17 de Marzo del 2003 • Edición número 1,297
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Equipamiento y depuración
Rafael Molina
Morillo


La corrupción no se combate con palabras ni con discursos bonitos.
La justicia tiene que ser igual para todos.
Circulan por las calles de la capital varios vehículos de la Policía Nacional a los cuales se les ha pintado un rótulo que dice: “Ciudad segura”. Interpretamos este hecho como una intención de imponer el imperio de la ley como garantía de paz y orden, por lo menos en la capital dominicana.

Si es así, y no tenemos porqué dudarlo, felicitamos a la institución policial y a su jefe, el mayor general Jaime Marte Martínez. Y aprovechamos para expresar nuestra opinión de que las buenas intenciones contenidas en el enunciado “Ciudad segura” (que bien podría extenderse a “País seguro”) sólo podrían convertirse en realidad si vienen acompañadas de dos acciones impostergables.

La primera, que no se puede controlar una ciudad como Santo Domingo, grande en población y en territorio, con los magros equipos de que dispone actualmente la Policía Nacional. Esta no tiene suficientes vehículos para movilizarse, carece de instrumentos modernos de investigación, no paga sueldos decentes capaces de contener la corrupción o el macuteo y está en condiciones de inferioridad frente al crimen organizado, en cuanto a armamentos se refiere. Si quiere garantizar efectivamente la paz ciudadana, el Estado tiene que invertir racionalmente mucho dinero en la Policía Nacional.

La segunda acción que no puede demorarse un minuto más es una verdadera depuración en las filas de la institución. No se puede tapar el sol con un dedo. Todo el mundo sabe que la corrupción habita en la mayoría de los cuarteles policiales. No solamente a nivel de rasos, cabos y sargentos que pesetean para redondear su presupuesto doméstico, sino también a nivel más alto, de oficiales que se unen a pandillas de atracadores y secuestradores, que cobran altas comisiones para hacer favores especiales o que se apropian descaradamente de los automóviles retenidos en el llamado “Plan Piloto” del ensanche Honduras.

El general Marte Martínez tiene bien ganada fama de rectitud y firmeza. Aquí tiene su oportunidad.


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