregar, adquiere una dimensión jamás imaginada cuando se mide en función de otra guerra, igual o más dañina que la que se libra en el terreno; la informativa. Los niveles de angustia que provocará la misma a esta generación se manifestará por siglos en pesadillas, hiperactividad y rebeldía.

Parecería mucho pedir ante tan escaso raciocinio, pero ojalá la diosa primavera, hija de Fauno y esposa de Vulcano, adelante su grandeza para iluminar el proceder de todos aquellos que liquidan miles y miles de almas inocentes, la paz mundial, desde los cielos y contra la tierra, para condena de toda la humanidad. Nueva vez ha sido el hombre quien ha escogido la cruz, pero esta vez para crucificarse a si mismo. Dios sólo observa en algún lugar.



Otros
articulistas


Rafael Peralta Romero
De arroba en adelante

Rosa Montero
Los escritores y el alcohol

Ricardo Vega
Terror en los cielos y horror en la tierra



VISITE LOS PERIÓDICOS
Hoy|El Nacional