24 de Marzo del 2003 • Edición número 1,298
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¿Para qué votarán los dominicanos en el exterior?




Por Franklin Gutiérrez

Elegir y ser elegido a cualquier posición pública es un derecho del que no debe privarse a ningún ciudadano. Por eso desde principio de la década de los 80 numerosos dominicanos residentes en el exterior, especialmente en la ciudad de Nueva York, han reclamado insistentemente al Gobierno dominicano su derecho a votar sin tener que trasladarse a la República Dominicana.

Los reclamantes apoyan su petición en el aporte económico que hacen a la República Dominicana. De acuerdo con el más reciente informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la República Dominicana es el tercer país latinoamericano con mayor volumen de remesas, con 1,747 millones de dólares al año, solamente superado por México, con 6,795 millones, y Brasil, con 1,800 millones de dólares. Esa cifra es, incluso, conservadora tomando en consideración que en el 2000 el Departamento de Cambio Extranjero del Banco Central de República Dominicana reportó un ingreso de 1,600 millones de dólares, excluyendo los envíos directos y los no reportados por las casas de envíos.

Si a esa cantidad le restamos el 15%, equivalente a 262.5 millones de dólares procedentes de la emigración dominicana a Italia, España, Suiza, Grecia, etc. y en menor cuantía de Venezuela, los dominicanos residentes en los Estados Unidos aportan 1,475 millones de dólares a la economía nacional, que llevados a la tasa actual suman 32,400 millones de pesos. Eso significa el 40% del presupuesto nacional, que en el 2002 ascendió a 77,000 mil millones de pesos y ahora, en el 2003, a 83,000 millones. ¿Y qué decir de los miles de dólares que ingresan al país en las temporadas de verano y la Navidad, cuando los dominicanos “ausentes” regresan a visitar a sus familiares y amigos. De igual manera los millares de cajas que transportan mensualmente las agencias de embarques hacia República Dominicana desde El Bronx, Manhatttan, Brooklyn, Queens y otros puntos de los Estados Unidos, llenas de enseres eléctricos, ropa, comida y otros cachivaches? Un estudio del Fondo Multilateral de Inversiones del mismo Banco Internacional de Desarrollo revela que el 40% de las familias dominicanas es beneficiario de las remesas de los dominicanos residentes en Estados Unidos.

Dado que la Constitución dominicana no contempla en ninguno de sus artículos el voto fuera del territorio nacional, para poder satisfacer la demanda de los peticionarios la Junta Central Electoral tuvo que introducir cambios en la Ley Electoral. El 16 de mayo de 1984 el doctor José Silié Gatón presentó a la Comisión de Justicia del Senado de la República el primer proyecto de voto de dominicanos en el exterior, sin que el mismo alcanzara las expectativas. Una década después, en agosto de 1994, el Comité de Dominicanos en el Exterior sometió el segundo proyecto, pero no fue sino hasta el 15 de diciembre de 1997, a raíz de la modificación de la Ley Electoral de ese año, cuando el entonces presidente Leonel Fernández promulgó la llamada Ley Electoral 275/97, bajo la denominación “Del Sufragio de los Dominicanos en el Extranjero”, que resume en cuatro artículos (82, 83, 84 y 85), muy escuetos por cierto, el derecho de los dominicanos a votar en otros países y la forma en que se desarrollarán las elecciones.

No todos están de acuerdo

Pese a que la Junta Central Electoral promete en el artículo 83 de la ley en cuestión tomar todas las medidas pertinentes para que el ejercicio del sufragio de los dominicanos residentes en el exterior sea un evento transparente, las cosas no parecen muy claras para los posibles sufragantes, pues mientras algunos ven en la concurrencia a los comicios electorales del 2004 una conquista política de la diáspora, otros no logran descifrar la “generosidad” de la Junta Central Electoral al permitirles votar. El problema para los que cuestionan los beneficios del voto en el exterior no radica en la complejidad del proceso ni en los múltiples asuntos legales que debe resolver la Junta Central Electoral antes de iniciarse el proceso de votación, tales como cedulación, empadronamiento, lugares de votación, forma de cómputos, etc. Ni siquiera los posibles fraudes y manipulaciones del partido en el poder para salir airoso si las votaciones se efectúan en lugares controlados por ellos, como los consulados y embajadas, asustan a los incrédulos. El peligro está en elegir a individuos que jamás se acordarán de quienes a miles de millas de República Dominicana los llevaron al poder.

Para no ser víctima de la astucia de políticos inescrupulosos y oportunistas lo ideal sería que el proyecto del voto en el exterior incluya la elección de, por los menos, dos miembros de la comunidad dominicana neoyorquina al Congreso Nacional para que éstos velen por los derechos de los dominicanos “ausentes”. Pero esa posibilidad no está prevista en Ley Electoral 275/97, la cual sólo otorga a los dominicanos en el exterior el derecho a elegir, no a ser elegidos. El artículo 82 de la referida Ley dice: “Los dominicanos residentes en el extranjero, en pleno ejercicio de sus derechos civiles y políticos, podrán ejercer el derecho al sufragio para elegir presidente y vicepresidente de la República”.

Y eso de elegir sin derecho a ser elegido podría ser, según muchos electores dominicanos residentes en Nueva York, lo mismo que la doble nacionalidad: una trampa, un bastón donde se apoyaron políticos nacionales oportunistas para recaudar fondos y conquistar adeptos. Desgraciadamente muchos conciudadanos ilusos creyeron en sus ofertas de un mejor trato cuando regresaran a la isla, ya fuera para consumar el anhelado retorno o para disfrutar de unas vacaciones decentes, pero nunca ha sido así. Si los dominicanos residentes en Nueva York tienen derecho a elegir, pero no a ser elegidos, ¿por qué, para qué y para quién votarán entonces? Qué sentido tiene votar cuando no existe la posibilidad de que algún representante de los sufragantes pueda clamar por ellos. Es tan poco lo que recibe un ciudadano dominicano residente en el exterior del Gobierno que las tan sazonadas concesiones o facilidades navideñas prohíben a los beneficiados traer al país mercancías cuyo valor exceda los mil dólares.

¿Desamparo en Nueva York?

El desamparo oficial que sienten los dominicanos residentes en Nueva York se aprecia en la dejadez de las autoridades correspondientes por resolver asuntos tales como el saqueo de equipajes en los aeropuertos nacionales, el asedio de los inspectores aduanales a los viajeros para obtener unos cuantos dólares de éstos, la falacia de los proyectos de viviendas ofertados por los diferentes gobiernos a los dominicanos ausentes y la incapacidad de los gobernantes dominicanos para negociar un plan de amnistía que favorezca a los miles de conciudadanos que viven ilegalmente en los Estados Unidos.

Aunque la Junta Central Electoral está distante de concluir los preparativos para la participación de la diáspora dominicana en los comicios del 2004, y aún faltando 18 meses para la celebración de los mismos, ya los aspirantes a gobernar el país comienzan su tradicional desplazamiento hacia Nueva York en busca de recursos económicos para sus campañas proselitistas, y sobre todo ahora que además de lo económico pueden conquistar votantes.

La comunidad dominicana, por su lado, continúa esperando la llegada de algún político sensible que después de llegar al poder no tire al zafacón sus promesas de compensar a quienes le han permitido su ascenso.




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